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El Cristo de Medinaceli recupera su tradición

Carlos H. Sanz
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Tras la suspensión del año pasado, la iglesia de San Miguel acogió el besa-cordón

Los fieles expresaron su devoción ante la talla del siglo XVII. - Foto: SARA MUNIOSGUREN

El primer viernes de marzo, la iglesia de San Miguel congregaba desde 1934 a miles de personas deseosas de mostrar su devoción al Cristo de Medinaceli. Una tradición que, como otras muchas, alteró el coronavirus. En 2020, esta fue una de las últimas celebraciones religiosas que tuvieron lugar antes de que la pandemia alterara el día a día de los palentinos y fue también la primera que adoptó medidas de seguridad sanitaria, al sustituir el ósculo por una reverencia sin contacto.

En 2021, la Archicofradía de Jesús de Medinaceli decidió suspender por primera vez en su historia su tradicional besacordón. La provincia salía de una tercera ola que disparó los contagios y el número de fallecidos en la provincia.

Pero este año, con la situación sanitaria prácticamente controlada, los fieles por fin pudieron regresar a la iglesia de San Miguel para mostrar su devoción. Es cierto que no se repitieron las colas que otrora llegaron a convocar a más de 10.000 personas ante la figura de Cristo; que el besacordón, de momento, sigue sin poder hacer honor a su definición, pero también lo es que la admiración por Jesús de Medinaceli sigue viva en la ciudad. 

Los hermanos de la archicofradía escoltaron la talla, de autoría anónima, de pequeño tamaño pero de gran calidad y que data del siglo XVII, mientras un goteo incesante de fieles pasaban a sus pies. Dice la tradición que hay que rezar una oración, pedir tres deseos, entonar tres padrenuestros y besar el cordón o, en este caso, hacer una reverencia. Si funciona, el año que viene volverá a repetirse la tradición.