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Calabazanos

Juan Francisco Sanjuan Benito
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/ Pueblos de Palencia

Calabazanos - Foto: SARA MUNIOSGUREN

El lugar de Calabazanos ya debió estar ocupado en época romana, pues en un solar próximo aparecieron restos de cerámica y de construcción que pudieran corresponder a una villa romana de los siglos II al IV d.C.

Al igual que otras villas del Cerrato, fue tomada en 1217 por el rey Alfonso IX de León durante el enfrentamiento que tuvo con su hijo, Fernando III luego conocido como el Santo, por la sucesión a la corona de Castilla, conflicto sucesorio que quedaría solucionado por la llamada Concordia de Benavente del 11 de diciembre de 1230. 

En la guerra de finales del siglo XIII por la sucesión a la corona de Castilla y León que tuvo lugar durante la minoría de edad de Fernando IV el Emplazado, el infante don Juan de Castilla el de Tarifa, tío del rey Fernando IV, tomó Calabazanos, donde existía una torre fuerte que puso bajo su dominio y luego intentó tomar la capital palentina, que se mostró fiel a la corona, lo que provocó que este entrara a saco con sus huestes sembrando desolación y muerte entre la vecindad y destruyendo los medios básicos de subsistencia de los habitantes, como eran: la quema de los campos, el derribo de sus molinos y la destrucción de las acequias de las que se abastecían. 

Después marchó a León, y allí en 1296 se proclamó rey de León, de Sevilla y de Galicia como Juan I de León. Los palentinos que engrosaban las huestes de la corona no se quedaron quietos y contraatacaron tomando las villas y fortalezas de: Ampudia, Calabazanos, Paredes de Nava, Monzón de Campos y Tariego de Cerrato. 

Cuando en 1300 Juan I de León se reconcilió con Fernando IV, abdicó de todos los cargos y honores usurpados y entró a su servicio, entonces los habitantes de Palencia recibieron de la corona el señorío sobre la villa y castillo de Tariego, así como el privilegio de exención tributaria, a excepción de moneda forera, yantar y martiniega.  

A comienzos del siglo XIV figuraba Juan Rodríguez de Sasamón como señor de la villa de Calabazanos, quien a su vez la vendió a fray Diego García de Padilla, maestre de Calatrava, que a su vez, en 1366 la vendió a don Pedro Manrique de Lara, adelantado mayor de Castilla; tres años después, este se la donó a Álvaro Gómez de Herrera, quien en 1375 la vendió por 91.000 maravedíes a Diego Manrique de Lara, hermano del adelantado. Parece ser que en el contrato de venta al maestre de Calatrava, figuraba que la torre estaba en muy malas condiciones y se la denominó casa fuerte. 

Don Pedro Manrique de Lara, adelantado mayor de Castilla y señor de Amusco, dispuso en su testamento la fundación de un monasterio femenino para monjas clarisas del lugar en unas tierras que poseía en Calabazanos. Su segundogénito, Rodrigo Manrique, futuro primer conde de Paredes de Nava, maestre de la Orden de Santiago y luego padre del poeta Jorge Manrique, alteró la última voluntad de su padre donando el lugar a los monjes benedictinos que, procedentes del monasterio de San Benito el Real de Valladolid, ya habían fundado aquí el cenobio de Santa María de la Consolación en 1430.

El 27 de enero de 1431 tuvo lugar en la iglesia del cenobio de la Consolación de Calabazanos, el enlace matrimonial del entonces ya viudo, don Álvaro de Luna, condestable de Castilla, maestre de la Orden de Santiago, valido de Juan II de Castilla, y sobrino de Pedro de Luna y Albornoz, arzobispo de Toledo, con Juana Pimentel y Enríquez, hija del conde de Benavente, y luego conocida como 'La triste condesa', con la asistencia de los reyes Juan II de Castilla y su primera esposa, doña María de Aragón. El monasterio fue abandonado por los benedictinos tras la muerte de su fundador Pedro Manrique de Lara en 1440. 

Seis años después, en 1446 su viuda doña Leonor de Castilla y Alburquerque, nieta del rey Enrique II de Castilla, fundó el convento de clarisas de Nuestra Señora de la Esperanza en Amusco, y en 1458 trasladó la institución monacal al monasterio que dejaron vacío los monjes benedictinos en la villa a Calabazanos bajo la supervisión de dos de sus hijos: Íñigo Manrique de Lara, obispo de Coria (Cáceres) y Juan Manrique de Lara, arcediano de Valpuesta (Burgos), amparándose en la bula papal de Calixto III emitida el 22 de junio de ese mismo año, fecha que validaba la fundación del monasterio, y en la que figuraba su hija Aldonza como abadesa.

En este cenobio procesaron dos religiosas de rancio abolengo como fueron: María de Portocarrero, sobrina del Gran Capitán, y María Láriz, sobrina de fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México.

Otro personaje histórico ligado al monasterio es el poeta Gómez Manrique, hijo de Leonor de Castilla y tío de Jorge Manrique, que estrenó dentro de sus muros con la asistencia de la reina Isabel la Católica, su Auto Sacramental del Nacimiento de Nuestro Señor, una pieza para representar en la Navidad compuesta a petición de su hermana, la abadesa María, y que sigue escenificándose todos los años.

La familia Manrique de Lara siguió ligada al monasterio, y así el poeta Gómez Manrique escribió en el último tercio del siglo XV la Representación del Nacimiento del Señor, una de las más primitivas muestras del teatro castellano, para ser representada por las religiosas.

Entre 1868 y 1874, durante el Sexenio Revolucionario, el monasterio de la Consolación de Calabazanos acogió a la comunidad del monasterio de Santa Clara de Palencia. Tras la guerra Civil durante los años 1936-1939, el cenobio, que había sido destruido durante la contienda, fue restaurado e integrado en la comunidad de clarisas de Santa Clara de Alcocer (Guadalajara), manteniendo la vida comunitaria ininterrumpidamente hasta nuestros días. El monasterio de la Consolación fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional por Real Decreto de 2 de febrero de 1979. 

El Monasterio.

La recia tapia que lo circunda nos impide ver la poco sugerente forma exterior o imaginar su riqueza interior. Cuenta con dos claustros, uno de estilo gótico, en él se encuentra colocado el sepulcro de la fundadora, Leonor de Castilla y Alburquerque fallecida en 1470; y el otro renacentista, ambos del siglo XVI.

La actual iglesia es de una sola nave y estilo barroco del siglo XVII, con coro, soto coro y tres retablos barrocos dorados.

En el coro están enterrados tres de los hijos de doña Leonor de Castilla, fundadora del monasterio: Aldonza, María y Diego Gómez Manrique.