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"No hay rutina en la UPP"

César Ceinos
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El director, Cándido Abril, explica que está orgulloso de «la capacidad de diálogo, de consenso y de búsqueda conjunta de soluciones a los problemas que ofrece la universidad popular», a la par que destaca su «talante abierto»

El director de la UPP, Cándido Abril - Foto: Sara Muniosguren

La vida de Cándido Abril lleva ligada a la Universidad Popular de Palencia (UPP) 37 años, desde que se creó la institución, primero como coordinador y, poco después, como director. No obstante, asegura que está también «como un chico para todo». Es licenciado en Filología Hispánica y Filosofía Pura y explica que nunca ha dejado de dar clases porque «servían para complicarme la vida y para liberarme». Imparte cursos relacionados con la Filosofía, pero también talleres literarios y clubes de lectura.

¿Cómo afronta un nuevo inicio de curso al mando de la UPP después de tantos años?

Afortunada o desgraciadamente, aquí rutina no hay. Desde el punto de vista de la vitalidad y el entusiasmo, todos los años son diferentes. Prácticamente, después de la pandemia de coronavirus empezamos una nueva etapa. Fue un momento en el que se volvió todo loco y se cuestionó cualquier cosa, aunque nosotros luchamos desde el primer momento por la presencialidad. Las personas adultas, que son con quienes trabajamos en la UPP, necesitan esta presencialidad, aunque realmente la necesitábamos todos, pero eso es un tema más profundo. Parecía que los jóvenes la necesitaban menos, sin embargo estamos observando problemas socio sanitarios y psicológicos derivados de este proceso y son ellos los que más lo están sufriendo.

Volviendo a la educación de adultos -o a lo largo de la vida, como también lo solemos llamar-, la sociabilidad, el compartir o el hablar son aspectos fundamentales.    Todo ello desde la estructura más académica que puede tener esto. En teoría, una persona se matricula en un curso, pero viene con esos deseos de encontrarse con gente. Hay personas mayores que viven solas y aquí encuentran un caldo de cultivo de relación, por ejemplo.

¿Qué novedades trae este año la Universidad Popular?

En este campo educativo cambiamos constantemente de materias y de contenidos, al contrario que puede suceder con la educación formal de Bachillerato o en la Universidad, donde existen currículos  específicos y concretos que hay que cumplir. Aquí continuamente renovamos. Yo estoy llevando todos estos años talleres literarios y cada año es distinto al anterior: hay nuevos libros, nuevas lecturas, nuevos comentarios y nuevos estudios de etapas históricas y literarias... Por lo tanto, casi no nos queda más remedio que innovar tanto desde la dirección como mis compañeros en las clases. 

En el folleto de este curso 2022/23 aparecen más de 30 novedades repartidas entre todas las áreas. Algunos son nuevos, como los cursos de japonés. En el curso Rusia: desde el Imperio de los zares hasta Putin buscamos la actualidad. Por otro lado, este año queremos incidir especialmente en las prácticas saludables relacionadas con el medio ambiente.

No obstante, es difícil que haya cosas nuevas porque hay más de 140 actividades muy variadas que provocan que sea complicado incluir otras disciplinas. 

¿Cuáles son las propuestas más exitosas?

Hay alrededor de una treintena de cursos que tiene lista de espera. Eso significa que hay más demanda que posibilidad de oferta. Los cursos de arte y de desarrollo personal tienen buenos resultados. En yoga tenemos una escuela bastante potente, mientras que en las actividades literarias también hay muchos grupos. Además, gustan los proyectos de fotografía y en los últimos años surgió un gran interés por el área de salud. Esto es relativamente novedoso. Antes no era tan deseado este tipo de cursos. 

¿Aún hay tiempo para matricularse en los programas cuyas plazas no se hayan cubierto totalmente?

Sí, todavía se están matriculando personas. De hecho, en el mes de octubre todavía se acerca gente porque estamos empezando el curso. Además, la UPP tiene sus puertas abiertas durante todo el año. En algunos casos, no tiene sentido empezar el curso en febrero, pero en otros sí.

¿Se ha recuperado la UPP de las consecuencias de la covid-19?

Con unas 3.500 matrículas, prácticamente tenemos ya la misma cifra de alumnos en la Universidad Popular que en los años anteriores a la pandemia. Nos ha sorprendido gratamente porque creíamos que íbamos a estar en torno a las 3.000. Pensábamos que iba a ser difícil llegar, pero la gente, como sucede en otras cosas, está muy animada a participar. También se han vuelto a alcanzar los datos previos a 2020 en los centros sociales y las aulas de mayores que llevamos con el Ayuntamiento de Palencia.

Igualmente, el número de cursos que ofertamos es similar. Entra alguno por otro que se quita. Los espacios los tenemos ocupados prácticamente desde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche. Además, algunas de las actividades las hacemos fuera del centro.

¿Y el empleo?

En la UPP ya están trabajando en torno a 80 personas. Con un pequeño ERTE durante la pandemia, nosotros hicimos una apuesta de seguir hacia delante, aunque fuera a perdidas, pero pensando que estas podían transformarse en ganancias o en la supervivencia. Si hubiéramos cerrado durante todo ese tiempo quizás se hubiera perdido la conexión con el alumnado. Un ejemplo de ello es que llegamos a cortar mesas dobles para hacerlas individuales y que los alumnos estuvieran más separados.

La educación a distancia fue una de las protagonistas del confinamiento y los meses posteriores. En algunos casos llegó para quedarse. ¿Ocurrió así en la UPP?

El 2020/21 fue todo on-line en los centros sociales y en la Universidad Popular decidimos mezclar formación telemática y presencial. Durante el periodo de la covid-19 nos pusimos al día con todas las tecnologías. Fue a contrarreloj y cuesta arriba. Nos costó muchísimo porque el alumnado no era como el de una universidad, que ya estaba preparado para cualquier iniciativa tecnológica. Aquí no era así. Nosotros teníamos personas de 70 u 80 años que no habían practicado antes y se han ido incorporando. Ahora tenemos cursos presenciales, otros on-line y otros de doble canal (a distancia y en clase), algo que antes de la pandemia no se hacía.

¿Qué relación mantiene la organización educativa con las principales instituciones públicas?

Con el Ayuntamiento y la Diputación de Palencia, las dos administraciones más relacionadas directamente con el público asistente, tenemos buena sintonía y programamos las actuaciones respecto a las necesidades que se tienen. Siempre hay carencias, pero lo estudiamos conjuntamente.

En cambio, con la Junta todo es distinto. El convenio se quedó en la teoría y no se lleva a la práctica. Se reconoce toda nuestra labor en el marco de la educación de adultos, pero hace diez años se eliminó su aportación para el proyecto de la Universidad Popular. Era una cantidad importante, unos 100.000 euros, que desapareció. Nos gustaría tener una relación mayor, no solo verbal, sino también financiera.

¿Qué presupuesto maneja este año la UPP?

En torno a unos 900.000 euros. Ahora mismo, la ayuda institucional, en general, no supera el 30% del proyecto. Es el alumnado el que con sus matrículas aporta prácticamente la financiación global.

Además de las aportaciones económicas, una petición muy habitual  y de años es una infraestructura para impartir las clases

Estamos en planta y media del colegio Ciudad de Buenos Aires. Semanalmente pasan por ella más de 3.000 personas y estamos muy ajustados. Tenemos que agradecer a otras instituciones y organizaciones que nos dejen aulas concretas. El año pasado estuvimos en el seminario. Pese a ello, es curioso que vienen otros colectivos a pedirnos locales. Aquí tienen la sede Contraluz, Lapsus Teatro y algunas organizaciones más a las que dejamos puntualmente un espacio. Lo sobrellevamos como podemos.

Eso sí, hay otros proyectos, como los de los centros sociales, donde no necesitamos infraestructuras porque nos las ofrece el Ayuntamiento de Palencia.

Cursos en la cárcel de Dueñas, aulas para mayores y centros sociales de la capital, ocio para jóvenes palentinos por la noche y la dinamización del museo de la Casa del Cordón son actividades que también lleva a cabo la UPP. ¿Qué tienen en común con las organizadas en el colegio del barrio de Pan y Guindas?

La filosofía es la misma, evidentemente; entre otras cosas, porque están en el marco de la educación a lo largo de la vida.

¿Los palentinos sienten la Universidad Popular como algo suyo?

Yo creo que sí la sienten como propia. Pienso que la UPP se ha hecho imprescindible y es un referente en Palencia. Durante la pandemia hubo gente que nos manifestó que la necesitaba y nos expresó el dolor de no poder disfrutar de ella. 

Hay muchísimos ejemplos más. En el Festival de Teatro Ciudad de Palencia se introdujeron actividades de la Universidad Popular en el propio Teatro Principal, al igual que en otros certámenes, como el de jazz, en Palencia Sonora o en la Muestra de Cine. También existen colectivos de personas con discapacidad o sensibilidades diferentes que tienen a la UPP como referente. Vienen algunos alumnos de estos grupos y sus compañeros los acogen con interés.

¿Qué aporta la UPP a Palencia?

Nacimos con el espíritu de ofrecer educación a personas adultas y, con un gran esfuerzo, hemos aprendido a hacer proyectos y currículos dirigidos a ellos. No se concibe una sociedad avanzada sin proyectos educativos para el aprendizaje a lo largo de la vida. Y al lado de este proyecto educativo, vienen el cultural y el social.

¿Por qué considera que es necesaria esta institución educativa en la capital palentina?

Porque tiene que dar respuesta a las necesidades de las personas. Creo, humildemente, que la UPP lo hace así. La educación de adultos tiene que partir de la realidad en la que vivimos. El ciudadano de 50 años, de 46 o de 81 venía el año pasado viviendo en un clima de pandemia y lo que teníamos que hacer no era explicar la historia del siglo XIII, que también, sino ver lo que sucede en el XXI, por qué pasa y cómo se actúa económica, política o sanitariamente.

¿Qué perdería la ciudad si la organización que dirige tuviera que bajar la persiana?

Pues todo lo que he citado anteriormente. Pero creo que ya no se puede perder la UPP. No me entra en la cabeza. Considero que ya no hay marcha atrás. Es más, es un referente incluso para la comunidad, donde solo hay otra universidad popular, en Burgos.

¿Qué cambios se han producido en la Universidad Popular desde que se fundó en los años 80 del siglo XX hasta la actualidad?

Más que cambios, creo que se han producido progresos. Es un proyecto que, quizá por la pobreza, ha jugado con bastante libertad de movimientos, al contrario que otras universidades populares, que han dependido de los vaivenes municipales y, a veces, de quien gobernaba. Aquí hemos sabido superar esta historia. Hemos vivido con gobiernos de diferentes colores, hemos hablado con organismos e instituciones de distintas sensibilidades y todos lo han hecho para dar pequeños granos de arena o grandes paladas, pero teniendo en cuenta que la UPP era necesaria. 

Respecto al público que acude, te puedes encontrar a gente que lleva viniendo 30 años y a personas nuevas. Esto redunda en el progreso sostenido. El proyecto es interesante y la gente continúa, y de la misma manera, porque es interesante otras personas que no conocían esta institución se han ido incorporando con el paso del tiempo. 

En relación con las actividades,  estas han cambiado, pero las tres líneas de seguimiento que marcamos, la formación básica, la creatividad y las actividades saludables, no. Por ejemplo, en su momento, entendíamos por formación básica  enseñar a leer y escribir a gente que no sabía, pero hoy es saber entender un ordenador.

¿De qué se siente más orgulloso a lo largo de todo este tiempo?

De la capacidad de diálogo, de consenso y de búsqueda conjunta de soluciones a los problemas que ofrece la UPP. Para nosotros siempre ha sido un lugar de encuentro a todos los niveles: alumnado, profesorado, instituciones, organizaciones… Su talante abierto es lo más importante para mí y creo que lo que ha permitido que, a pesar de las dificultades y de algunos recelos, las puertas estuvieran abiertas y hay posibilidad de dialogar y encontrar soluciones.

Durante todo este tiempo habrá vivido grandes momentos que permanecen en su memoria. ¿Cuál es el hito o actividad que le dejó especialmente contento?

El salto al Ciudad de Buenos Aires en 2003 con el que pasamos a tener un centro propio, aunque no sea nuestro. Inicialmente teníamos miedo porque estaba al otro lado de las vías, pero la gente no puso ninguna pega en venir aquí y las condiciones eran mucho mejores. 

Previamente habíamos estado en cuarenta sitios: colegios, institutos... La infraestructura mayor nos la prestó la Unión General de Trabajadores (UGT), en su sede y en su centro de formación ubicado en la actual plaza de los Juzgados.

Por el contrario, ¿qué acontecimiento de la UPP no le hubiera gustado vivir?

La crisis total a los dos años de empezar. Estaba en juego el cierre de lo que había empezado en 1985. En aquel momento, el profesorado apostó por la UPP y tiró para delante sin cobrar medio año. Se demostró, por encima de todo, el interés de la educación sobre las situaciones personales. Creo que eso tuvo reflejo en la ciudadanía y si alguien tuvo el deseo de eliminarlo ya no se atrevió. La maquinaria de la UPP ya lo impedía.

Por último, ¿qué retos personales tiene para el futuro?

Soy muy feliz aquí, ha sido muy duro trabajar en la UPP todos estos años, pero me compensa por las relaciones humanas que he podido vivir con otros profesores y, sobre todo, con el alumnado. Hay una fuerza y una sintonía muy grandes. Para mí ha sido totalmente satisfactorio y me ha dado vida. Y me la sigue dando.