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El carbón duplica su precio y se paga ya a 700€ la tonelada

Rubén Abad
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La guerra entre Rusia y Ucrania, de donde llegaba el 90% del suministro, ha cortado el tráfico de barcos con destino a los puertos del Cantábrico. La leña y el pellet también se han encarecido

Un vecino del medio rural prende su bilbaína. La antracita dura aporta más calor y su duración es mayor. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

Los palentinos se enfrentan a un invierno especialmente complicado, con el precio por las nubes de los combustibles que abastecen las calefacciones. Al ya sabido encarecimiento del gas y el gasoil, se suma el de otra fuente muy extendida por la provincia, especialmente en la Montaña Palentina, el carbón.

Si el mineral se pagaba en los inicios de la pasada campaña a 260 euros la tonelada y a 400 al final de la misma, en la campaña actual el precio oscila entre los 500 y 700 euros, depende el tipo y calidad de la piedra. El motivo de este incremento hay que buscarlo en la guerra entre Rusia y Ucrania, desde donde llegaba el 90 por ciento del suministro, que ha cortado el tráfico de barcos con destino a los puertos del Cantábrico, principalmente Gijón.

«Hay muy poco carbón, casi nada. No llega y lo que queda es lo que los proveedores tenemos almacenados», subrayan uno de ellos del norte de la provincia. Estos explican, además, que si bien antes se utilizan barcos relativamente pequeños, «ahora son necesarios cargueros de enormes dimensiones de 30.000, 40.000 o más toneladas para que el viaje sea rentable».

El tipo de carbón empleado depende de la calefacción y la zona. En las comarcas de Guardo, Cervera de Pisuerga y La Peña los vecinos se decantan más por la antracita dura (la que se producía en minas de la zona como San Claudio o Antracitas de Besande, por ejemplo); mientras que en Barruelo de Santullán y su entorno son más de antracita blanda y hulla. 

¿La diferencia entre ambos? El número de materiales volátiles (más en el blando), lo que se traduce en mayor volumen de escoria. La dura apenas deja cenizas, produce mucho más calor y este es mucho más duradero.

Esta escasez se ha dejado notar también en las conductas de los palentinos, que son este año mucho más previsores. Antes, lo normal era que los usuarios llenaran sus carboneras sobre el mes de septiembre y este año, en previsión de que podía faltar, como así está ocurriendo, comenzaron a hacer acopio ya en verano. Para los pisos, con una o dos toneladas es suficiente para pasar el invierno, pero en las casas de pueblo pueden ser necesarias hasta diez. «Vamos intentando servir a todos, dando prioridad a los clientes habituales», afirman los distribuidores, quienes aseguran que el carbón se sigue usando «más de lo que la gente se imagina».

También han subido los portes como consecuencia directa del encarecimiento del gasóleo. Las empresas que reparten carbón a domicilio han intentando mantenerlos en la medida de lo posible, «pero nos ha sido imposible», se lamentan. Costes que, en cualquier caso, dependen de los kilómetros que se han de subir y cómo se sirve el carbón: a granel, en sacos o en sacas. 

Desde el sector afirman que una hipotética reapertura de las minas de la cuenca palentina sería suficiente para abastecer a la población, además de para suministrar a la industria que aún consume carbón. «Somos solo tres carboneros en la comarca de Guardo y no damos a basto para cubrir toda la demanda», ponen de manifiesto a este periódico.

OTROS COMBUSTIBLES

La madera igualmente escasea y, por tanto, también ha subido de precio: de 12 a 16 céntimos el kilo (160 euros por tonelada frente a los 120 de hace un año). Entre los incendios y demás contratiempos del pasado verano, la leña que  llega «no da para todos los clientes», explican los distribuidores.

Otro combustible muy utilizado en los hogares palentinos, el pellet, ha duplicado su precio durante el último año: de cuatro a aproximadamente ocho euros el saco de quince kilos, dependiendo del comercio. Ademas, este producto tiene un problema añadido, las empresas que lo fabrican están exportando más material de lo que se queda en España, principalmente a países como Alemania.