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Ilia Galán

Ilia Galán


Llegando el verano

13/06/2022

Cae la calima con rayos africanos dorando las mieses que van recogiéndose, obligando a refugiarse en las horas en que el sol está más alto y nosotros pareciéramos más bajos, más hormigas, en un globo que diríase ardiente, girando espacios desolados. 
Se ofertan ya cuatro mil cuatrocientas plazas para actividades veraniegas en la capital y es que el descanso estival, anhelado ya, y casi pensado con gran normalidad, no debe ser para perder el tiempo sino tal vez para descansar quien pueda veranear; podemos descansar aprendiendo, relajar la mente mientras practicamos deportes y nos fatigamos de otros modos, meditar sobre nuestras vidas, reencontrar a los familiares, a los amigos que el ajetreo impidió muchas veces. 
El verano es en Palencia un periodo que en el norte logra su mejor clima, cálido al mediodía, fresco las noches, facilitando el reposo. En el sur, el sol intensifica el ardor de sus rayos y no lo hace tan cómodo, salvo con la cercanía de los baños. 
Hay un deseo de retornar a la vida alegre, a las fiestas de nuestros pueblos, a los abrazos, aunque el virus sigue acechándonos, pero a la mayoría ya nos produce menos temores. Deseamos que vuelvan los peregrinos a hacer el Camino que hacia Santiago conduce y vuelve, entre leyendas; añoramos los turistas, las terrazas y bares rumorosos, aprovechando el buen tiempo pues no sabemos qué vendrá, con las lejanas guerras y los rumores de crisis económicas en ciernes. Y haremos bien pues el invierno volverá a encerrarnos en las casas, a aislar a muchos, a recogerse junto a ordenadores o televisores que desordenan nuestra mente impregnada de pensamientos dementes, los que llenan nuestras redes de comunicaciones. 
Y también es buen tiempo para pasear la mañana temprana o al caer la jornada, para meditar o entrar en la fresca soledad, de Dios acompañada, de una iglesia que nos recoge, que nos acoge.
Preparamos el verano y lo vivimos tal vez como si luego no hubiese otro y otro... Pero así es la vida cotidiana, dicen los sabios que convendría vivir, con paz, reconciliados con los demás y con nosotros, como si fuese nuestro último día.