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José María Ruiz Ortega

Estampas rurales

José María Ruiz Ortega


San Isidro Labrador

14/05/2022

Mañana conmemoramos y festejamos a San Isidro Labrador, un labriego mozárabe, pocero, zahorí y hacedor de lluvias. Lejos de lo que se pudiera imaginar a simple vista, la historia de San Isidro se sale de lo común en el santoral de España. En un tiempo durante el cual la mayoría de santos respondían al perfil de eclesiásticos y hombres de familia noble. Nos encontramos con un hombre casado, siervo, de los llamados 'hombres del campo' y alcanza la santidad popular a través de milagros de naturaleza agrícola. Un hecho que ha llamado enormemente la atención de los historiadores y los estudiosos de los mitos, hasta el punto de identificar en él elementos más propios de la religión musulmana que del cristianismo.
Nos situamos el año 1080, en el Mayrit musulmán perteneciente a la Taifa de Toledo del emir Al-Qádir, fecha del nacimiento de San Isidro. Es cuando Alfonso VI, rey de Castilla, León y Galicia, entra en la ciudad de Toledo (6 de mayo) previo pacto con los sectores influyentes de la población musulmana. Se rinden de forma incruenta, lo que permite que, a partir de este momento, convivan juntas las tres grandes culturas medievales: musulmana, cristiana y judaica, que resulta un enriquecimiento para el pensamiento de la época. Por las crónicas que reconstruyen la vida de San Isidro, realiza milagros de carácter conciliatorio entre religiones y promulga méritos de convivencia, singulares en esa época.
Según la tradición, el santo se apareció a Alfonso VIII en forma de pastor para guiar a las tropas del rey sin ser vistos por los almohades y poder atacarles por sorpresa. Era 16 de julio de 1212 y los cristianos, después de vencer en la famosa batalla de las Navas de Tolosa, buscaron al pastor para agradecer su ayuda, pero nunca lo encontraron. Cuando Alfonso VIII pasó por Madrid y visitó la iglesia de San Andrés, al ver el cuerpo incorrupto del santo le reconoció y exclamó: «Este es el pastor que nos enseñó el camino y nos llevó a la victoria». Después de tantos años, la figura y virtudes ejemplares de San Isidro está vigente en los labradores. En 1960, Juan XXIII lo declaró patrono de los agricultores españoles.