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Ilia Galán

Ilia Galán


Pan o gasóleo

21/03/2022

Hay quienes ayunan en cuaresma para prepararse, dominando el deseo y sometiendo al cuerpo bajo el entendimiento, como ofrenda a Dios, ante la Semana Santa. Pero incluso estos han de comer otros días para cuidar, como es natural y por religión obligado, el cuerpo que se nos ha dado. Cuidar la salud es también un deber, pues no tendríamos que dilapidar la vida de modo estúpido. Tampoco el alimento. Sin embargo, la crisis que nos llega ahora, tras la peste, la guerra, la muerte y, tal vez -esperemos que no- el hambre, es pavorosa. Esperemos no estar en el final de los tiempos, pero sí sabemos que los precios del combustible y la electricidad van a subir de forma monstruosa, de modo que o se ayuda al campo o habrá cosechas que no compensa ni sembrar ni recoger, si no se alzan los precios de los alimentos. Todos estrechándose el cinturón sufrirán, sobre todo los más vulnerables económicamente.
Vivo en el Reino Unido desde hace unos meses y ya ha dicho claramente el Primer Ministro que han de prepararse para sufrir una época difícil, como decía Churchill antes de la II Guerra Mundial. Los precios han subido de un modo velocísimo, desmesurado y odioso. No así los sueldos, claro. La inflación está desbocada, suben los intereses para evitar el descontrol... Pero la carne está a muy buen precio ¿cómo es eso? De momento. Los ganaderos, ante los costes del mantenimiento de las reses las están matando antes de que no puedan alimentarlas. Luego no habrá carne o su precio será estratosférico, dicen. Es uno entre muchos ejemplos. La guerra en Ucrania, además, como vemos, nos ha desabastecido de productos que allí se prodigan, como el girasol y su aceite, entre muchos otros. Por eso hay que apostar por nuestros ganaderos y nuestros agricultores, son los bienes esenciales en los que se apoyan las naciones. También la energía hoy día. Habrá que promocionar las fuentes alternativas, solar, eólica y otras para no depender tanto de otros que en el momento en que desabastecen provocan el caos en nuestros pueblos.
O nos preocupamos de que nuestra siembra sea buena y haya recogida o los ayunos empezarán a ser obligatorios también para los incrédulos.