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Carmen Arroyo

La Quinta

Carmen Arroyo


Mayo y primeras comuniones

05/05/2022

El día 29 recorrí la calle Barrio y Mier hacia la Calle Mayor para hacer compras de ropa que necesitaba. Cambiar de talla, no por capricho de la edad, sino por necesidad y salud, compañera poco afortunada, me hizo buscar algo que no se me cayese al ir andando, y poco encontré en casa. Nunca compro on line, porque: ¿No nos quejamos de que se cierran los comercios por no haber ventas suficientes, desplazados por lugares de cambio, ya que  aquello que pedí, desde casa, me lo probé en casa y decidí, al no sentarme bien, devolverlo?
 Y me pregunto, si quienes practican el sillón bol de la compra por Internet se quejan de que pronto deberán desplazarse hasta Valladolid para encontrar algo distinto y novedoso, ¿hacen algo para evitarlo? A este paso, lo que nos queda desaparecerá. Los empresarios no están para hacer obras de caridad. No vale como defensa el que sea un poco más barato. A mí no me basta. ¿Han pensado en las horas de trabajo-esclavitud de quienes se ganan la vida (y en qué condiciones), en esos grandes almacenes? Pues eso, seamos consecuentes y no hablemos más de la cuenta, como aconseja el Papa Francisco a las suegras. 
De un comercio de moda salía una mamá con su pequeña. Ambas, felices, llevaban el vestido de comunión y el pequeño miriñaque con su alambre forrado que hará más airoso el vestido. Me adelantaron con paso raudo. Lo que habían deseado tanto tiempo, lo tenían ya en sus manos. La niña porque la catequesis la había preparado para ese acto íntimo de recibir a Jesús; la madre, imagino, vivía por adelantado el acontecimiento para el que, a buen seguro, había puesto alma y corazón, planificando el mínimo detalle. Pensé, mañana acaba abril y da paso al mes de las flores, ese tiempo del dulce amor cantado por los poetas, desde la antigüedad:
«Que por mayo, era por mayo/ cuando aprieta la calor,/ cuando los enamorados,/ van a cantarle al amor». Y me quedo, también, con unos versos de Manuel Machado: «Nuevas canciones/ nuevos claveles,/ niñas que por mayo/ se hacen mujeres.» Prodigiosa, la capacidad de la mente humana me hizo caminar hacia 1963.  Recordé mí mayo personal, amoroso, en Cubillo de Ojeda, junto a un poeta que rebosa humildad y camina con ella tranquilo. Más tarde, mayo me volvió niña. Ya lo contaré.