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La pandemia causada por el coronavirus SARS-CoV-2 nos ha revelado los siguientes hechos ciertos e irrebatibles desde el punto de vista biológico y médico: 1º, el virus se ha encontrado en su progresión contagiosa de la especie humana con el potente sistema defensivo inmune de los niños y jóvenes, sistema defensivo que se va debilitando con el paso de los años dejando al final como primera diana del virus a las personas de más edad y o debilitadas; 2º, la investigación científica y la potente industria farmacéutica están proporcionado en un tiempo récord y masivamente las vacunas, que en esta ocasión si son un remedio muy eficaz para la prevención tanto de la propagación de la pandemia comunitaria como de la sintomatología y acortamiento del periodo de evolución de la enfermedad en cada una de las personas contagiadas; 3º, el desmadre y desbarajuste existente en el sistema político y sanitario español nos mantiene en un caos de actuación permanente en la lucha contra los virus; y, 4º, esta semana, por primera vez en toda la pandemia y quizás porque ya se han cerrado los centros educativos, las administraciones nos han dado los datos de los contagiados por tramos de edad, información sin duda mucho más acorde y precisa con el diferente comportamiento patológico del coronavirus en las diferentes cohortes de edades de las poblaciones afectadas. 
Ante estos hechos conviene refrescar las pautas establecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 2005 para el abordaje metodológico de las pandemias. La agrupación y la descripción de las 6 fases pandémicas se revisaron para que sean más fáciles de entender, más precisas y para que basados en los hechos ciertos observados en cada fase se puedan aplicar diferentes soluciones. Las pandemias víricas anteriores se habían caracterizado por sucesivas olas tanto en su actividad contagiosa comunitaria como en el número de enfermos afectados en su caso. En la actual pandemia del SARS-CoV-2, el mundo tardó tres meses en alcanzar el primer millón de infectados en la primera ola, sin embargo ahora en el quinto repunte han sido suficientes tan sólo 8 días para que se registrara el último millón de infectados pero afortunadamente y en contraste con las anteriores oleadas ahora el número de enfermos graves, de la ocupación hospitalaria y de la mortalidad se han desplomado, por lo tanto, hay que replantearse este nuevo escenario siguiendo los criterios de la OMS, tanto desde el punto de vista sanitario como ya socioeconómico ante estas evidencias sanitarias confirmadas y dar así también un respiro a muchos sectores derrumbados de la economía del país, pero sin bajar la guardia.
 También sabemos que esta nueva normalidad sanitaria se debe a la inmunización y vacunación masiva, aunque aún incompleta de la población comprendida dentro de las edades de mayor riesgo; a la aparición de una nueva variante del virus, la cepa Delta, mucho más contagiosa; a la relajación lógica de las medidas de prevención: desaparición de los toques de queda, del uso obligatorio de las mascarillas en el exterior guardando las distancias, a la apertura de la vida social, cultural y deportiva, de la restauración y del ocio nocturno debidamente controlado...; y, por qué no reconocerlo, al comportamiento antisanitario de una parte minoritaria de la juventud con su participación en botellones, en fiestas y reuniones de riesgo con asistencias masivas y sin medidas de prevención, falsos viajes de estudios descontrolados…
Si bien, llegados a este punto hay que romper una lanza en favor de la juventud en general, en primer lugar por su comportamiento en las fases precedentes en que las que la mortalidad de las personas mayores era brutal y desoladora y ellos sabedores de que no eran la diana específica del puñetero virus se comportaron como adultos, en segundo lugar porque les ha tocado esperar para ser inmunizados artificialmente ante la escasez de vacunas y la necesidad de priorizar su administración a los grupos de mayor riesgo y, en tercer lugar porque de todos es sabido que en esas edades de la vida los jóvenes se sienten inmortales, como debe de ser, ya que las hormonas bañan sus neuronas y marcan su comportamiento hasta el extremo de ser la causa fundamental de la perpetuación de la especie y porque posiblemente y por el mismo fenómeno hormonal son edades donde otras patologías psicológicas les pueden noquear si ven limitada excesivamente su vida social durante largos periodos de tiempo, de ahí por ejemplo lo acertado de la educación presencial en el curso pasado a pesar del riesgo de contagio que supuso... esta circunstancia tan especial como innegable de esta etapa de la vida nos lo definió magistralmente el poeta Rubén Darío en el estribillo de su poema Juventud, divino tesoro, cuando dice: ‘Juventud, divino tesoro, / ya te vas para no volver. / Cuando quiero llorar, no lloro... / y a veces lloro sin querer...’, durante estos años los sentimientos borbotean a flor de piel.
 La juventud, por lo tanto, en esta nueva normalidad hace lo que le corresponde hacer por edad y si algunos minoritariamente se extralimitaran más de lo aconsejable y se saltan las normas básicas establecidas para evitar la propagación de la pandemia, los políticos como gestores adultos deben encauzarlos y controlarlos pues para eso se les ha investido con la necesaria autoridad y disponen de los cuerpos de seguridad del Estado.
Mucho más preocupante es escuchar y ver, día a día a través de los medios de comunicación, a los políticos tirándose los trastos a la cabeza y parece que entrando en una alocada competición para ver quién es el que hace la propuesta más ocurrente y contundente, aunque hoy digan blanco donde ayer dijeron negro, a la vez que se atacan y se echan las culpas los unos a los otros simplemente para tener unos minutos de gloria mediáticos para mantener activos a sus incondicionales, da la impresión que se sienten los actores principales en este teatrillo en el que han convertido la gestión política de la España democrática, pero sospecho que la ciudadanía general cada vez está más harta de tanta representación impostada y falta de sustancia  y con la sensación cada vez más asentada de que estamos ante el ejército del Pancho Villa español en la lucha contra el virus. 
Así en el último Consejo Interterritorial (Consejo compuesto por los responsables del Ministerio de Sanidad y todos los consejeros autonómicos con competencias en sanidad) se oyeron propuestas de todo tipo: desde los que pretendían que el Gobierno  matara moscas a cañonazos y volviera a imponernos los toques de queda nocturnos generalizados, intuyo que para evitar así los botellones, las quedadas y demás juergas incontroladas…mezclando peligrosa y dictatorialmente los problemas de orden público con los sanitarios, ya que con dicha medida se hubiera sacrificado, una vez más, algunos derechos fundamentales a todos los ciudadanos; otras propuestas consistían en volver a imponer las mascarillas obligatorias en el exterior, aunque se pasee solo…
En la situación actual, al conocerse los datos epidemiológicos por grupos de edades el control de la pandemia permite establecer nuevas estrategias, explicarlas y concretarlas mejor, estrategias tanto para el diagnóstico de las nuevas personas infectadas, como de su conteo y agrupación en bloques perfectamente definidos, como de las medidas preventivas a adoptar y dirigidas en concreto y específicamente a esos grupos etarios con gran número de personas contagiadas, así por ejemplo, la incidencia acumulada por 100.000 habitantes en los últimos 14 días en Castilla y León ha sido de 1579 infectados en la edad comprendida entre los 12 y los 19 años y de 1951 entre los 20 y 29 años, mientras que entre los 60 y 69 años son 97 y entre 70 y 79 años 40, por lo tanto y como conclusión de estos primeros datos el  regular y el controlar el ocio de los jóvenes en esta quinta oleada se antoja que es una medida imprescindible, medida que unida a la intensificación de la campaña de vacunación hasta cubrir a toda la población permitirá ir acabando con la pandemia,  pero todo ello se puede y debe de hacer sin alarmismos y puestas en escena exageradas, pues hay que volver a insistir que en esta nueva situación y a día de hoy la escasa ocupación hospitalaria y la bajísima mortalidad así lo permiten y aconsejan.
¿Se plantearán nuestros políticos en esta fase postrera de la pandemia dar ya los datos con el lenguaje clásico de la salud pública, hablando de los “portadores sanos” diferenciándolos de los enfermos infecciosos?, y ya de paso hacer pedagogía e informar serenamente de las medidas preventivas que se deben adoptar en cada uno de los cuatro grupos de población implicados en el contagio por el virus SARS-CoV-2: personas libres del virus, contactos estrechos con infectados, portadores sanos y enfermos infecciosos (leves, moderados y graves), ¡Esperemos que sí y pronto! para desdramatizar como requiere la situación de esta última fase de la pandemia producida por el actual coronavirus SARS-CoV-2. (*) Médico del Centro de Salud de Jardinillos. Presidente del sindicato Médico de Castilla y León.