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Editorial

Los socios de investidura salen al rescate de un Gobierno que no dialoga

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El Gobierno ha vuelto a sacar adelante in extremis otra de sus propuestas al aprobar en el Congreso su real decreto de medidas de ahorro energético gracias a los socios de investidura. ERC, PNV y EH Bildu han vuelto a salir al rescate de Pedro Sánchez lanzándole un salvavidas en el momento en el que más lo necesitaba, sin aclarar, eso sí, las posibles contrapartidas que recibirán a cambio de ese respaldo parlamentario. La única novedad con respecto a otros apoyos de última hora es que en esta ocasión esas formaciones han multiplicado las críticas con respecto a la falta de diálogo del Ejecutivo. Hartazgo real o teatrillo para salvar los muebles, lo cierto es que el Gabinete Sánchez parece cada vez más enrocado en sí mismo, eludiendo la negociación y haciendo del término consenso poco más que una utopía.

En el caso concreto del paquete de medidas que recibió ayer el visto bueno de la Cámara Baja hay que distinguir dos planos bien diferentes. En el del fondo, parece evidente la necesidad de adoptar iniciativas que tiendan a reducir el consumo de gas y electricidad ante el panorama de restricciones en el suministro y alza imparable de los costes que se cierne sobre toda Europa. Limitar la temperatura a un mínimo de 27 grados en verano y a un máximo de 19 grados en invierno y apagar los escaparates y los edificios públicos a partir de las 22.00 horas pueden tener efectos beneficiosos para el propósito que se persigue y ayuda a la concienciación de un problema que es real. Lo que resulta mucho más discutible es que un Gobierno decida diseñar y aplicar las acciones sin contar con el resto de los representantes de la ciudadanía, en un asunto que debería concitar los mayores apoyos posibles, y que solo admita la introducción de enmiendas cuando comprueba que peligra la aprobación del texto. Para criticar al principal partido de la oposición por su bloqueo, antes debe existir un intento del Gobierno por acercar posturas, algo que no se ha producido en ningún momento, a tenor de lo que aseguró ayer la portavoz del PP en el Congreso, Cuca Gamarra.

También demuestra una forma cuestionable de ejercer la política el hecho de unir en una misma votación aspectos tan dispares como las medidas de ahorro energético, las bonificaciones al transporte público o las becas a estudiantes. Esto, por desgracia, parece otro síntoma de la enfermedad política que padecemos desde hace años, donde importa más la presión que se ejerce al adversario con un trasfondo electoralista que los beneficios que las propuestas en cuestión acarreen a los ciudadanos. Pero a nueve meses de unas elecciones, pensar que esto puede cambiar no deja de ser un ejercicio de ciencia ficción.