Dulces y bailes de Pascua

Fernando Pastor
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/ Cerrato insólito

Dulces y bailes de Pascua

El Domingo de Resurrección lo principal era la procesión del Encuentro, en la que sale la Virgen al encuentro de su hijo resucitado. 

En Reinoso de Cerrato los hombres y las mujeres iban por caminos diferentes y confluían en el lugar del Encuentro.

Sin dejar de tocar las campanas, a la imagen de la Virgen se le cambiaba el velo negro de luto por otro blanco; en Canillas de Esgueva se lo retiraba el alcalde ejerciendo de mayordomo.

En cada localidad remataban la procesión de una forma. Por ejemplo en Astudillo con un revoleo de estandarte.

Dulces y bailes de PascuaDulces y bailes de PascuaEn Cevico de la Torre colgaban de unas cuerdas tendidas en las calles a gran altura monigotes a los que ponían bolsas llenas en la mano parodiando el suicidio de Judas Iscariote.

Era día de fiesta y de comidas, y los quintos tenían protagonismo, como en Villafruela, donde ya desde el viernes organizaban actos festivos. 

O en Renedo de Esgueva, donde los quintos iban por las casas pidiendo dinero o rosquillas de palo que luego repartían en el salón de baile. 

Dulces y bailes de PascuaDulces y bailes de PascuaEste baile de pascua se celebraba en numerosas localidades, por la noche, y los mozos que quisieran llevar a una moza tenían que pedir permiso al padre de la chica en cuestión, y si lo obtenía debía responsabilizarse de ella y acompañarla de vuelta a casa al finalizar la función. Con frecuencia para burlar el trámite del permiso paterno las chicas salían de casa con sus hermanos mayores y en el baile ya se reunían con su pretendiente, quien a cambio invitaba a algo al hermano.

En Villaviudas también iban pidiendo comida o dinero para comprarla. Lo hacían en un carro y con un pianillo del baile de la familia Ausín.

Lo de hacer este día rosquillas de palo y en general otros dulces, denominados de forma genérica como dulces de Pascua, también era común en todo el Cerrato.

Dulces y bailes de PascuaDulces y bailes de PascuaEn Villahán lo llamaban Pascua rosquillera. Acudían de los pueblos de alrededor a hacer allí las rosquillas, y el pueblo de Villahán ponía el horno y los ingredientes. Era tal la importancia de las rosquillas que las colocaban también en el manto y las ropas de las imágenes de la Virgen y de Cristo.

En Vertavillo se denominaba Comer la rosquilla. Las hacían en la panadería, pero con los ingredientes que llevara cada vecino. Cuando estaban hechas se las llevaban a casa para bañarlas con lo que se conocía como el unte, hecho con azúcar y clara de huevo montada. Entre las rosquillas hacían algunas con la forma de la letra inicial del nombre de algún niño, y se decía comer la letra. También hacían la culebra, rosquilla con forma de serpiente enroscada.

En Palenzuela rondaban a las chicas con un acordeón y una guitarra, y recibían rosquillas, pastas o dinero. Luego las degustaban todos juntos en la era.

En Alba de Cerrato aprovechaban para hacer canastas enteras de rosquillas y dulces, para tener todo el año. Sin embargo, en una casa apenas si llegaban hasta el verano, ya que había un niño, Jerónimo, muy goloso, que cuando no le veían las comía compulsivamente, por lo que su madre, que observaba cómo desaparecían, las cambió de las canastas a unos pucheros, pero él espiaba para ver dónde las guardaban y continuaba devorándolas, por lo que en una ocasión su madre las volvió a cambiar de nuevo de ubicación metiéndolas en orinales. Eran orinales sin estrenar, guardados para ser usados, en una época en la que no había baños en las casas.

Las meriendas con embutidos y refrescos reflejaban el fin de la abstinencia.

En algunas localidades también celebraban el Lunes de Pascua, sobre todo para comer lo que había sobrado de las meriendas del Domingo de Resurrección. 

En Fuentes de Valdepero el Lunes de Pascua se celebraba el Día de la rosquillas. Los mozos rondaban a las mozas acercándose a su domicilio cantando. Las chicas debían salir a la puerta a escuchar la ronda que les estaban dedicando, y su familia ofrecía rosquillas a los rondadores, además de darles diversas viandas y dinero para que por la tarde hicieran una merienda. 

Si a alguna chica rondada le daba vergüenza salir (pues suponía reconocer que tenía pretendiente), su madre no daban nada a los rondadores. Entonces estos cantaban de nuevo pero con letras muy críticas hacia ellas. 

Algunas veces los mozos llevaban un organillo montado en un carro tirado por un burro, tocando por las calles para que la ronda fuera mucho más musical, y les servía también de excusa para sacar a bailar a las chicas rondadas.

En Castrillo de Onielo ese día comían rosquillas y bebían gaseosa.

En otras localidades, como Encinas de Esgueva, las celebraciones continuaban varios días más, y en Alba de Cerrato hacían merienda incluso el domingo siguiente, al que llamaban Domingo de Pascuilla.