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«Necesitamos alternativas que respeten el medio ambiente»

A. Benito
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El consultor palentino Juan Villamayor ha desarrollado junto a Ana López de San Román y Belén Merino una herramienta para ayudar a las empresas en su proceso de reconversión al nuevo escenario global. «La incertidumbre es la nueva constante», afirma

«Necesitamos alternativas que respeten el medio ambiente» - Foto: Óscar Navarro

Resetting Business. Así se llama la herramienta diseñada por Juan Villamayor, Ana López de San Román y Belén Merino para ayudar a las empresas en su proceso de reconversión al nuevo escenario global. Un proyecto nacido durante el confinamiento que tiene sello palentino, dado que el primero de estos tres consultores es originario de la capital, aunque reside en Barcelona desde hace veinte años. 

Dar respuesta a las nuevas preguntas, retos y necesidades que la pandemia ha planteado a nivel global es el objetivo de esta herramienta, que partiendo de la metodología Pathway - desarrollada entre 2013 y 2016 por varios expertos, entre ellos Villamayor-, incorpora el enfoque Reset: R de relaciones, E de empresa, S de sociedad, E de entorno y T de tendencias. 

Ha diseñado usted durante el confinamiento una herramienta para que las empresas vuelvan a empezar de forma responsable y sostenible. ¿Podría hablarnos un poco más de este proyecto?

«Necesitamos alternativas que respeten el medio ambiente» «Necesitamos alternativas que respeten el medio ambiente» - Foto: Óscar NavarroEs una herramienta que ayuda a analizar los modelos de negocio de las empresas y si el impacto sobre sus elementos es positivo o negativo, potenciando los primeros y solucionando los segundos. Realmente, la herramienta ya estaba diseñada, pero durante el confinamiento hemos visto que podíamos adaptarla a contextos cambiantes, dado que la incertidumbre es la nueva constante. Sin embargo, las empresas no están preparadas para esta nueva situación y las personas tampoco, por eso es necesario introducir variables que faciliten esa adaptación. 

El criterio del Ceteris paribus que se enseña en las facultades de Economía y que significa que ante una variable todo lo demás permanece constante ya no vale. Como decía, nos hemos encontrado que muchas empresas no están preparadas para estos cambios. Por lo tanto, lo que queremos es ayudarlas para que se adapten y consiguan esa palabra que está tan de moda ahora, que es la de la resilicencia. Es decir que, pase lo que pase, puedan seguir trabajando después de un cambio de contexto. 

También nos hemos dado cuenta de que eso solo es posible si la empresa es sostenible. En el caso español, donde tenemos compañías muy grandes con cadenas de suministro complejas, tiene que haber alternativas por si algo falla. 

«Necesitamos alternativas que respeten el medio ambiente» «Necesitamos alternativas que respeten el medio ambiente» - Foto: Óscar NavarroUsted y su proyecto son el vivo ejemplo de que hasta en el peor de los momentos puede surgir la mejor de las ideas. Se puede decir que su confinamiento ha sido productivo

La verdad es que el confinamiento ha fomentado la creatividad. El tiempo libre ha puesto en contacto a muchas personas que han empezado a idear alternativas y soluciones a lo que nos estaba pasando. En mi caso, la primera semana estuve en shock pero a partir de la segunda empecé a echar mano de la red que tengo en LinkedIn y en Twitter para poner en marcha nuevos proyectos. 

En general, la gente tiene muchas ganas de crear y , de repente, la colaboración se ha puesto por encima de la competencia. Por ejemplo muchos consultores en sostenibilidad nos hemos dado cuenta de que tenemos que buscar soluciones a todo lo que está pasando.

De hecho,  además de usted, en la puesta en marcha de esta iniciativa han intervenido dos personas más: Ana López San Román y Belén Merino. Explíquenos en qué ha consistido exactamente esta colaboración

La metodología, más o menos, ya estaba elaborada. Lo que hemos hecho los tres juntos ha sido adaptarla y crear el enfoque Reset, porque eso es lo que necesitamos, resetear nuestras empresas, nuestra sociedad, nuestro consumo, nuestra producción... Es decir, afinamos la metodología y así fue como nació este proyecto. 

La verdad es que ha sido una colaboración muy chula que me ha permitido conocer a estas dos compañeras. Estoy muy contento, porque aunque vivo en Barcelona desde hace veinte años, soy palentino hasta la médula y tenía muchas ganas de hacer algo con gente de Castilla y León. 

Usted mismo se ha referido a la resiliciencia, la responsabilidad y la sostenibilidad. Son palabras cada vez más importantes, pero, ¿realmente las ponemos en práctica?

En el momento en que 47 millones de personas se quedan en casa, como ha sucedido a lo largo de estos últimos meses, ya estamos poniendo en marcha la responsabilidad. Los españoles somos muy latinos, muy mediterráneos, estamos muy acostumbrados al contaco.  Si nos hubieran dicho hace un año que íbamos a estar confinados tres meses no nos lo hubiéramos creído. 

A mi juicio, la responsabilidad viene de la necesidad de buscar alternativas que no atenten contra el medio ambiente, porque esa es la causa de muchos de nuestros males. La pérdida de biodiversidad genera desequilibrios en los ecosistemas y provoca pandemias. Unas pasan desapercibidas y otras no. 

Creo que la gente se ha dado cuenta durante el confinamiento de que puede vivir con menos, por eso espero que se fomente el consumo responsable. Lo que está claro es que, a veces, tienen que venir golpes muy fuertes para que los seres humanos seamos conscientes de la realidad. Yo siempre he dicho que la humanidad solo se pondría de acuerdo cuando vinieran los extraterrestres. Al final, ha sido un virus el que nos ha hecho tomar conciencia. Es muy triste que tengan que suceder este tipo de cosas para que reaccionemos, pero somos seres humanos. 

La actual crisis ha puesto de manifiesto muchos problemas y necesidades. ¿Hasta qué punto cree usted que esta situación es consecuencia de nuestras propias actuaciones?, ¿habremos aprendido la lección?, ¿estamos a tiempo de dejar un mundo mejor a quienes vienen detrás?

Estamos a tiempo porque nos hemos dado cuenta durante estos últimos meses que el confinamiento ha venido muy bien a la naturaleza. Por ejemplo, en Barcelona ahora la gente está yendo mucho más en bicicleta. Han cambiado los patrones de transporte. 

Además, nos hemos percatado de que si no reglamentamos bien la protección de la diversidad y los wet markets de seres vivos en los países asiáticos, nos vamos a ir a la porra. El planeta no va a desaparecer, esto no va de salvar la Tierra, sino que somos nosotros como especie elegida los que tenemos que decidir si queremos sobrevivir y, para ello, tenemos que buscar un equilibrio con el resto de especies. Esto ha puesto negro sobre blanco que ese desequilibrio es más importante que nunca. 

A su juicio, ¿cómo se puede compatibilizar la recuperación económica con el desarrollo de este nuevo escenario más centrado en las personas y el planeta?  Y, sobre todo, ¿cómo se puede imponer esta visión sobre los intereses de algunas empresas?

La mayor parte de empresas, incluso las que no están tan interesadas en la sostenibilidad, se han dado cuenta de que este riesgo no se puede volver a correr, porque peligra su propio negocio. Por su propia supervivencia, a una empresa -por muy mala que sea- no le interesan escenarios de riesgo y contextos de enfrentamiento social, porque si esto hubiera durado más, quién sabe lo que hubiera pasado en las calles. 

Creo que es completamente compatible actuar de manera responsable y sostenible, sobre todo porque desde un punto de vista económico no se puede gastar más de lo que se tiene, y eso es precisamente lo que estamos haciendo con el planeta Tierra. Tenemos que buscar alternativas de recursos que sean más baratos, estén más disponibles y sean renovables. Esa reconversión será más fácil para unas empresas que para otras, pero al final vamos todos hacia allá. Queramos o no, el petróleo se va a acabar. Podemos perforar el Ártico, y encontraremos petróleo, pero nos habremos cargado el ecosistema, las corrientes marinas y todos los equilibrios que hacen de la Tierra un lugar habitable. El precio que habremos pagado será muy alto. 

Desde mi punto de vista, todos los recursos que no estamos aprovechando ahora o que estamos empezando a aprovechar son un yacimiento de empleo y de riqueza. En este sentido, es muy importante la colaboración entre empresas y entidades públicas. También es verdad que no podemos exigir que las empresas sean perfectas, porque los seres humanos tampoco lo somos. 

En esta estrategia es imprescindible un cambio de conducta en las personas, dicho de otro modo, se necesita construir una nueva conciencia social

Muchas personas han perdido el trabajo y cuando llegue el otoño empezaremos a sufrir más la crisis económica, por eso me da la impresión de que va a haber mucha más exigencia para que los derechos laborales sean protegidos, para que las empresas sobrevivan y para que se proteja más a los autónomos. 

Los desequilibrios naturales provocan desequilibrio social, está todo interconectado. Hace medio año si decías algo así eran cosas de flower power, ahora hemos comprobado que esto es totalmente cierto. Una cosa tan pequeña como un virus nos ha paralizado y nos ha demostrado que por muy dioses que nos creamos, ante ciertas situaciones no se puede hacer nada. 

Otro tema importante es el de los servicios públicos, bienes comunes que se han de garantizar y que tienen que estar siempre disponibles para todos. Mención especial merece el cuidado de los ancianos y su calidad de vida. No son seres desechables y han sufrido mucho esta pandemia, por eso creo que hay que cambiar ese modelo de negocio, para que sea algo más personalizado, quizás a domicilio o basado en el cohousing. Debemos pensar fuera de la caja para tener opciones diferentes a lo que tenemos ahora y hacer que las residencias dejen de ser aparca-ancianos.

Cambiando de tema, provincias como Palencia pueden ser ahora las alumnas aventajadas. Muchas personas se han replanteado su modo de vida durante los últimos meses y hay quien considera que esta podría ser una gran oportunidad para las ciudades pequeñas y el medio rural. ¿Qué opina al respecto?

Nuestra provincia está en muy buena posición, sobre todo por los recursos naturales que posee, su posición en el mapa como cruce de caminos y sus valores culturales y de formación. Eso sí, creo que es algo que tenemos que explotar de manera inteligente, no de forma masiva. Tenemos, además, un montón de posibilidades para generar energía renovable. Palencia podría ser una provincia con cero emisiones de CO2 y, a la vez, hay grandes industrias que dan empleo. 

Cataluña, por ejemplo, ha elegido siete sectores en los que quiere ser líder. Eso mismo se podría hacer en Palencia y Castilla y León. Uno de los sectores líderes debería ser el de la tecnología alimentaria, tenemos que potenciarlo aún más; también el del turismo activo y artístico o el de la atención a determinados colectivos. Sectores, en definitiva, que aporten mucho valor añadido. 

Me gustaría destacar algo que diferencia a Castilla y León del resto de España, y es la colaboración entre Podemos, PSOE, PP y Cs a nivel regional. Sin esa colaboración no podemos construir un modelo de país,  de región o de provincia. En eso hemos dado una lección y también en la prudencia a la hora de desescalar. La prudencia es una virtud castellana. Desde fuera, el hecho de que haya habido un consenso y de que haya habido prudencia en la desescalada ha dicho mucho a nuestro favor, y ese mismo consenso se puede dar a la hora de elegir sectores estratégicos. 

Además, en nuestra Comunidad tenemos el poder de las universidades, que se puede traducir en el poder de la investigación y la tecnología. Con respecto a Palencia, nuestro potencial y el de muchas de nuestras empresas es enorme. No somos una provincia tan dormida como creemos. 

Sin embargo, llevamos años perdiendo población. ¿Qué cree usted que necesita la provincia para mantener y atraer a los jóvenes?

Creo que la Diputación está llevando a cabo ahora un programa para fijar población rural. Lo está haciendo a través de una empresa que se llama Alma Natura Y se dedica a intentar revivir la España vaciada a través de iniciativas sostenibles. Creo que esa es la clave, tratar de fijar población a través de proyectos empresariales sostenibles que no sean granjas de purines.

También es importante empoderar a las mujeres y mantener los servicios. No se puede dejar al norte de la provincia sin atención médica, por ejemplo.

De hecho, una de las grandes carencias que se ha puesto de manifiesto durante el confinamiento ha sido la deficiencia de las conexiones a Internet en los pequeños pueblos. Esto unido a la progresiva reducción de servicios hace que sea casi imposible sobrevivir en el medio rural

El tema de la cobertura y de Internet es uno de los retos que deben cumplirse en los próximos años. No solo porque esto puede volver a pasar, sino porque es un derecho de la población. Hace un año el teletrabajo era una entelequia en España y, de repente, se ha convertido en algo normal. Una cosa que parecía tan lejana, ha aparecido de golpe, y ese es uno de los motivos por los que se tienen que dar facilidades para que cualquiera pueda trabajar desde casa. 

Al margen de eso, yo creo que se va a producir un retorno a lo rural. La gente no quiere estar en contacto con tantos riesgos como los que hay en las grandes ciudades. Conozco gente en Barcelona y en Madrid que se ha mudado a una casa en la sierra o en el Montseny o en las comarcas del interior de Cataluña. Así que, como dice el eslogan, Palencia lo tiene todo. Por cierto, me sorprendió gratamente durante el confinamiento la nueva campaña de la Diputación, Todo va a cambiar. No había visto nunca ese tono de innovación en la comunicación, creo que invita a venir a la provincia a vivir, aunque tu trabajo esté en Madrid.  

Aunque es usted palentino, lleva veinte años viviendo en Barcelona. ¿Qué le llevó hasta la ciudad condal?

La empresa para la que trabajaba en Alemania quería abrir una filial en España y, debido al tipo de servicio que estaba prestando, Barcelona era una ciudad más indicada que Madrid. Fui para allá y allí me quedé, pero la palentinía no la pierdo (ríe). 

Ha colaborado en más de cien proyectos de sostenibilidad, tanto en España como en el resto de Europa. Háblenos un poco más de su trayectoria profesional

Yo vengo de la empresa privada. Trabajaba en departamentos de marketing y de ventas en multinacionales, hasta que, hace unos diez años, vi la luz y decidí combinar mi formación como economista con mis valores. Hice un máster en sostenibilidad y así fue como eché a andar por ese nuevo camino.  

A lo largo de este tiempo, he trabajado para diferentes consultoras y mi trabajo consiste en hacer que las empresas sean más sostenibles. Está comprobado que este tipo de compañías son más rentables, y cuando hablo de sostenibilidad me refiero a responsabilidad social corporativa, para mí son sinónimos, porque la sostenibilidad tiene que ser ambiental, laboral y económica. Una empresa que es responsable hacia fuera tiene que serlo también con sus empleados, lo contrario no es coherente. Además, los trabajadores son los mejores embajadores de la empresa y cuando están motivados rinden un 20 por ciento más que los que no lo están.

Mi empleo también me ha llevado a conocer diferentes culturas y a trabajar, no solo aquí en España, sino también en otros países como Burkina Faso, la India,  Benin o Brasil, donde he evaluado proyectos de cooperación internacional. Una de las experiencias más bonitas que he vivido fue viajar a Burkina Faso. El impacto del proyecto de cooperación tenía tal impacto sobre la población que daban ganas de llorar de alegría. Era precioso, muy bonito. 

En estos últimos diez años también he podido comprobar que la diferencia a la hora de trabajar con empresas del norte y las del sur también es grande. 

¿Qué es lo que más ha echado de menos de su ciudad natal en estos últimos meses?

Además de a la familia y a los amigos, he echado mucho en falta la calle Mayor y el aire puro, aunque si hubiera estado confinado tampoco hubiera podido salir a pasear. También he echado de menos el contacto humano y los abrazos. Cosas que no se pagan, que son gratis. Me he dado cuenta de que se puede vivir con muchísimo menos. Somos víctimas del consumo y creo que nos hemos dado cuenta de ello. 

Ahora que está aquí, ¿qué es lo que no dejará de hacer?

Tomar algún verdejo, dar una vuelta por la calle Mayor e ir a mis sitios favoritos. Tampoco faltará el café de por la mañana en el Alaska.