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Ilia Galán

Ilia Galán


Cabañas de pastores

31/10/2022

Es hermoso ver cómo quedan esos refugios donde todavía los pastores actuales o un paseante pueden cobijarse. Un artículo ambientado en el Cerrato que en estas páginas aparece con fotos mostraba esas 'cuevas' levantadas con piedras en medio de las praderas, tan útiles cuando la tormenta acecha o bien al caer la noche si no hubo tiempo para regresar a casa. Son huellas de la memoria, y son útiles pues nos muestran la dureza de vida de quienes nos suministraban lana o leche y carne durante siglos. Salían al amanecer con sus rebaños, dormidos los niños, llegando a casa cuando ya la oscuridad se cernía sobre sus crianzas. A veces dormían en esos chozos, levantados con piedras más bien planas... Circunferencia cerrada con cantos, sin argamasa, que a partir de un metro iban tejiendo la bóveda, apoyándose unas en otras. La puerta orientada al mediodía, para resguardo de lluvias y vientos fríos, bajita para no dejar pasar gélidos momentos. Ahí ardían leños o cocinaban, dormían sobre paja y se tapaban con mantas... El ganado recogido en el aprisco, cerrado en sus corrales. Ejemplos de estas arquitecturas las tenemos en un pastor que las levantó en Baltanás y en La Carolina, chozos pero ya decorativos.


Las condiciones laborales del pastoreo son tremendas, por eso van quedando en manos extranjeras, que cobran menos y sufren más, con mayor aguante que nuestros jóvenes: moros o sudamericanos se encargan de esos viajes con los animales, viviendo con ellos sus soledades. Nuestros hijos quieren vivir entre vacaciones y con todo tipo de comodidades. Yo, que tampoco querría ser pastor en esa dura condición, miro, sin embargo, ese mundo con fascinación: necesitamos los productos del campo y cierto asombro hay ante quienes así viven entre los montes y valles llevando su grey y escuchando los arroyos o lo que con hojas escritas por el viento dicen las arboledas. Parece una vida de poesía, de eremita, de meditabundo en los caminos, con la compañía de los perros y del sol, con Dios más allá de los cielos y dentro del pecho, con la poesía en la mirada, como Miguel Hernández. Soledad y encanto de vivir la naturaleza.

ARCHIVADO EN: Cerrato, Poesía, Baltanás