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Luis del Val

LA COLUMNA

Luis del Val

Periodista y escritor


Tranquilo, Pedro

18/02/2022

Tiene suerte, una inmensa suerte, Pedro I, El Mentiroso, porque a pesar de que hay jornadas en que sus falsedades e imposturas parecen ponerle al alcance de la mano la presidencia del Gobierno a Pablo Casado, éste tiene una clara vocación de afianzarse como primer ministro de la Oposición. Más aún: cuanto más fáciles parecen las cosas, más entretenido se encuentra Pablo Casado en manipular a sus correveidiles y secretarios para que pongan zancadillas a los conmilitones, no sea que alguno le haga sombra. Y se está afianzando como líder permanente de la Oposición, aunque sus obsesiones comienzan a presentar efectos secundarios.

Por ejemplo, el empecinamiento con Isabel Díaz Ayuso comienza a producir, no ya efectos secundarios, sino efectos primarios. Isabel Díaz Ayuso no ha descubierto el remedio definitivo contra el cáncer, no canta como lo hacía la Caballé, ni baila como Sara Baras, ni ha creado una empresa de la nada, tipo Zara, pero habla con sencillez, se le entiende, y ha procurado que el mercado haga de Madrid un lugar confianza para los inversores, y, por eso, se crea más empleo que en ninguna otra comunidad española.

Pero sobre todo, más que los méritos propios -que no digo que sean desdeñables- lo que la encumbra es que, tanto el Presidente del Gobierno (con todo el Gobierno detrás) y Pablo Casado (con todos los Teodoros Garcías Egeas a sus órdenes) dedican grandes esfuerzos para demostrar que no les cae muy bien. Si un día, el presidente de Gobierno más mentiroso de la Democracia amenaza con obligar a poner más impuestos a los madrileños, al otro, nos enteramos de alguna "teodorada" más, lo que hace que, de la misma forma que hemos llegado a la conclusión de que algo tiene el agua cuando la bendicen, algo tendrá esta mujer para que desde el presidente del Gobierno hasta el presidente de su propio partido, le tengan tanta inquina. Y cuanto más la machacan, más simpatías suscita, y peor quedan sus acosadores.

Pedro Sánchez ya la ha dejado por imposible y está tranquilo, porque observa, con satisfacción, que es desde el propio PP donde le hacen el trabajo que deberían hacer los socialistas. Pablo Casado acepta que Vox es la extrema derecha, como le ha dicho Pedro, y se centra en lo suyo: en ser un sólido presidente del partido de la oposición. Por eso, Pedro sigue sus acuerdos con los golpistas catalanes, con los asesinos etarras reconvertidos en hombres de paz, y con los comunistas admiradores de Venezuela. Nada le perturba. Puede estar tranquilo.