El bar Patio de Castaño cierra al no poder instalar terraza

SERGIO BORJA
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La negativa del Consistorio se basa en que no se respeta la distancia social entre las mesas y la rampa que permite el acceso a las personas con discapacidad

El bar Patio de Castaño cierra al no poder instalar terraza - Foto: Óscar Navarro

El bar Patio Castaño se ha visto obligado a cerrar sus puertas temporalmente después de que el Ayuntamiento le haya denegado la instalación de su terraza alegando que no se respeta la distancia de seguridad entre la rampa por donde pasan los viandantes y la terraza de su local.
«Veo que es una medida muy estricta e innecesaria con mi establecimiento, ya que la gente que pasa por la calle lleva mascarilla y no tendría que pasar nada. El problema se agrava porque los clientes ahora solo quieren estar en las terrazas, tienen miedo a estar dentro de cualquier lugar que no sea su casa», indica Arturo Becerril.
El propietario del establecimiento, si no consigue permiso para volver a abrirla, tendrá que tener cerrado el local, «hasta que acabe el verano o hasta que la economía me lo permita», asegura. «Va a ser muy complicado mantener un negocio si no se abre en tres meses», comenta angustiado.
El Consistorio, por su parte, asegura que «se han estudiado diferentes propuestas y son todas inviables». Según la concejala, «se podrían precintar las escaleras, pero la terraza seguiría pegando a la rampa, y esa si que no se puede cerrar al ser un acceso para personas con discapacidad», alega.
El bar Patio Castaño, que lleva abierto desde 1972, cierra sus puertas temporalmente después de 48 años abierto. «El negocio lo abrió mi padre y yo empecé a trabajar aquí cuando tenía 18 años. Hemos pasado todo tipo de adversidades y las hemos superado todas. Ha habido momentos mejores y peores, pero siempre hemos logrado salir», expresa Becerril. «Cuando mi padre se jubiló, empezó a ayudarme mi mujer», añade.
«Es una situación muy injusta ya que veo normal que la gente trabaje para poder sobrevivir, pero lo que no veo normal es que se trate mejor a unos que a otros. Aquí o todos o ninguno», asevera Becerril.
«No se qué será de mi en el futuro, me quedan cinco años para la jubilación y con la pequeña ayuda que recibimos por el cese de actividad temporal no nos llega», alega Becerril. «Antes de la pandemia tirábamos como podíamos, iba por épocas, aquí en Palencia es así», concluye el dueño.