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Editorial

El relevo generacional sigue sin llegar a la agricultura

Diario Palentino
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El Censo Agrario revela una dura realidad: el cierre de explotaciones y la pérdida de superficie cultivada

No son solo las crisis económicas ni los cambios en los gustos de los consumidores y, por lo tanto, del mercado, que también. A esto se suma la imparable subida de los costes de producción, las restricciones que impone la PAC a determinados cultivos y superficies y algo que, a primera vista, puede parecer baladí, pero que no lo es, como el exceso de papeleo y burocracia que exige la puesta en marcha de una nueva explotación. Si, además, los precios que perciben los agricultores por sus productos apenas compensan las inversiones en semillas, riegos, fertilizantes y maquinaria, con lo que la rentabilidad no está garantizada, se entenderá mejor que el campo siga sin relevo generacional. Cierto es que la alta mecanización de las faenas agrícolas, incluso la precisión a la que se tiende con programas informáticos, aplicación de algoritmos y utilización de drones, por citar solo algunos ejemplos, resta horas de trabajo a una actividad que hace décadas requería una mayor dedicación, pero la dependencia de la climatología y la sujeción a circunstancias supraregionales y supranacionales, no invitan precisamente a escoger el sector primario como opción profesional.

 Estas son algunas de las causas que, cada una por sí sola, o combinadas, dificultan la llegada de jóvenes al campo palentino, un problema que cabe hacer extensivo al resto de la comunidad y a buena parte de la España interior. La realidad es tozuda y los datos incontestables: en algo m ás de una década Palencia ha perdido casi cincuenta mil hectáreas, quedándose la superfice cultivada en poco más de 605.000, con un importante peso específico del cereal en grano. En cuanto a las explotaciones agrícolas, han desaparecido en este tiempo mil, dejando un censo cercano a las seis mil. No es una buena noticia, aunque caben matices, como en el caso del cereal que ha visto disminuido el número de fincas, pero cuya superficie ha aumentado. Pero, más allá de esas apreciaciones, el nuevo Censo Agrario lo que hace es poner de relieve lo que hemos reiterado por activa y por pasiva, y que no es otra cosa que el acusado envejecimiento de la población y el vaciamiento de parte del medio rural por la falta de oportunidades. 

Y es que si a los jóvenes interesados en trabajar en el sector primario se les ponen trabas que dificultan el emprendimiento, a buen seguro que dejarán el pueblo y buscarán en otras provincias y comunidades lo que aquí no se les ofrece. Y si a los agricultores -y también a los ganaderos- en activo se les exige calidad y el cumplimiento de unos estrictos parámetros de seguridad alimentaria, pero no pueden rentabilizar su producción, es previsible que cierren las explotaciones o que las reduzcan al mínimo. Ni se puede ni se debe trabajar a pérdidas. Nunca. Menos en el campo, indispensable para nutrir a la población.