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Suspenso en pacto por la educación

David Aso
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Los informes PISA sitúan el sistema educativo de Castilla y León a la cabeza de España, pero todo el país sufre las consecuencias de acumular hasta ocho reformas en 42 años por bandazos a derecha e izquierda

Prueba de Ebau en un aula de Burgos. - Foto: J. J. Matías

Después de 44 años de carrera docente, los 22 últimos como director del IES Lancia de León, Secundino Llorente, 'Secun' para sus alumnos y catedrático de instituto, algo sabe de la enseñanza de ayer, hoy y parte de la de mañana. Se jubiló en 2017, pero sigue activo como profesor honorífico para formar de manera altruista a profesores y directores en la Comunidad.

El acoso escolar, las dificultades para avanzar en el bilingüismo en los colegios públicos o la desventaja de los alumnos de Castilla y León para acceder a las universidades por la disparidad de niveles de la EBAU en cada territorio, son tres de las principales cuestiones que destaca al preguntarle por los grandes retos. Pero uno pesa por encima de estos y de cualquier otro porque afecta a todos: la sucesión de ocho reformas en 42 años por la falta de un «gran pacto por la educación». Tan deseado pero lejano como los que se pretenden por la sanidad o la despoblación en la España más polarizada. «No puede ser que entren los de derechas y peguen un pendulazo a un extremo, digan que religión cuenta para nota y otras cuestiones con las que casi nadie está de acuerdo, para que después venga la izquierda y haga lo mismo pero barriendo hacia el otro extremo», lamenta. «Cada vez que teníamos que hacer un proyecto educativo nuevo teníamos que preparar un documento de 400 páginas que había que pactar con el Consejo Escolar, el Claustro, la Comisión de Coordinación Pedagógica... Un nuevo cambio casi cada cuatro años. Eso nos reventaba a todos y nos sigue reventando», incide. 

A la falta de tal pacto atribuye que las asignaturas no sean las mismas en Castilla y León que en Murcia o Cataluña, así como la disparidad de criterios respecto a debates recurrentes de todo tipo. Desde el rol que deben tener los centros de educación especial o el uso de lenguaje inclusivo en las aulas hasta la carga de deberes, el calendario escolar, las condiciones de elección de colegio, los teléfonos móviles en el entorno educativo o la aplicación del 'PINparental', para que los padres o tutores puedan evitar que sus hijos participen en ciertas actividades fuera del currículo formal que generan división. «¿Sí o no? Lo que sea, pero que se pongan de acuerdo».

Buen nivel en la Comunidad

«Luego lo cierto es que, a pesar de todo, ahí está Castilla y León», con un alto nivel validado por la OCDE en cada evaluación del informe PISA, que pone a prueba a estudiantes de 15 años en matemáticas, ciencia y lectura. La última vez, en 2020, fue la única Comunidad que se mantuvo entre las tres primeras en todas las competencias, muy por encima de la media española y al nivel de los países más avanzados. «Ya veremos cómo nos va en el próximo informe (se espera en torno a marzo o abril) porque los años de pandemia están siendo muy duros», advierte. «Los profesores, en general, han hecho un esfuerzo enorme, y también los padres que han podido, pero llevamos dos años de aprobado general, ¿cómo enseñar a los alumnos a estudiar otra vez después de esto?».Su mayor preocupación, los que en estos años entran en la Universidad o están a punto.

En cuanto al acoso escolar, más allá de las consecuencias de la falta de un pacto por la educación, «este puede ser el mayor problema que tienen los centros hoy en día». Ya se sufre desde hace tiempo, pero las redes sociales lo han multiplicado. «No hay un centro sin un caso de acoso escolar cada semana y eso hay que cortarlo». En su etapa de director hacía piña con 28 delegados de clase para detectarlo cuanto antes e intervenir de inmediato, y ahora que internet dificulta el control,sugiere no olvidar que «la Policía también tiene competencias en esto».

«Luego hay un problema con la educación de Castilla y León, y creo que de toda España: un alumno no puede acabar segundo de Bachillerato sin saber inglés porque a estas alturas suponer ser un analfabeto», advierte. «El bilingüismo avanza en la privada pero cuesta más en la pública», en su opinión, porque hacen falta profesores nativos o con alto nivel de inglés, «y nadie quiere que le quiten la plaza».

Pero todas estas preocupaciones, amenazas y retos no impiden que Llorente vea un sistema educativo que se va adaptando a unos tiempos en los que las «asignaturas blandas» como saber hablar, negociar o empatizar cobran especial peso frente a las clásicas, sin que estas deban dejarse de lado. «Los apuntes están en internet, el profesor debe ser guía del alumno, se acabaron las lecciones magistrales». Y más en un mundo en el que se estudia para ocupar unos puestos de trabajo que, en muchos casos, aún están por inventarse.