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Víctor Corcoba

Algo más que palabras

Víctor Corcoba


Sanción y salvaguardia

14/06/2022

Compasión y moralidad han de estar presentes en todos los contextos sociales, para poder estar juntos. Hoy más que nunca, se requiere de corazones disponibles para socorrer al prójimo necesitado. El cuidarse unos de otros es el mejor camino de paz. Porque, además, la dura realidad tampoco la podemos omitir, la inflación, los eventos climáticos extremos y la guerra de Ucrania, van a elevar el costo de las importaciones de alimentos este año a un récord de 1,8 billones de dólares. En consecuencia, la comida que recibirán las naciones compradoras será menos, alerta un reciente estudio de la ONU. Desde luego, estos son signos espantosos, porque estaríamos retrocediendo en cuestiones de seguridad alimentaria, tanto en el continente africano, como en Asia o en América latina y el Caribe. 
En cualquier caso, todos estamos llamados a remar próximos. El individualismo y el endiosamiento tenemos que desterrarlo del acontecer diario. Inevitablemente, la consideración de cada cual consigo mismo y con los demás, es la mejor receta para la sanación del bien común y la salvaguardia de la creación. 
También las cuestiones sociales y de empleo son las principales preocupaciones de los europeos; no en vano, el Fondo Social Europeo, viene promoviendo la inclusión social  para quienes se han quedado sin trabajo o han sufrido recortes en sus sueldos, proporcionando ayuda básica y alimentaria a las personas más desfavorecidas.  
Naturalmente, el mundo entero tiene que practicar mucho más ese espíritu solidario, cooperante y colaborador, para que domine el respeto de los derechos, especialmente de los más carentes, los desheredados de cualquier Estado social y de los indefensos. De ahí, lo positivo que es practicar la rectitud y la clemencia ante tantas situaciones de poder injusto. 
No se puede promover el bienestar, sin tomar conciencia de la necesidad de la humanización del mundo, lo que nos exige comportarnos de otro modo más humanitario. Nadie estamos a salvo. Nos tememos que lo peor está por llegar. Son tantas las crisis, y tan diversas en este mundo global, que nos faltan abrazos para dar consuelo, lo que ha de convertirse en una entrega permanente de comprensión y compasión.