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Toyi Marcos Sosa

Desde mi ventana

Toyi Marcos Sosa


España es diferente

17/07/2022

A Boris Johnson los suyos se lo han cargado. La culpa, dicen, las mentiras, fiestas y fiestones que negaba e insistía que hubiese quebrado las normas  a pesar de pescarle con una copa en la mano. Pero su partido no se andaba por las ramas y le marca plazo de salida. Qué ejemplo tan maravilloso ver cómo dimitían cargos ministeriales y qué envidia para otros países donde se rebasa todo lo rebasable y no pasa absolutamente nada.  ¿Qué hubiera ocurrido si  Reino Unido forma Gobierno cercano a los del Ira? Boris plantó cara a los suyos pero éstos le sacan de Downing Street a pesar de esgrimir el Brexit, las rebajas fiscales o la gestión de la pandemia. ¿Imaginan la misma situación en España donde ningún alto ni bajo cargo rechista convencido? ¡Qué contraste! A simple vista el chollo del sillón pesa mucho más que el machacón prometer y no hacer. En política nadie es imprescindible y mucho menos aquellos que basan su prioridad en afianzarse en el cargo contra viento y marea. ¿Por qué ese domicilio presidencial ha de facultar tantos poderes para repartir, dar, quitar, endeudar, hacer bochornosas distinciones entre  ciudadanos, consentir a ministros que sean parte activa y oposición a la vez de su Gobierno o, no rendir cuentas a la población de los caudales públicos al considerar que los viajes en Falcon presidencial son secretos de Estado? No hay recato, y donde dijeron digo, dicen Diego. O sea, que cuando prometían, jurando y perjurando, lo que nunca harían, mentían. La capacidad para gobernar una nación como la española sea conocida o no les da igual. El caso es entrar, después, llega la consagración en cuerpo y alma para acoplarla a las intenciones. Eso es tan innegable, como que solo hay palabras huecas para una gestión efectiva que palie la irresistible subida de los precios, ni sienten preocupación por la deteriorada convivencia ciudadana. Sin embargo, hay quienes se erigen en juez y parte encargándose de activar el fuego del desafecto tan de relieve como las puertas giratorias. Pero ¿quién se hace cargo del daño que se causa a la mayoría de la población? Poder y desafecto, son tramas  que solo el pobre paga.