Un puente entre la cultura y los pueblos

Laura Illana
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Las rutas que realizan los tres autobuses ofrecen un servicio fundamental de entretenimiento a todos los habitantes de las zonas rurales más pequeñas de la provincia

Un puente entre la cultura y los pueblos - Foto: Raúl MartÁ­nez

Una mañana más, Oscar Herrero va al mando del autobús número B acompañado ocasionalmente debido al día de descando de su compañero habitual, del ayudante de biblioteca Igor Pérez. Sobre las 11 de la mañana, llega a Báscones de Ojeda, donde sus vecinos, tanto niños como mayores, tras un sonido de llamada emitido por el autobús, salen de su casa para acudir a la plaza y comenzar así con la devolución de los libros que ya han leído y coger prestados otros que también llaman su atención.  «La labor del ayudante es ejercer un puente entre la cultura y los habitantes del pueblo en el que se encuentra, ya que se establecen relaciones muy personales. Se ve como crecen los niños y van cambiando de género literario e incluso sabemos cuándo fallece una persona mayor ya que no viene a visitarnos y a coger más libros», asegura Igor Pérez. 
Igor Pérez, destaca que el día a día de este servicio se basa en llevar la cultura a los pueblos donde no tienen un lugar físico al que puedan acudir y, por lo tanto, no tienen ese acceso de manera tan fácil como lo pueden tener en municipios más grandes o incluso en la capital. El lema de este año, Llegamos donde nadie llega, es lo que más agradecen los usuarios. 
Mientras los más pequeños prefieren libros de aventuras, cómics o incluso los que muestran distintos talleres más artísicos como las manualidades; los mayores tienen otras preferencias más novelescas o históricas. 
Aunque hay tres bibliobuses, hoy solo están disponibles dos que recorren todos los pueblos de la provincia. Igor Pérez aclara que para que sea una biblioteca móvil, en su correcta definición, tiene que haber un Centro Coordinador con un depósito que contenga todos los libros, tantos lo de uso diario como aquellos que ya no son novedad. Aquellos que no están en el depósito, la biblioteca pública a través de un préstamo en red, se los presta. Los libros se van rotando todo lo que se puede, ya que la demanda en cada pueblo es muy diferente y,  una vez que ha transcurrido un tiempo, los vecinos quieren otros géneros diferentes. También, gracias a una cuenta de correo electrónico, todas las personas pueden solicitar los días previos a que vaya el bibliobús al pueblo, el libro que les gustaría tener entre sus manos.
En  Báscones de Ojeda, los más pequeños, que se encuentran de vacaciones en el pueblo, aseguran que están muy contentos al poder ir al bibliobús cada 15 días a por un nuevo libro. 
Esperanza García, cliente de los bibliobuses desde que comenzó en el año 1971, destaca que es un servicio fundamental para su pueblo y agradece a la Junta y a la Diputación el trabajo que realizan. 
«Todos los habitantes de los pueblos que nos beneficiamos de este servicio lo tenemos que aprovechar al máximo, para que siga existiendo y no desaparezca», añade García. 
También asegura que prefiere esperar a que llegue el bibliobús a tener que comprar el libro ya que cuando lo adquieres si no te gusta, te le tienes que quedar igualmente, pero en la bibloteca puedes cogerlo prestado y si no te «engancha» puedes devolverlo y coger otro. María Concepción Bravo, otra usuaria del día, se define como «cliente de toda la vida», tiene unos géneros preferidos que son la novela histórica y aquellos que cuentan la cultura de otros países y las costumbres que se diferencian de las de la provincia. 
Futuro. Igor Pérez, en cuanto al futuro de los bibliobuses, manifiesta que el Centro Coordinador deberá reinventarse, ya que es un servicio al que dan uso, exclusivamente, los pueblos que no tienen establecimiento fijo pero que al haber habitantes tienen el derecho de recibirlo.
 «La falta de habitantes en los pueblos pequeños, la España vaciada, hace que sea imposible acudir a ellos si no hay nadie que demande el trabajo que ellos realizan. El autobús solo va donde ellos están», garantiza Igor Pérez.
A esto se suma que aunque existe el portal Ebiblio, sistema de difusión de la lectura digital que ofrece la Junta deCastilla y León, su uso está muy limitado ya que parte de las zonas rurales donde no hya bibiotecas físicas no cuentan, tampoco, con una red de telefonía móvil estable.