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Francisco Muro de Iscar

MUY PERSONAL

Francisco Muro de Iscar

Periodista


La baja calidad del debate político

24/01/2022

Es complicado hablar de una democracia auténtica cuando se pone precio, y se cobra, a cada acuerdo, no por mejorar una norma para el conjunto de los ciudadanos sino por intereses partidistas y por mantenerse en el poder. La aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y de los del Ayuntamiento de Madrid son una prueba evidente de ello y esconden en sus disposiciones acuerdos que no tienen nada que ver con lo que tratan, o, incluso cuestiones ajenas en lo que no deja de ser un fraude de ley. La mentira se ha convertido en el arma del conflicto y en una banalidad que se acepta y se defiende sin escrúpulos. Tampoco se puede hablar de Estado de Derecho y de Democracia cuando instituciones como la Generalitat de Cataluña anuncian que piensan incumplir las sentencias de los tribunales y alardean de ello, sin que caiga sobre sus dirigentes ni siquiera una reprobación moral. Es confortable, aunque peligroso, vivir en la mentira de forma permanente.

Si eso es trascendente no lo es menos el nivel del debate político en el momento actual. Uno puede entender que en los mítines políticos la gente aplauda con fervor las simplezas de la mayor parte de los políticos. A eso se va a los mítines. Tampoco nos debería sorprender cuando se produce en la televisión porque el espectáculo ha acabado con la información. Pero sorprende mucho que ese nivel sea similar en el Congreso o en el Senado, donde diputados y senadores, a derechas e izquierdas, se comportan como "hooligans" y jalean o abuchean en función de la bancada en la que están y nunca o casi nunca en respuesta a los argumentos que escuchan, cuando los hay, que tampoco es frecuente ni, al parecer, necesario. Seguramente eso responde, en buena medida, a que la mayor parte de los que están allí no lo hace en función de sus méritos o conocimientos técnicos, ni siquiera de su capacidad dialéctica, sino de la sumisión a los intereses del partido, firmemente demostrada a lo largo de muchos años.

Esta devaluación de la calidad del debate empieza en la escuela donde el ataque a las humanidades, el descenso continuo del nivel educativo a pesar de muchos impagados profesores o la expedición de títulos académicos sin necesidad de aprobar las asignaturas nos está llevando a la mediocridad. He leído a un profesor que dice que "hay universitarios que tardan 15 minutos en leer dos hojas de un libro". Lo malo no es la velocidad lectora sino la comprensión y las cada vez mayores deficiencias de lenguaje. En los políticos, la perversión del lenguaje no es solo ignorancia, que también, sino un intento de que no sea posible entender lo que dicen o una forma de confundir a quienes tratan de entenderles. El innecesario ministro de Consumo ha dicho, por ejemplo, que "si compras el marco de la derecha estás derrotado". Para muestra, un botón. El exvicepresidente Iglesias ha afirmado que miente la ministra Robles cuando dice que "la OTAN defiende las libertades y los derechos LGTBI". Previsiblemente quería decir que las libertades, los derechos humanos y los derechos LGTBI donde se defienden de verdad es en Rusia, Cuba o Venezuela. ¡Qué fácil es agitar los sentimientos más bajos en lugar de provocar la reflexión!

Sir Francis Bacon dijo que "quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar es un idiota; y quien no osa pensar es un cobarde". Deberíamos exigir a quienes nos dirigen y nos representan que elevaran el nivel del debate no solo para evitar el desgate de la democracia y la desconfianza de los ciudadanos en las instituciones, sino también por respeto a los ciudadanos.