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«Mi casa siempre ha estado, está y estará abierta para todos»

Carmen Centeno
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Para este hijo de labradores, la vocación ha sido un camino vital y una buena forma de trabajar al servicio de los feligreses, de igual modo que la labor de secretario local y de animador social ha sido la idónea para trabajar al servicio de vecinos

«Mi casa siempre ha estado, está y estará abierta para todos» - Foto: Juan Mellado

Antonino Antolín Arenillas nació el 13 de octubre de 1932 en Becerril de Campos. Segundo de tres hermanos, los recuerdos de infancia que más y mejor se le grabaron son los relacionados con la escuela, a la que asistían entonces nada menos que trescientos niños y otras tantas niñas. Eso y la educación profundamente religiosa que le dieron sus padres y que le empujó al sacerdocio, junto al hecho de que algunos de sus compañeros de estudio optaran también por ese camino formativo. Su memoria de niño conserva también la dolorosa separación de su familia al final de cada verano, cuando tenía que volver interno al Seminario; la buena formación que recibió en Lebanza y en Palencia y la práctica del deporte.

«Jugaba al fútbol, casi siempre de delantero, y marcaba muchos goles. Llegué a jugar contra Isacio Calleja y no lo hacía mal; tan es así, que me animaban a dejar la vocación religiosa y a convertirme en futbolista», rememora. 
La tenacidad de sus progenitores para que perseverase en la vocación le ayudó a decantarse claramente por el sacerdocio y dejar de lado el balompié. De igual forma, el deseo de sus mayores de tenerlo cerca y el problema que generaba en la diócesis el hecho de que los jóvenes buscaran destinos fuera, dejándola un tanto desamparada para cubrir sus distintas necesidades, hicieron que abandonara sus pretensiones de irse a las misiones. También las de impartir clases en Madrid.

«Yo tenía una personalidad muy activa y veía grandes necesidades en los pueblos, sobre todo en los de menor tamaño, que carecían de servicios básicos y de espacios para la reunión y el ocio, y fue eso lo que me inclinó a trabajar en la gestión de los teleclubes de Información y Turismo», explica. 

Añade, a renglón seguido, que llegó a ser encargado comarcal de la zona de Saldaña. «Fundé tres o cuatro allí donde no los había, el primero en Frómista, y, como responsable, mi función principal era mirar por la buena marcha de cada centro y evitar, en lo posible, que las diferencias entre vecinos enturbiaran aquello».

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