Morata, el '9' errante

Diego Izco
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Desde que debutó en la élite, nunca ha estado más de dos temporadas jugando en el mismo equipo

Morata, el ‘9’ errante

Como el legendario Kwai Chang Caine (David Carradine en ‘Kung Fu’) o el vaquero de ficción Lucky Luke a lomos de Jolly Jumper, si hubiese que dibujar a Álvaro Morata con un ‘cliché’ lo haríamos como el tipo solitario que camina hacia un horizonte donde se pone el sol buscando su sitio en el mundo. En cada movimiento de mercado del muchacho (Madrid, 23 de octubre de 1992) suena algo de Morricone y la sensación de que el futbolista sigue sin encontrar ese gol que le cambie la suerte y el destino, y que de una vez llega esa explosión de gran ‘nueve’ (1,90 metros y 84 kilos) con mucha pólvora en su interior pero una colección inmensa de mechas mojadas.  
El último paseo hacia poniente le ha devuelto a Turín, donde cuajó algunas de sus mejores tardes hace seis temporadas, y la sombra (como en todo inmenso atardecer en las series de nómadas errantes) se le alarga hasta 2010, el año en que debuta en la élite con los colores del Real Madrid (a pesar de ser canterano del Atlético). 
Las oportunidades eran fugaces y esporádicas, hasta que 10 goles en 36 partidos en la 2013-14, una campaña después de firmar su primer contrato profesional en Chamartín, le convierten en uno de los grandes proyectos de delantero centro del panorama europeo. Con la nómina de atacantes de Ancelotti llena (Cristiano, Benzema, Bale y compañía), el Real Madrid acepta la apuesta de la Juventus el 18 de julio de 2014: 20 millones de euros a cambio de su gran proyecto de futuro y una opción de recompra de 30 millones solamente ejecutable a finales de la 2015-16 o la 2016-17. 

 

Dos buenos años

La confianza del técnico (Massimiliano Allegri), quien le dio el dorsal '9' que liberó Vucinic, fue decisiva en la explosión del mejor Morata. Ya en octubre respondió con goles y fútbol: mejor jugador del mes en el conjunto ‘bianconero’. Su trayectoria fue ascendente y se asomó definitivamente al mejor escaparate del mundo en la Liga de Campeones. Marcó el gol del triunfo de la Juventus sobre el Real Madrid en semifinales, y fue el autor del tanto turinés en la final a pesar de que el triunfo finalmente fue del Barça (3-1, Berlín, 6 de junio de 2015). 
Fueron dos buenos años de Álvaro Morata, que en su permanente caminar hacia el horizonte había encontrado reconocimiento internacional (debutó con la selección absoluta el 15 de noviembre de 2014) y se había hecho hombre más allá del cobijo del Real Madrid. Esperando encontrar al gran delantero que dejaron marchar, los blancos ejercieron la opción de recompra el 21 de junio de 2016: Zidane lo quería en su proyecto ganador. 

 

Champions... y Londres

En su retorno, el madrileño sigue convenciendo al mundo: en la gloriosa temporada blanca (campeones de Liga, de Champions, de la Supercopa de Europa y del Mundial de Clubes), Morata se destacaba como el segundo máximo goleador (20 goles en 42 partidos) por detrás de Cristiano Ronaldo (42 de 46 enfrentamientos). 
Al otro lado del canal, el Chelsea acaba de ganar la Liga con Diego Costa en sus filas: no le parece mal negocio vender al díscolo gigante de Lagarto y fichar (por un poquito más) a ese ‘nueve’ que sigue caminando hacia la gloria. 80 millones tienen la culpa: la cifra que le convierte en el fichaje español más caro de la historia, superando los 60 que pagó (también el Chelsea) por Fernando Torres e igualado dos años después por los 80 que pagó (sí, también el Chelsea) por Kepa Arrizabalaga.
Allá comparte zona e influencia con Giroud, con Pedro, con Batshuayi, incluso Hazard, Willian o Hudson-Odoi, y el ‘ritmo-Premier’ le seca la aventura inglesa en apenas temporada y media: le da tiempo a jugar de ‘blue’ 72 partidos, marcar 24 goles y dar seis asistencias (y ganar la FA Cup de la 2017-18, el último título que ha logrado), pero el 28 de enero de 2019 se confirma el regreso a ‘casa’. A cambio de siete millones de euros, logra su cesión. A cambio de 55 (junio del mismo año), su posesión definitiva. A cambio de 10, la Juventus acaba de llevarse el recuerdo de un jugador sin asiento fijo: Morata, nunca más de dos años en el mismo sitio, siempre vagando.