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José María Ruiz Ortega

Estampas rurales

José María Ruiz Ortega


Apacible verano rural

23/07/2022

Ya es normal pasar el verano y los calores agobiantes en un pueblo, con la tranquilidad y el bienestar que ofrece un medio rural urbanizado, alternando con otra salida. Una de las labores cotidianas de veraneantes y retornados es a ir a comprar el pan. Un momento de encuentros mañaneros, saludos de amigos o conocidos, aunque la pandemia haya cambiado los hábitos de charla en el despacho; ahora, la clientela, espera para que no haya aglomeración y acuden de forma ordenada y el palique se vuelve más reducido. A la espera de la llegada del furgón que trae los periódicos al medio rural, aparece el vendedor de pescado en un aseado furgón isotérmico. Con otro toque de claxon distinto llega el tendero de frutas y hortalizas, mostradas en caja para que no se dañen en el transporte. 
En muchos pueblos, por la baja densidad vecinal, no disponen de tiendas permanentes y los vendedores ambulantes solventan necesidades cotidianas. A la vista de esos escaparates portátiles, los clientes acuden para hacer sus compras, dentro de la reducida oferta. En otros lugares, son los ordinarios mercados semanales, en las cabeceras de comarca, los que abastecen con más amplitud de ofertas más heterogéneas. En una visita a Marruecos, pude observar cómo se acercan de algunas aldeas a la carretera principal por donde pasa el transporte público, dejan el asno en la cuneta y cuando vuelven del zoco con la compra, trasladan con la ayuda del burro su mercancía a la aldehuela que no dispone de autobuses regulares.
Los vendedores ambulantes han comerciado históricamente por caminos carreteros, hoy lo hacen con mejores medios. Sí, ya sé que hoy son muchos los que disponen de automóvil para ir al supermercado más cercano para realizar la compra semanal. Mas, en los pueblos pequeños, aún quedan personas que no disponen de movilidad particular y necesitan transporte público o no lo tienen por ser muy pocos vecinos. No es que vayamos a retroceder al burro con las alforjas y los aguaderos, pero en pueblos de profunda despoblación solamente queda el recurso del vendedor ambulante, con todas las limitaciones de mercancías y productos de necesidad.