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Jesús Mateo Pinilla

Para bien y para mal

Jesús Mateo Pinilla


ETA fulmina a los suyos

15/11/2022

Txema no alcanza los 65, pero tiene el coco de un muchacho de 26. Trabajó duro desde los 8 años cuando se quedó sin madre y aún más fuerte después cuando a los 14 perdió al padre. Se quedaba solo ante la vida.
Eran los años 60. Tiempo de emigración. Se buscaba el pan y trabajo que no había en España y cuando le hablaron de Alemania, cogió el menguado petate y el poco dinero que tenía y emprendió el viaje para trabajar. Txema en Dusseldorf curró mucho, pero fue feliz, aún sin saber el idioma. En Deutschland dejabas una tarea y al día siguiente tenías otra. Había que reparar deprisa la devastación que produjo la guerra. De nuevo, otro español le incitaba a trabajar en Canadá; se vive bien y ganaría el doble, de ahí que invirtieran sus ahorros en el pasaje y en comenzar a vivir en medio nuevo. En Toronto se encuentró con un vasco, Azpeña, cuyo nombre no debe ser real, que le ayudó a buscar empleo y cobijo. Habitación con baño compartido por la que pagaba muy poco. 
Una tarde le presentaron a otros vascos y cenaron en un 'txoco', donde presidía la ikurriña la cabecera y la pared lateral más larga. De esta forma, las fotos de las reuniones siempre tenían al presidente bajo la bandera. Cenaron fuerte, buen menú, ricas alubias y patatas con carne, bien regado de chacolí, y de postre reparten una tarta en la que dice GORA ETA. Txema, por entonces, no sabía de nacionalismos y aún hoy poco conoce. Pero con intuición rechazó su porción de pastel con la excusa de que el dulce no le va. Días después recibía una carta donde le preguntaban cuál iba a ser su aportación económica a la causa. Él, prudente, no contestó.
Su querido Azpeña le dijo como a un hermano, cual si fuera secreto de confesión, bajito y sin aspavientos, que quería salir de ETA. 
Tras un tiempo sin saber de Azpeña, le llegó la noticia de que había doblado definitivamente y de forma extraña la servilleta. Txema siguió su vida rota por la pérdida de quién mucho le ayudó y supo de primera mano que la organización aparta 'definitivamente' a los que se salen. Dicen que no son traidores, siguen siendo luchadores. Nadie se pregunta por qué. ¿No fue también así, Yoyes?