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Autonomía y sostenibilidad

Jesús Hoyos
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Los caminos escolares comenzaron hace varios años, pero la pandemia los paró en seco. Colegios y ampas tratan ahora de recuperar una iniciativa que favorece la independencia de los niños y los hábitos saludables, aunque piden más apoyo institucional

Los chalecos amarillos son uno de los sellos distintivos de los caminos escolares. Una prenda que a los niños les gusta llevar para «sentirse mayores». - Foto: DP

Es una iniciativa que goza de enorme popularidad en otros países europeos y que se practica con éxito en varias ciudades y pueblos de España para favorecer la autonomía e independencia de los niños y una mayor sostenibilidad medioambiental al reducir el uso del coche y fomentar la actividad física saludable. En Palencia, han sido numerosos los intentos de poner en práctica los llamados caminos escolares, un proyecto iniciado en 2018 en colegios como el CEIP Jorge Manrique, CEIP Sofía Tartilán o Nuestra Señora de la Providencia, que la pandemia de covid frenó en seco.

Por aquel entonces, el Ayuntamiento concedió becas a estudiantes de Magisterio y Educación Social para que acompañaran a los niños, una labor que dependía del grupo, su movilidad, sus edades y la implicación de las familias. Y es que esto último es una de las claves para el éxito. «Se trata de enseñar a los niños, no pretender que el Ayuntamiento ponga gente que los lleve y pueda desviar la responsabilidad», comenta a DP Víctor Muniosguren, profesor del CEIP Padre Claret. «El pensamiento debe ser que, si somos vecinos, nuestros hijos vayan juntos; es decir, colaboración y autogestión. Las familias no lo hacen tanto por la conciliación, que también, sino porque piensan que es positivo para sus hijos que vayan acompañados y relajados», añade. Además, favorece las relaciones sociales del pequeño al ir al colegio con amigos y compañeros y hace que aprenda a moverse por la ciudad de manera progresiva. Muniosguren señala, como otro punto positivo, que «la ciudad reduciría el tráfico en los entornos escolares en unas horas en las que la circulación es muy intensa y las carreteras se llenan de ejemplos poco deseables, como paradas en doble fila y poco seguras para los niños».

En su colegio, los caminos escolares se reactivaron el pasado noviembre, con unas 12 familias que se autogestionan y se turnan en la vigilancia de los niños, a través de dos rutas, una que parte de la plaza de los Dulzaineros y otra del barrio de Santiago. Lo han hecho por iniciativa del profesorado y gracias al apoyo de la Facultad de Educación de la Universidad de Valladolid.

La profesora María Tejedor colaboró en el primer intento de puesta en marcha y ayuda ahora a los centros que solicitan información para sus profesores y para las familias a través de jornadas de sensibilización. «Los niños y los adolescentes son muy dependientes de sus padres debido a la sobreprotección de estos y el miedo que tienen a que vayan solos. Les dejamos que estén conectados a Internet y que jueguen en casa, pero no en la calle; ir y volver del colegio es un camino fácil y seguro en el que empiezan a ser autónomos», explica la profesora del Departamento de Pedagogía. «Es seguro si las administraciones acompañan dibujando esos caminos escolares y cortando calles a determinadas horas, y si el comercio y la Policía Local apoyan en los cruces y pasos de cebra», subraya. Han mantenido varias reuniones con representantes del Ayuntamiento sobre una cuestión que ha ido dependiendo de varias concejalías. La última, la de Tráfico, «pero la cosa se ha quedado parada». «Parece que sí quieren apoyarlo, pero falta coordinación con las de Infancia y Medio Ambiente. Deberían implicarse, aunque también es cierto que, con la pandemia, ha sido difícil», reconoce.

A las medidas que propone Tejedor, que no necesitarían de partida presupuestaria, Muniosguren añade la posibilidad de modificar la temporización de los semáforos en la entrada y la salida de los colegios. «Para cruzar la avenida de Cardenal Cisneros tienes que esperar 68 segundos y hacerlo en 12. Eso no anima, y si voy en coche puedo aparcar mal en la puerta», denuncia. 

 

Más apoyo institucional. En este sentido, ambos piden una mayor colaboración institucional «y que el Ayuntamiento tome conciencia». «En Palencia queda mucho por hacer si nos comparamos con Pontevedra, Gijón o Madrid», destaca. La implicación de las familias es importante, «pero son los niños los que realmente tiran del carro, están encantados». «Cuando empiezan a hacerlo, lo disfrutan y arrastran a los más pequeños. Están muy motivados», subraya. En la misma línea, Víctor Muniosguren comenta que a los niños «les gusta ponerse el chaleco, prescindir de sus padres y asumir la imagen de que ya son mayores». «Van más activos a clase, hablan con sus amigos y se responsabilizan de su material; no es lo mismo que soltarles en la puerta del colegio», asegura para denunciar a renglón seguido que «somos muy conservadores y nos da miedo el cambio». Él también pone como ejemplo que, en otras ciudades como Huesca, «su Ayuntamiento recaba voluntarios para que colaboren». «Aquí somos Ciudad Amiga de la Infancia, pero no veo que haya muchas cosas reales a favor de ella», manifiesta.

Además de la mayor autonomía, «que cada vez parece que tienen menos», existen otros beneficios, a su modo de ver. Hacen más actividad física, se es más sostenible y también se contribuye a la «vida de barrio». «Su rendimiento académico en las primeras horas de clase es mejor porque llegan más despiertos», añade. Muniosguren también lo relaciona con la, a su juicio, falta de espacios suficientes para el ocio de los más pequeños. «Las alternativas que tienen son pocas, no hay parques infantiles a ambos lados de la calle Mayor, por ejemplo. Más de 20.000 personas vivimos en el centro y tienes que irte hasta el Salón o hasta los Jardinillos; los niños necesitan manipular, ensuciarse y perder el miedo», comenta.

 

Próxima incorporación. Los próximos en sumarse serán los estudiantes del CEIP Ave María. Lo harán a la vuelta de Semana Santa, tras lanzar una encuesta en el centro por iniciativa de la AMPA. Su presidenta, Elisa Hermano, adelanta que seis familias con niños de entre 4 y 10 años se organizarán a través de dos rutas (desde el inicio de la calle Ramón de Campoamor y desde la avenida de Derechos Humanos), pero esperan que, cuando el proyecto esté implantado, sean más las que se sumen.

En su caso, el objetivo que se marcan es que vayan andando al centro y que «se forme una comunidad». «Echamos de menos esa sensación de que todos pertenecemos al mismo barrio y al mismo colegio», expresa. «Agradecemos encarecidamente a la Universidad y a María Tejedor la información que nos ha dado porque el proyecto se había quedado atrás por la falta de ayudas públicas. Instamos al Ayuntamiento a mantener este tipo de iniciativas, necesarias para una ciudad que se dice de la Infancia», concluye Elisa Hermano.