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La provincia acusa la caída de natalidad más grave del país

Carlos H. Sanz
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En 2021 nacieron 723 bebés, un 23% menos que el año anterior, aunque hay más mujeres en edad fértil

Entre 2017 y 2020, la tasa de nacimientos pasa del 6,63 a un 5,89 por cada un millar de palentinos. - Foto: Patricia González

Durante el año pasado nacieron en la provincia un total de 723 bebés. El dato lo ha avanzado el Instituto Nacional de Estadística y confirma el augurio que anunciaron en diciembre del año pasado las cifras definitivas de 2020: «Se está produciendo un desplome que tendrá consecuencias».

Así lo analizó el sociólogo Javier Gómez Caloca, quien pone cifras al desmoronamiento de la natalidad en la provincia. «La caída relativa respecto al año anterior es del 23% y no encuentra parangón en ninguna otra provincia española. Sobre 2019 la reducción es del 22%», especifica.

El contexto a nivel nacional es el siguiente. En el conjunto de España, hay una veintena de provincia -21 para ser exactos- en la que crecen los nacimientos. Tres están por encima del 10%, Teruel (12,18%), Huesca (14,65%) y Córdoba (17,36%).

La media nacional refleja una caída del 0,62% respecto al año anterior, y las provincias con caídas por encima del 5% solo encontramos -sin contar Ceuta y Melilla- a La Rioja (-9,2%), Soria (-7,29%), Toledo (-7,15%), Valladolid (-6,98%), y Bizkaia (-5,34%).

«Todas muy alejadas de la brutal caída de nuestra provincia», llama la atención Javier Gómez Caloca. De sus datos se extrae también que el desplome en el último lustro alcanza el 32,8 por ciento, y eso que en 2017 y en 2020 hubo más nacimientos respecto al año anterior.

La situación cobra mayor gravedad si se analiza el contexto. «En 2021, Palencia era la quinta provincia con menos habitantes, sin embargo es la subcampeona negativa en nacimientos. Solo Soria, con 88.747 habitantes y 548 nacimientos, aporta menos. Nosotros con 159.123 habitantes nos quedamos en 723 nacimientos. Hemos tenido menos nacimientos de los que corresponderían a nuestro peso poblacional», sostiene Gómez Caloca.

Antedecentes. Si se analiza la tasa bruta de natalidad, es decir, el número de nacimientos por cada 1.000 habitantes, los datos desvelan que la provincia venía registrando una natalidad por debajo de la española pero en el entorno de la de Castilla y León hasta 2021.

Entre 2017 y 2020, pasa del 6,63 a un 5,89 nacimientos por cada un millar de palentinos, mientras que en la Comunidad es del 6,4 al 5,7 por mil habitantes.

«El año pasado, la tasa cae al 4,58, un punto por debajo de la tasa de la Comunidad, que es del 5,45», explica el sociólogo palentino, un proceso para el que ofrece dos posibles causas.

«En primer lugar, está la menor proporción de mujeres en edad fértil, a lo que se suma un menor número de hijos por mujer, que es un indicador muy relacionado con la proporción de mujeres inmigrantes, que presentan pautas de fecundidad más elevadas», describe Javier Gómez Caloca.

«La proporción de mujeres inmigrantes en edad fértil es en Palencia la mitad que en el conjunto de España», concreta Gómez Caloca, que señala también que «el número de hijos por mujer está por debajo de la media nacional y, desde 2018, también es menor en Palencia que en la Comunidad». 

Los datos son los siguientes: el número de hijos por mujer, según el indicador coyuntural de fecundidad del INE, ha pasado de 1,19 en 2017 a 1,13 en 2020 (aún no hay datos de 2021). 

«Sin embargo, esta caída de los nacimientos no se produce por razones demográficas, puesto que el número de mujeres en edad fértil en la provincia -las que tienen entre 20 y 45 años- se incrementó en en 2021, y porque la proporción de extranjeras también creció el año pasado», advierte Javier Gómez Caloca.

De hecho, de las 23.669 palentinas con edades entre los 20 y lo 45 años, el 9,99% son extranjeras, cuando hace cinco año la cifra estaba en el 7,99 por ciento.

la conclusión. Si no hay menos nacimientos porque haya menos mujeres, la explicación para el sociólogo palentinos solo puede estar en «la percepción subjetiva de la situación socioeconómica de la provincia».

«Cuando en una sociedad como la palentina, sin que se produzca una brusca caída del número de madres potenciales, ni un cambio radical de sus características socioeconómicas, se produce un bloqueo de la natalidad en el segundo año de pandemia como el que hemos conocido, seguramente nos encontramos ante una población joven que no ve futuro en la provincia», opina el sociólogo de cabecera de DP.

«Tal circunstancia hace prever que tenemos en Palencia un embolsamiento de emigración potencial de jóvenes en busca de futuro donde estimen que pueden encontrarlo, cuyo volumen es difícil de estimar», añade.

En este sentido, Javier Gómez Caloca cree que más allá de ahondar en los indicadores económicos de la provincia para explicar este comportamiento como sociedad, «un fenómeno demográfico tan agudo, solo se explica por un clima social de pesimismo». Dicho de otra forma, hay una «valoración negativa del mañana de la provincia» que está afectando al comportamiento de los palentinos.

«Tener un hijo es una apuesta de futuro, y puede que algunas jóvenes de la provincia estén demorando esta decisión a la espera de un proyecto migratorio de éxito», sentencia.

 

«Es una señal de alarma y un grito de auxilio»

La caída brutal de la natalidad es una señal de alarma, un grito de auxilio del cuerpo social reclamando el derecho al futuro. En la decisión de tener hijos interviene tanto lo personal como lo social; lo material y lo inmaterial; lo económico y lo sentimental, incluso lo religioso y lo secular. El balance en Palencia resulta negativo para las mujeres de la provincia y, en su caso, para sus parejas. En general la población no tiene los hijos que declara en las encuestas que desearía tener. A medida que la inversión en los hijos es más costosa (en tiempo y recursos) el balance es más pesimista. 

Una caída de los nacimientos  del 23% interpela a los poderes públicos con responsabilidades en la provincia. Los jóvenes no ven futuro en Palencia ¿Hay algo peor? Y una advertencia final: nada de esto se resuelve con cheques-bebé u otras subvenciones a la natalidad, que solo sirven para la tranquilidad de conciencia de las instituciones. Las jóvenes no quieren limosnas. La respuesta es servicios públicos robustos de apoyo a la conciliación, una lectura sagaz de nuestro territorio y una gestión inteligente de las oportunidades.