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Los nuevos agricultores

Vidal Maté
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Tienen un nivel de formación mayor que la media nacional de los jóvenes, manejan las nuevas tecnologías agrarias y de comunicación, son de centro derecha y se confiesan poco ecologistas

Los nuevos agricultores - Foto: Jesús J. Matías

Tradicionalmente, aunque muchos lo hacían por verdadera vocación siguiendo la tradición familiar de agricultores o ganaderos, se ha tenido la imagen de que quienes se quedaban en el campo lo hacían sólo por no tener otras salidas y, en el juicio más despectivo, por no valer para otra cosa. «El chico no valía para los estudios y se quedó en casa». «Se fue a la construcción, pero para pasar intemperies y ganar una miseria, no hay que salir fuera…». «Se vino de los frailes, dejó la escuela y ya sabía lo que le esperaba». Estas y otras reflexiones parecidas han formado parte de conversaciones habituales en el medio rural cuando se hablaba de los hijos en casa de agricultores y ganaderos, por no citar otras más desdeñosas.

Frente a esta vieja imagen, un reciente estudio elaborado por COAG y la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agrarias y Medioambientales (ETSIAM) de la Universidad de Córdoba sobre una muestra en el que el 74% eran hombres y el 26% mujeres, ha puesto de manifiesto que el perfil de los jóvenes dedicados a la actividad agraria nada tienen que ver con ese escenario del pasado. Hoy, entre los agricultores de hasta 35 años, solo un 3% trabajan en el campo por no tener otra alternativa, mientras dos terceras partes lo hacen por tradición familiar y, en conjunto, cuentan con una formación académica y profesional superior a la media de los jóvenes de su generación. Y otra diferencia: hay una ligera mayoría de jóvenes con ideología de centro y derecha, frente a los jóvenes urbanos.

Así son los llamados «agromillennials» de 2022, unos 27.000 titulares de explotaciones con menos de 35 años que solo suponen el 3% de los 900.000 titulares que existen oficialmente en el campo, aunque su peso es muy superior a efectos de la producción agraria. Representarían alrededor del 13% si se estima que los agricultores profesionales activos por cuenta propia se rebajan a unos 220.0000, colectivo al que anualmente se incorporan unos 16.000 jóvenes, según datos del Ministerio de Agricultura. A pesar de ello, esas incorporaciones no suponen rejuvenecer oficialmente el sector en su conjunto, en el cual los titulares de explotaciones con más de 64 años son unos 355.000. Aunque una cosa es el censo real de quienes trabajan en el campo y otra el dato oficial del Instituto Nacional de Estadística sobre titulares de explotaciones.

Según los datos del trabajo, un 38% de los agricultores jóvenes tienen alguna titulación universitaria en diferentes especialidades, no solamente las referidas a la actividad agraria, y más del 60% de los mismos poseen estudios de ESO, bachillerato o Formación Profesional en grado medio o superior, frente al 40% que tiene de media su generación. No obstante, un 79% reconoce que aprendió lo necesario para desarrollar la actividad por tradición familiar, un 28% se declaran autodidactas y un 14% aprendió conociendo las prácticas de otros agricultores. Sólo un 40% cree que la actual oferta de formación agraria es suficiente y consideran necesario un mayor reforzamiento en diferentes puntos relacionados con su actividad en aspectos productivos de la explotación y en otros medioambientales.

En materia de sostenibilidad, solo 38% consideran necesario un reforzamiento de la formación; únicamente un 15%% pide más en los conocimientos sobre cambio climático, un 33% sobre el uso responsable del agua y un 29% sobre ecosistemas y diversidad ecológica, lo que pone de manifiesto que los nuevos agricultores jóvenes no son los mayores demandantes de esos conocimientos medioambientales. No son precisamente ecologistas, sobre todo cuando se les demandan unas exigencias en materia del uso de zoo o fitosanitarios que no se piden a los productos importados. Sí son más demandantes de más información, un 50%, sobre el uso responsable de los tratamientos fitosanitarios o tecnologías agrarias, llegando a un 69% en la demanda de más formación en gestión de empresas y para el emprendimiento y un 88% sobre comercialización, pero no quieren saber nada de bioeconomía.

Una gran mayoría -83%- considera la agricultura como un trabajo estable a largo plazo y pieza clave en la cadena alimentaria, a pesar de lo cual a un 30% no le gustaría que sus hijos se dedicaran a la actividad como gestores de la explotación.

Sobre las razones por las que los jóvenes han optado por la actividad agraria, hay una amplia disparidad. Una mayoría, un 66%, lo hicieron por tradición familiar. Para un 25% fue una oportunidad laboral, un 12% lo hizo por las ayudas públicas a la incorporación, un 31% por convicción y compromiso para producir más alimentos más saludables y solo un 3% por falta de otras alternativas. Un 73% cree que las ayudas para la incorporación de los jóvenes son útiles, pero únicamente un 20% piensa que son suficientes. Como barreras de acceso a la actividad solo un 14% estima que son los créditos bancarios y algo menos del doble (un 27%) las coloca en la falta de apoyo institucional; pero un 41% destaca el largo periodo entre la solicitud de la ayuda y su concesión. Solo un 21% señala la falta de reconocimiento social a la actividad. Un 87% son titulares de explotaciones y no pasan del 31% quienes tienen la agricultura como actividad única.

Entre los motivos de los jóvenes para seguir en la actividad, un 65% lo hacen por ser un trabajo gratificante y para un 54% es su vocación. Pero solo un 28% estima que es económicamente viable, nada más que un 10% señala que su explotación haya tenido una rentabilidad histórica y un 40% permanece por seguir en la actividad familiar.

Sin embargo, frente a las razones para la permanencia, los jóvenes señalan igualmente los principales motivos para dejar la actividad. Aquí un 22% señala la no disponibilidad de servicios básicos, un 45% lo dejaría si caen los apoyos institucionales y de la PAC, un 21% por la dificultad para incorporar nueva tecnologías y el 25% por el cambio climático. Pero, sobre todo, un 68% abandonaría por los precios de los productos, baja rentabilidad y más del 30% por la competencia de las importaciones procedentes de otros países, especialmente desde fuera de la UE.

En lo que se refiere a la comunicación, más del 50% consideran que disponen de infraestructuras tecnológicas y también una mayoría se halla conectada con diferentes redes o plataformas. Para estar al día casi un 40% lo hace por la radio, el 38% por televisión, solo un 10% por la prensa en papel, un 55% vía digital y únicamente un 31% lo hace con revistas especializadas.