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"La crisis fue un batacazo del que no nos hemos recuperado"

César Ceinos
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El nuevo presidente de la delegación palentina del COAL dirige un órgano formado por un centenar de profesionales y está acompañado en la junta directiva por el secretario, Roberto Maestro, y por la tesorera, Marina Cantero

José Luis Herrero, en la fachada del COAL - Foto: Juan Mellado

Este palentino nacido en 1951 y con más de 45 años de experiencia asumió el 28 de mayo la Presidencia de la Delegación de Palencia del Colegio de Arquitectos de León (COAL), aunque días antes ya sabía que iba a sustituir a Ana Espegel en el cargo. Solo se presentó al proceso electoral una candidatura, la que encabezó él, y fue proclamada automáticamente. Desde que tomó posesión está acompañado en la junta directiva por el secretario Roberto Maestro y por la tesorera Marina Cantero.

A más de un lector de Diario Palentino le sorprenderá que los arquitectos de Palencia formen parten del órgano colegial leonés. ¿A qué se debe esta adscripción?

Inicialmente se agruparon distintos territorios porque había pocos profesionales. Nuestra provincia perteneció a un colegio anterior que recogía a los arquitectos de Santander, Asturias, Galicia y las cuatro provincias que forman parte del actual colegio de León: Palencia, Zamora, Salamanca y la que le da nombre. Según fue aumentando el número de colegiados se fueron segregando zonas poco a poco para ser más eficaces y Palencia quedó adscrita en el actual. También ocurrió en otros lugares. Valladolid perteneció a Madrid y ahora integra el colegio de Castilla y León Este.

¿Cuántas personas forman parte actualmente de la delegación palentina del COAL?

Aproximadamente un centenar, pero no agrupamos a todos los arquitectos de la provincia. En Palencia hay más de los estrictamente colegiados, como los jubilados o los titulados que ejercen en otro campo profesional, como la enseñanza.

¿Qué funciones cumple el colegio? 

De cara a la sociedad, creo que una de las principales responsabilidades del COAL es garantizar que el trabajo solicitado está hecho por un arquitecto que tiene la titulación y formación adecuada. Viene así establecido en la legislación. También lleva a cabo otras acciones complementarias, como la colaboración con los juzgados cuando piden información, el mantenimiento de nuestro archivo con todos los proyectos y otros documentos que se van visando o los encuentros colegiales. 

Su predecesora en el cargo, Ana Espegel, llevó las riendas de la institución desde finales de 2020 hasta mayo de 2022. ¿Qué valoración hace de su periodo como presidenta?

Es una mujer extraordinaria y creo que ha hecho una magnífica labor. Ha trabajado muchísimo por el colegio. Es una arquitecta a la que le encanta la profesión.

¿Qué objetivos tiene en mente para los próximos años?  

Básicamente los mismos que dijeron en su día Ana Espegel o Pilar Díez (las anteriores responsables). La institución del colegio no ha cambiado significativamente. Hay que continuar la labor de mis predecesoras porque estaba perfectamente encajada en las necesidades del COAL. No va a haber diferencias significativas. También debemos seguir apostando por la formación de los arquitectos y tenemos que mantener el contacto con las administraciones públicas, porque es importante que haya una coordinación y un apoyo mutuos, y con otros colegios profesionales. Con el de Aparejadores siempre ha habido una conexión muy importante. 

¿En qué situación se encuentra el COAL a día de hoy?

El órgano en sí está en una situación bastante equilibrada en cuanto a los medios de que dispone y las acciones que desarrolla. Pero los profesionales, como ocurre en otros campos, tienen bastantes dificultades. No hay demasiado trabajo y el que hay es mucho más laborioso que el que se hacía hace años.  

 

La explosión de la burbuja inmobiliaria, la pandemia del coronavirus que nos mandó a todos a casa y el actual encarecimiento de las materias primas son tres de los desafíos más importantes que ha tenido que afrontar España en las últimas dos décadas. ¿Cómo han afectado estas dificultades a los arquitectos? 

A grandes rasgos, la demanda de profesionales antes de la crisis económica de 2008 eran de nivel cien. Después descendió a nivel cinco. Fue un impactante batacazo del que nuestra actividad y la construcción, con todo lo que implica a los demás gremios, no comenzó a reactivarse hasta hace unos cuatro años. Pero el cien anterior aún no lo hemos alcanzado y todavía nos queda mucho por andar. El parón provocado por la covid-19 se notó, pero no de manera tan dramática. 

Respecto a la subida de los materiales ya está repercutiendo en la construcción. En la obra pública hay bastantes intervenciones que se están quedando desiertas, cuando antes no ocurría. Es una situación atípica que se da por el temor del contratista a hacer un trabajo en unas determinadas circunstancias y que luego el mercado no mantenga los precios idóneos para terminarla. Esto está pasando ahora mismo con proyectos elaborados en el pasado. Si sigue todo igual nos afectará en el futuro a los arquitectos, pero las obras hay que seguir sacándolas, por lo que la única alternativa que veo es aumentar los presupuestos. En la promoción privada, los constructores mirarán con lupa en qué se van a meter. Ya se nota que se está ralentizando la actividad.

¿Qué retos tienen los arquitectos en la provincia?  

Alcanzar el nivel cien de antes de la crisis económica es uno de los desafíos que tenemos pendiente, pero esto no depende de la arquitectura, depende del conjunto de la sociedad. La evolución de la economía va a ir pareja  a nuestra actividad profesional. Por otro lado, los cambios de normas y reglas nos obligan a estar permanentemente al día. No nos queda más remedio.  

¿Qué reclaman los palentinos a los colegiados?  

Los habitantes de Palencia quieren fundamentalmente comprarse una buena casa para residir cómodamente. En este momento disponen de vivienda nueva y de segunda mano que debe ser rehabilitada o adaptada para ponerla al día. El precio de la primera es más elevado que el de la segunda, pero en esta también tienen que invertir dinero. Además, el comprador debe organizarse para hacer la reforma y llamar a un constructor. Esto conlleva un esfuerzo complementario. Generalmente, cuando se adquiere vivienda construida, el contacto entre arquitecto y comprador no existe, solo se produce en la vivienda unifamiliar. En este caso, el palentino reclama al profesional que lo entienda y que sepa trasladar sus ideas a un proyecto y que se las interprete de la mejor manera posible para sentirse cómodo con lo que le están planteando. Así pasa en muchos lugares. Palencia no es diferente a ciudades como Valladolid o Sevilla. 

Queda un tipo de vivienda, la social, que está en manos de la administración, que es la promotora. Aquí también hay trabajos de compañeros muy buenos.

¿Las instituciones tienen en cuenta al COAL?

Generalmente sí. Recientemente se produjeron unos encuentros entre la junta directiva saliente y el Ayuntamiento de Palencia para hablar de movilidad.  Además, la anterior responsable de la delegación participó hace poco en la Comisión Territorial de Urbanismo y Medio Ambiente. En algunos casos está reglada la presencia del colegio de arquitectos y tenemos que participar. También hay conversaciones con la Diputación. Considero fundamental la conexión con las instituciones. 

Una de las acciones más conocidas que el COAL impulsó recientemente es el programa Palomares de Palencia, que fue uno de los 184 trabajos seleccionados para los Premios de Arquitectura convocados por el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (Cscae). Además, hubo exposiciones vinculadas a este trabajo en varios puntos de la provincia. ¿Seguirán presentado propuestas como esta en el futuro?

El tema de los palomares palentinos es francamente interesante. Creo que se llevarán a cabo actividades similares porque en el colegio hay una cierta inquietud. No es una arquitectura oficial en el sentido clásico, es una arquitectura del pueblo, pero no por ello deja de ser arquitectura. Los palomares, como otros elementos, se están perdiendo y este trabajo viene a ser una especie de rescate para documentarlos, preservarlos en los casos que se pueda y que quede algo para que las generaciones futuras puedan conocerlos. Si las palomas y los pichones ya no se consumen, el palomar pierde su sentido, pero un grupo de compañeros hizo una gran esfuerzo para que no queden en el olvido.

Además, en octubre está prevista la colocación de una placa en un edificio de Palencia que recuerde la arquitectura del movimiento moderno. Estos inmuebles los usa la gente y que de alguna manera hay que destacar que estos edificios tienen valor. El movimiento moderno aparece en la arquitectura rompiendo con los moldes tradicionales para incorporar las nuevas técnicas y tecnologías de la construcción. Hay muchos edificios por Palencia de este estilo y muchas veces la gente no se da cuenta. Queremos revalorizar el trabajo que se hizo en aquella época porque permitió que se actualizaran los conceptos de la arquitectura. Lo que estamos haciendo actualmente es una continuación de aquello.

¿Qué otros edificios singulares de la provincia merecerían un estudio hecho a conciencia como el de los palomares? 

Si hablamos de arquitectura popular, que es un campo muy interesante y creo que tiene su encanto porque se utilizaban recursos que estaban al alcance de la gente, como el barro, y sin apenas tecnología, tenemos las casetas de las eras, que son sencillas pero han resuelto muchos problemas, y los corrales y los chozos, que se están perdiendo. La vivienda rural tradicional también está desapareciendo poco a poco, aunque este estudio es mucho más complejo porque hay que meterse en la casa de alguien. De las bodegas ya se hicieron trabajos hace años.

¿Ha cuidado Palencia su arquitectura a lo largo de la historia? 

No se ha librado de lo que ha pasado en otros lugares. Hemos tenido un periodo importante a principios de siglo XX en el que los edificios perdieron cualidades de manera paralela a la caída de la economía del país. De repente, en la década de los 50 y 60 descubrimos que podíamos hacer edificios de más altura y más resistencia. Eso se llevó por delante una arquitectura que en otros países no se había perdido. En Portugal y en Europa central lo respetan más. Da igual que sea una catedral o que sean unas viviendas. Ahora estamos empezando a cambiar. Hay más sensibilidad por conservar la arquitectura de la ciudad, que también es paisaje urbano. 

¿Se reconoce la labor de los arquitectos palentinos o las personas que se hacen una casa en la ciudad llaman a colegiados de otros lugares? 

No. Lo normal es que si tienes un trabajo o una obra en Palencia, generalmente buscas a gente de aquí. Esto no quiere decir que no puedan venir arquitectos foráneos por temas familiares o porque haya un concurso y se hayan presentado profesionales de otros lugares. 

¿Es necesario  modificar el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de la capital?

Cosas puntuales. Pienso que un  PGOU tiene que mantener las directrices básicas de una manera más o menos estable y adaptarlo puntualmente según van evolucionando la población y sus necesidades. Si se diera una situación extraordinaria que fuera importante y significativa, sí. Ahora mismo creo que no existe.

¿De qué otros lugares podría aprender Palencia?

De Burgos. Es la provincia de Castilla y León que consigue entre el 40 y el 50 por ciento de las ayudas de la Junta para la mejora térmica de los edificios. ¿Por qué?¿El 40 o 50 por ciento de la comunidad son burgaleses? No, pero ellos lo están gestionando bien. Estoy convencido de que si funciona tan bien es porque  se ha generado una cultura en el ciudadano que provoca eso.Saben que si lo hacen tendrán una repercusión económica muy potente. Las ayudas sirven de estímulo para mejorar las condiciones de los edificios. En eso, Burgos es ejemplar. Palencia es menos fría que la capital burgalesa, pero no por eso es una ciudad cálida. Nos llevan ventaja. Aquí también se ha hecho en algún lugar, como en las Casas del Hogar. Tras la rehabilitación, el consumo de una vivienda unifamiliar pasa de un nivel cien a otro de veinticinco.

¿Y al contrario?

Sí, se podría aprender de muchas ciudades, pero también hay otras lugares que deberían aprender de nosotros. Palencia es una de las capitales con más espacios verdes. Las ciudades pequeñas tiene cosas interesantes. El problema que tienen es la baja oferta de trabajo, que es lo que hace que las localidades crezcan.

Palencia, como otras provincias pequeñas, está perdiendo habitantes. En muchos casos, vecinos muy bien formados han tenido que emigrar para trabajar de lo suyo. ¿Hay empleo para los futuros arquitectos que apuesten por estas tierras?

Creo que no lo tienen fácil. La oferta de trabajo y la profesional no es paralela. Hay más de la segunda que de la primera, pero no solo pasa en la arquitectura.También ocurre en otros ámbitos laborales, como en el periodismo...

¿Y en el medio rural?

Hay compañeros en la provincia que se han asentado en pueblos y tienen una clientela en su entorno. Quizá allí está más equilibrada la oferta y la demanda de profesionales.