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Froilán de Lózar

La madeja

Froilán de Lózar


Nunca nos quitarán la libertad

08/07/2022

En 1582 Miguel de Cervantes escribió El cerco de Numancia. Entiendo que buena parte de lo que escribió es lo que nos contó la guía ante las ruinas de Numancia. La memoria estaba más fresca. Tres siglos más tarde, en 1881, el pintor Alejo Vera y Estaca que había nacido en Viñuelas (Guadalajara), pintó el cuadro titulado: Los últimos días de Numancia. Lo acaecido en Numancia es una especie de faro de la memoria al que regresamos de vez en cuando, por temporadas. Necesitamos convencernos de que nadie es invencible y mandan lo mejor de las legiones para romper el cerco. Los numantinos aguantan estoicamente el ataque hasta que Roma decide aislarlos. Pero no se entregan ni se rinden. «Lo pasaremos mal, perderemos muchas cosas, pero no dejaremos que se lleven todo a precio de ganga». Es un poco lo que sucede con Ucrania, que Rusia echó la cuenta mal, calculó la rendición en unas horas, como mucho, en unos días, y se llevó el gran batacazo. Porque no hay enemigo pequeño. «Si alguien viene a conquistarnos, no lo va a tener fácil. Y no permitiremos que nos paseen como trofeo; antes, nos daremos muerte».
Es significativo que ahora, en muchos de estos escenarios, te den a elegir el final que más te guste, porque en realidad, salvo restos de ajuares y herramientas que se van encontrando, no hay nada que certifique que allí paso lo que dicen, tal y como lo cuentan, de manera que la historia se puede inclinar del lado de los espectadores, incluso con triunfo de los perdedores que, a toro pasado, tantos siglos encima, no se mide el dolor sino la gesta, la firme decisión de defender lo poco que tenemos hasta la muerte. A finales del siglo XIX, Alejo lo retrata de nuevo, exaltando la insumisión de los numantinos hasta el punto de suicidarse colectivamente para no ser llevados a Roma y ser exhibidos como trofeo y para los más críticos está lejos la imagen de Numancia, que era un asentamiento modesto y las armaduras de los romanos son de siglos más tarde. Pero la superioridad es aplastante, de ahí que se nos permita utilizar todos los argumentos, también los fantásticos, para aseverar que, aunque perdamos la vida -gritaremos como William Wallace en Braveheart- «nunca nos quitarán la libertad».