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Cada palabra cuenta

Jesús Hoyos
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La palentina Raquel Calleja presenta su nuevo compendio de microrrelatos, 'Peccata diminuta'. Destaca su inmediatez y la capacidad de sorpresa que genera en el lector

Cada palabra cuenta - Foto: Óscar Navarro

Enfrentarse al folio en blanco. Dar ese paso es la mayor dificultad que encuentra la palentina Raquel Lozano a la hora de crear las pequeñas historias que se han convertido en su seña de identidad.

La escritora, ganadora de más de quince premios nacionales e internacionales, presenta su segunda recopilación de microrrelatos bajo el título Peccata diminuta. Jugar con las palabras, algo que hace en este caso con la expresión latina original, es una de las constantes en su forma de escribir. 

El microrrelato es especial «por la inmediatez, la brevedad y la concisión». «Cada palabra cuenta en un microrrelato. Tienes que medirlas todas para captar la atención del lector, sin extenderte ni divagar como en una novela», explica Lozano. Lo esencial para ella es «ir al grano, con un final atractivo y sorprendente para que al lector le apetezca volver a leerlo». 

El libro, que «está funcionando muy bien», es un producto 100% palentino. La llamativa portada está ilustrada por Fumantwo. «Me gustan sus grafitis, le admiro desde hace años», añade Lozano. La imagen es un guiño a su blog, Piel de retales. «Estos simbolizan las cicatrices que me ha dejado la vida en muchos sentidos», explica.

En sus breves historias,  trata de hacer ficción, «pero es evidente que somos quien somos y muchas veces salen tus propias vivencias». El amor y el desamor, el paso del tiempo o la muerte son temas en los que incide, tratando en muchos casos de bromear con ellos. Aunque si hay algo que une Peccata diminuta con Pecados poco originales, su primer libro, es precisamente el pecado. «Vengo de una generación en la que todo lo era. Yo vengo a decir lo maravilloso que es pecar y lo aburrido que es no hacerlo», comenta la escritora.

Sus microrrelatos suelen estar anclados en la realidad aunque en ocasiones introduce «elementos que distorsionen y descoloquen al lector». En todo caso, se inspira en el día a día. «Me fijo mucho en lo que escucho en la radio, en la televisión, en un parque o en la cola del médico. Cosas cotidianas a las que doy un giro para que dejen de serlo», subraya. 

Siempre le ha gustado escribir, pero durante años lo mantuvo en secreto. A raíz de un primer premio, se animó a publicar sus escritos en plena era de los blogs. Le siguieron 12 años de dedicación al microrrelato, en los que ha ganado más de 15 premios nacionales e internacionales y ha contribuido a su escritura y difusión, especialmente a través de encuentros con gente que hace lo mismo que ella. «Somos legión y a nivel nacional hay gente buenísima y poco conocida», añade.

«Es un género distinto que a mí me atrae mucho y que trato de difundir a través de charlas», señala. Y es que también da clases y talleres de escritura creativa en la Universidad Popular y en bibliotecas municipales como las de Palencia, Aguilar, Dueñas o Venta de Baños. En la de la capital, además, tiene un club de escritura. Precisa que es la institución que más la ha apoyado en su andadura.

También la sociedad, en la que hay «una acogida maravillosa» de sus propuestas. Su objetivo son los jóvenes, que conectan con el microrrelato en redes sociales. «Llevo años dando la vara en temas digitales porque sé que el tirón está ahí», señala.

Se siente muy cómoda en el microrrelato, pero no descarta la novela. «Supongo que en algún momento termine dando el salto», concluye.