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Hospitalidad y búsqueda religiosa en Villalcázar

Juan López (ICAL)
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La Orden de Malta gestiona el albergue del municipio palentino, que puede hospedar hasta a 30 peregrinos del Camino de Santiago

La devoción al apóstol Santiago, la espiritualidad por saber más sobre uno mismo y la intención de hallar la paz interior son algunas de las razones por las que miles de personas realizan el Camino de Santiago todos los años. La provincia palentina es una de las que forman parte de este trayecto, y que cuenta además, con varios albergues para hospedar a los numerosos peregrinos.


Tradicionalmente la Orden de Malta ha estado presente en dos puntos muy concretos del itinerario jacobeo, uno casi en su inicio, el albergue de Cizur Menor y otro en su verdadero final, el puesto de socorro de la catedral de Santiago. Con este proyecto, surge un tercer lugar de referencia a mitad del camino, gracias al Ayuntamiento de Villalcázar de Sirga, quien ha dispuesto su albergue municipal para que sea gestionado y atendido por la Orden de Malta España.


El albergue de la localidad terracampeña solo está disponible para peregrinos con credencial y está situado detrás del Ayuntamiento. Admite un total de 30 visitantes y abre de 12,00 a 22,00 horas. Además, tiene la posibilidad de salir una vez haya cerrado.También, dispone de un botiquín para primeros auxilios y tratamiento de heridas leves.

Gonzalo Dávila es uno de los voluntarios del albergue de VillalcázarGonzalo Dávila es uno de los voluntarios del albergue de Villalcázar - Foto: Eduardo Margareto (ICAL)


Gonzalo Dávila es uno de los voluntarios de este albergue, del que destaca la gestión hospitalaria que  está realizando la Orden de Malta. Se trata de una fundación hospitalaria que se encarga de ayudar a personas en riesgo de exclusión, personas sin hogar y personas mayores, así como de financiar proyectos de cooperación al desarrollo y de promoción de la cultura y actividades religiosas.


Misión. Desde la fundación aseguran que su labor consiste en «difundir, alimentar y proteger las virtudes cristianas y servir a los enfermos y los más necesitados, que representan al Señor, sin distinción de religión, raza, origen o edad».


De ahí que el albergue cuente con un pequeño altar, donde «algunos peregrinos rezan». Está ubicado en un núcleo esencial de la ruta jacobea, frente a la imponente iglesia de Santa María la Blanca. Allí el tipo de donativo es la voluntad. «Si los peregrinos no pueden dar más, pues que no sea un coste importante. Hay gente a la que le viene muy bien», señala Dávila.


Recuerda que este verano una de las anécdotas más destacables la protagonizó un alemán que llevaba recorridos 2.700 kilómetros desde Augsburgo en bici. También otros que caminan más de seis meses, algo que «muchas veces tiene que ver con la paciencia y la cultura de un país, de la gente», como los que llegan desde Inglaterra o Dinamarca, enumera.


El edificio fue restaurado para ser albergue e inaugurado en 2017 por el entonces ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo. Además, es el primero de la zona adaptado para personas con movilidad reducida.


Asimismo, no tiene la naturaleza de servicio hotelero, sujeto a facturación e impuestos, sino que los peregrinos asumen, según su condición económica, la caridad de contribuir al sostenimiento del mismo con las cantidades que consideren adecuadas a su situación.