Los cinco sentidos entre olivares

SPC-Agencias
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La pandemia reinventa el oleoturismo, una práctica al amparo del cultivo agrícola del que España es el máximo productor

Los cinco sentidos entre olivares

Si alguna vez ha tenido el deseo de gozar de un día rodeado de olivos, entonces debe acercarse al oleoturismo. El turismo enfocado a la producción de aceite tiene como objetivo divulgar las principales características y procesos de elaboración del líquido dorado, producto rico y sano como pocos. Y España es el destino ideal para su práctica. Sus atractivos ofrecen una propuesta de ocio y descanso sin masificar con el aceite de oliva como epicentro, aumentan aún más este verano debido a la situación derivada de la pandemia de la COVID-19, aunque el sector actúa con cautela ante los últimos rebrotes.
Los propietarios de alojamientos rurales ven cómo el panorama general va mejorando ligeramente, sin llegar a compensar las pérdidas de los meses de cierre, y con el final de julio y la primera quincena de agosto como las fechas más cotizadas. El director de la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO), José María Penco, subraya que lo más importante es «atenerse a las indicaciones de las autoridades» para evitar rebrotes, pero recuerda que el oleoturismo, al igual que el turismo rural en general, se puede adaptar más fácilmente «a las medidas de seguridad y distanciamiento».
«La gente está buscando alternativas al sol y playa y esta es una oportunidad única porque son zonas con poca densidad de población», destaca.
Como explica, el oleoturismo no solo se caracteriza por espacios abiertos, sino que también va ligado al aceite de oliva virgen extra y su gastronomía, un atractivo que «la gente busca cada vez más». 
Esta llamada a los turistas va, sin embargo, acompañada de mucha cautela, ya que los nuevos brotes todo el territorio nacional de las últimas semanas son un recordatorio de que la prevención y el cumplimiento de las normas es muy necesario en la nueva normalidad.
Precisamente, el presidente de la Asociación de Oleoturismo de Extremadura, Luis Miguel Martín, asegura que los primeros rebrotes fueron como si les echaran un jarro de agua fría, ya que aumentó el miedo a que se pudieran cerrar de nuevo regiones y paralizar sus negocios, tras meses de inactividad. 
Los que luchan por seguir adelante en este ámbito, además han de innovar para «buscar nuevos productos», con los que responder a una nueva demanda. «La sociedad no es la misma que hace seis meses. Nadie pensaba que íbamos a estar confinados, con mascarilla y sin salir. La sociedad ha cambiado y evidentemente los productos que se ofrecen se tienen que adaptar», señala.
Por ejemplo, en algunos casos se han visto obligados a paralizar las comidas compartidas, reducir las catas de aceite y limitar la cantidad de personas que se puede sumar a las rutas organizadas para conocer los cultivos. «Mucha gente se está planteando cómo sostenerse y está pensando en cambiar de nicho de mercado. Estamos en una nebulosa. El mundo rural no está fácil ahora mismo», admite, ya que la reducción de grupos, los costes añadidos para mantener las medidas de seguridad y la falta de instrucciones unificadas sobre cómo proceder suponen un reto para los propietarios. 


Casos de éxito

Entre los que han podido abrir en la desescalada está el hotel extremeño A Velha Fábrica, en la provincia de Cáceres, que apostó por el oleoturismo como principal atractivo de su oferta.
Superaron los meses de cierre «mal y bastante asustados», según apuntan, pero contaban con ahorros que les permitieron subsistir. 
El dueño del establecimiento, Carlos Carrasco, detalla que tras su reapertura han registrado «más reservas seguidas» de clientes en comparación a años anteriores.
 La llegada de viajeros la manejan entre las medidas de seguridad difundidas por las autoridades y «con la mayor protección posible para que, en el caso en el que haya un asintomático, no cogerlo y que no lo cojan tampoco el resto de clientes». 
Aún así, «la gente lo está respetando bastante», remarca, aunque reconoce que algunas personas tratan de quitarse la mascarilla. 
De momento, aprovechan que son uno de los pocos alojamientos de la zona que ofrece el atractivo del aceite de oliva y que ese aumento de clientes les ha llevado a contratar a más plantilla. 
Carrasco espera que este aumento de reservas le permita salvar la temporada, aunque no pueda compensar las pérdidas, y que los nuevos brotes no se expandan para que no vuelva otra paralización del sector.