Aislados pero más unidos que nunca

J. Benito Iglesias
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Carlos Gervás e Iria Pérez aplican orden y paciencia estos días, acompañados de sus siete hijos: Carlos (16 años), María Pilar (13), Araceli (8), Iria (6), José (4), María Gracia (3) y Pedro (1)

Aislados pero más unidos que nunca

Podría tratarse de una conocida serie de televisión de finales de los años 70 y primeros de los 80, Con ocho basta, pero en este caso se trata de siete hermanos que protagonizan una bonita historia junto a sus progenitores. El guion de su día a día, no exento de ingredientes suficientes para un buen trabajo cinematográfico, bien podría valer de ejemplo sobre cómo organizarse y permanecer más unidos si cabe en estos tiempos duros de confinamiento, impuesto por un virus que no entiende de edades, situaciones personales complejas ni de cómo sobrellevar desde una gran familia numerosa tantos días de aislamiento.
Los héroes sin capa son el matrimonio formado por Carlos Gervás e Iria Pérez, acompañados de sus siete hijos: Carlos (16 años), María Pilar (13), Araceli (8 cumplidos hace solo unos días), Iria (6), José (4), María Gracia (3) y Pedro, el benjamín (1). Hace casi seis años que viven en Palencia, ciudad que, aseguran, «les encanta».
La pandemia los mantiene pendientes de tíos, primos, abuelos y amigos con llamadas, intercambio de fotos, vídeos y videoconferencias. «Al mismo tiempo, estamos contentos; damos gracias por estar juntos y tener salud. Además, creo que la familia ha mejorado. Cuando estás aislado con tanta gente hay más roce y es vital ganar paciencia, mantener el orden, animar al que flojea; nos obliga a esforzarnos. En muchas cosas está siendo una experiencia positiva. Nos ha unido más», sostiene el cabeza de familia.
 Aislados pero más unidos que nunca Aislados pero más unidos que nuncaCon la cautela que requiere el asunto, Carlos Gervás reconoce que algunos de sus hijos han tenido síntomas compatibles con el Covid-19. «Salvo que nos hicieran test con resultado negativo tiene pinta de que lo estamos pasando.  Una de las niñas se puso enferma el pasado fin de semana, ha tenido tres días malos y ahora ya está bien» indica.
Sobre la vida cotidiana en la casa de una gran familia -donde en 120 metros cuadrados se mueven con destreza y optimizando espacios sus nueve miembros- Carlos señala cúal es el secreto: «Mi mujer, Iria, organiza la casa genial y se trata del trabajo más complicado con diferencia y pese a que todo el mundo aquí tiene encargos, sigue llevando la parte importante del hogar. Si el día a día ya era ajustado, con los niños chillando en tu oreja es la pera», apunta sonriendo.
«En muchos detalles somos un equipo», enfatiza el padre, al tiempo que explica que si cualquier miembro de la familia ve algo en el suelo lo recoge. «El friegaplatos, poner la mesa, el aspirador…todo se reparte en casa; uno lleva pijamas, otro trae toallitas, y el bebé pasa por muchos brazos», asevera, y narra que para organizarse hacen tres grupos. «Los dos mayores en una habitación estudian toda la mañana. Las dos siguientes conmigo, mientras teletrabajo, con mesitas de noche como espacio de trabajo; leyendo, haciendo tareas, a su aire … los tres pequeños en el cuarto de estar con Iria, y mantienen su horario de comidas, siestas y juegos», arguye.
 Aislados pero más unidos que nunca Aislados pero más unidos que nuncaCarlos conecta con la oficina desde las ocho de la mañana. Trabaja en Fremap, mutua colaboradora con la Seguridad Social. «Su trato está siendo excelente y facilita al máximo el trabajo. Aparte de las prestaciones de siempre, ahora gestionamos las bajas que causa el Covid-19 y ceses por cierre o pérdidas mayores al 75 por ciento. Son días intensos, a tope de consultas y procesos nuevos», resume.
Los deberes Los seis vástagos en edad escolar, sobre siete, son alumnos del colegio Blanca de Castilla (Filipenses) y los mayores siguen las clases on line. «Hay que decir que los profesores están haciendo un trabajo impresionante. Estamos muy agradecidos», explica Carlos
El progenitor manifiesta que también se hace un parón, «un momento para sentarse a rezar el Rosario  y pedir ayuda a Dios». Luego viene el ocio y «las chicas sufren arrebatos de maquillaje, tacones y disfraces», mientras María Pilar organiza aerobic y se juega al futbolín, baloncesto y patinaje. «Nuestra vecina es santa, pero santa de altar», sonríe Carlos, y cuenta que también hay tiempo para manualidades, construcciones, pistas de hotwheels, guitarra...
«Todo no es perfecto, tenemos altibajos, y momentos de más cansancio, como todas las familias, pero creo que rematamos bastante bien el día. Según veamos la cosa ponemos una peli mientras los niños cenan, luego toman leche y se ponen el pijama», expone.
Carlos concluye con un mensaje de esperanza: «Hay razones para dar gracias, para la alegría, para la confianza. Se está demostrando que España es un gran país, fuerte y solidario. Vienen momentos muy difíciles. Los afrontaremos con valor. Es importante tomar precauciones y no tener miedo».