Unas redes sociales ¿tóxicas?

Javier Villahizán (SPC)
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Un documental de Netflix alerta de las intenciones de las plataformas digitales por quedarse con nuestro tiempo y datos

Unas redes sociales ¿tóxicas?

Manipulación, fake news, desinformación, elecciones amañadas, adicción... y, sobre todo, negocio, mucho negocio. Las redes sociales son la bomba de relojería del siglo XXI, un conjunto de aplicaciones que nacen al albur de la nueva centuria con un fin, a priori, ocioso, de comunicación, de contacto, de puesta en común, incluso de transparencia, y que con el paso de los años se convierten en algo oscuro: lograr la máxima atención y tiempo posible del usuario para venderle los productos de los anunciantes. 
Esa es la historia de El dilema de las redes de Jeff Orlowski, un documental de Netflix que cuenta al detalle y desde dentro -se sirve de los testimonios de numerosos exdirectivos del Valle del Silicio de California como Tristan Harris, Google, Tim Kendall, Pinterest, o Justin Rosenstein, creador del botón me gusta de Facebook- cómo funcionan las principales empresas tecnológicas del mundo y cómo han evolucionado desde su creación.
Con apenas unos pocos años, las redes sociales se han hecho con el espectro social, comunicativo y de ocio de millones de ususarios. Facebook (lanzada en 2004), Gmail (2004), YouTube (2005), Twitter (2006), WhatsApp (2009), Instagram (2010), WeChat (2011), TikTok (2016) y el todopoderoso Google (1998) son algunas de las plataformas existentes en al actualidad, la mayoría de ellas estadounidenses y algunas chinas, que ofrecen su tecnología para que el usuario pueda conectarse y disponer de aquellos contenidos que más le interesan completamente gratis. Y ese es el quid de la cuestión y también su secreto.
Si Google es solo un buscador y Facebook un lugar para ver a tus amigos y hacer más amistades sin intercambio monetario, ¿dónde está el negocio? ¿Por qué hay casi 50 diseñadores gráficos para programar un cambio de imagen del correo electrónico o de los colores de la aplicación? ¿Quién paga a esos trabajadores? ¿Por qué las tecnológicas son las empresas más cotizadas? Son decenas las preguntas que se realiza el consumidor que solo ve que se le ofrece un servicio por nada, así de simple y llano. 
Pero no todo es lo que parece, desvela El dilema de las redes, un documental que se está convirtiendo en trending topic y del que todos no dejan de hablar. 
Los maestros de la tecnología que salen en el reportaje lo tienen claro. Las redes sociales se crearon con un fin buenista, pero se han convertido en una nueva máquina de hacer dinero y de manipular a la población. «Si no pagas por el producto, tú eres el producto», aseveran. Y para ratificar esa idea añaden que «los comerciantes son los usuarios y todos nosotros el producto».

 

Lo saben todo

Los gurús tecnológicos aseguran que el nuevo concepto de negocio en las redes sociales consiste en recopilar el mayor número de datos posibles del usuario para realizar así la mejor predicción sobre lo que nos gusta o lo que vamos a hacer próximamente. Solo de esta forma, el anunció puesto por el anunciante en la plataforma tendrá un efecto pleno. 
Pero van más allá y afirman que las empresas disponen de tantos datos sobre nosotros mismos que las predicciones son cada día más exactas y certeras. Tanto que esas mismas firmas han diseñado una especie de supuesto modelo de cada uno con el que pueden predecir nuestras acciones a futuro. Lo saben todo de nosotros, aseguran sin complejos.
De hecho, estos ingenieros rebeldes afirman que los objetivos de las empresas tecnológicas para conseguir más datos del usuario y ganar más dinero son tres: un mayor uso de sus aplicaciones; que cada uno de los usuarios pueda  llevar a siete nuevos amigos a corto plazo; y, a más tiempo y más usuarios, más publicidad y más dinero. Círculo cerrado.
Además, los gigantes tecnológicos saben perfectamente que las noticias falsas se extienden más rápido que las verdaderas, generan más clics, más atención y por lo tanto más dinero en sus cuentas de resultados. Lo mismo sucede con el botón de me gusta o con los emoticonos, a mayor interacción, más datos, más anuncios y más emolumentos para todos.
Al final, la moraleja de El dilema de las redes es clara. Como si de un  mundo orwelliano se tratará, el documental de Netflix alerta de un posible jaque a la verdad, a las normas sociales y, en definitiva, a la civilización. Y todo con la única intención de mantenernos pegados a las pantallas, algo que, por el momento, están consiguiendo.