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Carmen Arroyo

La Quinta

Carmen Arroyo


Dueños de la belleza

15/09/2022

Por esas extrañas casualidades de la vida se nos fueron, casi el mismo día, dos personas que echaremos en falta. Hablo de Julián Marías, escritor que a nadie dejaba indiferente pues su escritura era perfecta, en el más amplio sentido que podamos darle a la palabra. No me perdía su página en El Semanal de El País. Jamás me defraudó hablase de lo que hablase. Julián Marías, hombre culto, recto en sus juicios de valor, respetuoso con la opinión de  otros, educado, de palabra elegante. Bien ganados  los cuantiosos premios que recibió. Y, merecidísimo, habría sido el Nobel que, por  su juventud, no le llegó a pesar de tener méritos. Leo a un gran escritor, como él lo fue; se establece con esa persona una especie de empatía cálida que parece unirnos con un hilo invisible, pues se gana, desde  el principio, nuestra atención. Sus novelas, son fuente grata de conocimiento, de sabiduría, que calan y enseñan. Descanse en paz. 
Y también, fue dueño de la belleza, esta vez no con la palabra, sino con los pinceles, un gran artista zamorano. Se llamó Carlos San Gregorio. Hombre bueno como el pan, que se dice al expresar la bondad de una persona en grado máximo. Así era este pintor que supo ganarse el cariño de la gente de su tierra y que dejó una obra inolvidable y hermosa, llena de matices y colorido rojo amapola. Si a Julián Marías únicamente me acercó el leerlo, a Carlos sí lo conocimos mi marido y yo personalmente al ser amigo de un poeta muy querido por nosotros, Waldo Santos, nacido en la misma tierra y que nos dejó hace ya un tiempo, pero que permanece en nuestro cariño y recuerdo. Precisamente él nos hizo maravillarnos ante el románico de San Pedro de la Nave y nos llevó a casa del pintor. Pasamos un buen rato por la zona de vinos y estuvo con todos nosotros aquel gran hombre, humanidad pura, Jesús Hilario Tundidor, poeta, Premio Castilla y León de las Letras. Compramos cuadros y visitamos la iglesia para la que había pintado un Viacrucis. Me sorprendió la imagen de un Cristo que, entregado a la plebe, reflejaba un dolor inmenso. Hombre sensible, captó mi emoción; un tiempo después, llegó un regalo que desde entonces está en nuestro dormitorio, el Cristo en miniatura. Que Él vele tu sueño.