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La marca en la botella

Fernando Pastor
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El mayor motivo de controversia entre los monaguillos y el sacerdote era el vino de consagrar

La marca en la botella

En Esguevillas de Esgueva había misa pequeña y misa mayor. A la primera, a las 10,30 horas, acudían mujeres mayores, muchas de ellas viudas, y en ella ayudaba un solo monaguillo. En la segunda, a las 12, ya acudían más monaguillos.


También entre los propios monaguillos había distinción: había monaguillos de más y monaguillos de menos, según el volumen de trabajo que tuvieran asignado. Los monaguillos de más debían tocar las campanas durante el ofrecimiento, ayudar con el cáliz y alguna tarea más que no hacían los monaguillos de menos. Ello daba lugar a discusiones, ya que todos deseaban hacer lo menos posible. La solución justa era turnarse, y así lo hacían generalmente.


A veces su trabajo era ingrato, ya que entre otras labores tenían que ayudar al sacerdote a vestirse el hábito para la ceremonia, lo que tenía su complejidad ya que entre las prendas había un cinturón que no era fácil saber a qué lado iba y por donde había que meterlo.  


Pese al afán por trabajar lo menos posible, a veces agradecían tener que ejercer de monaguillo. Era el caso de los entierros celebrados en día de diario, ya que eso les suponía salir de la escuela dos horas antes para ir a la iglesia a ayudar, y compensaba. Además suponía una dosis de diversión, ya que iban hasta el cementerio portando cirios y a la vuelta regresaban jugando con ellos.


El mayor motivo de controversia entre los monaguillos y el sacerdote era la botella del vino utilizado para consagrar. Los monaguillos se lo bebían y el sacerdote lo sabía, o al menos lo sospechaba, pero no podía probarlo. Por ello ideó una estratagema para pillarles: hacer una marca en la botella señalando el nivel del vino. Si cuando se fuera a utilizar de nuevo la botella el vino estaba por debajo de la marca, tendría la prueba de que los monaguillos lo habían bebido.


Sin embargo, los monaguillos fueron más hábiles y se percataron de la marca en la botella, pero no por ello dejaron de beberse el vino. Lo que hicieron cada vez que bebían fue borrar la marca realizada por el sacerdote y hacer una nueva más abajo, coincidente con el nuevo nivel del vino en ese momento. De esa forma el sacerdote siempre veía que el vino estaba al mismo nivel que la marca, sin saber que esa marca no era la que había hecho él.


La picaresca de los monaguillos era común en todos los pueblos. En Antigüedad se afanaban por coger clandestinamente el vino y las hostias, pero el sacerdote, Don Albino, lo guardaba a buen recaudo en un sagrario. La perseverancia en la tarea dio sus frutos, ya que descubrieron una tabla rota que les permitía acceder al fruto deseado…, hasta que Don Albino se dio cuenta y se les acabó el chollo.