"Gracias a 'Cristal' todavía estoy en la sobremesa"

Javier M. Faya (SPC)
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La intérprete venezolana, que era seguida junto a Luis Alfredo y el Padre Ángel por ocho millones de telespectadores cada día hace ahora 30 veranos, sigue derrochando simpatía y ambición

"Gracias a 'Cristal' todavía estoy en la sobremesa"

Hoy toca un chupito de nostalgia. Hace ahora 30 años llegó a España una serie de 250 capítulos llamada Cristal, que arrasó con más de ocho millones de telespectadores diarios las tardes del verano (y otoño, invierno...) con Luis Alfredo, el Padre Ángel... y Victoria, a la que daba vida Jeannette Rodríguez. Hablar con ella es recordar el movimiento marujil, a Doña Adelaida, y de fondo una canción que quita años: Mi vida eres tú... "Fue una bendición pertenecer a la familia española. Aún me siento en la sobremesa con ustedes. Una más de la familia, y adoro a todas mis marujas".


¿Qué ha sido de Jeannette Rodríguez?
¡Uau! ¡Han pasado tantas cosas en mi vida! La mayoría muy positivas. Mucho trabajo, amor, desamor, encuentros, desencuentros… Pero soy muy guerrera, plantada en la tierra y con mucha ilusión por hacer cosas. 

 

"Gracias a 'Cristal' todavía estoy en la sobremesa"

Imagine que Cristal es una historia real. ¿Qué cree que pasaría hoy, 30 años después?
Luis Alfredo y Cristina se casarían. ¡Y ya estaríamos de abuelos! (risas). Se iba a hacer una serie sobre lo que pasaba 20 años después, pero no se concretó.  

 

En España llamamos a las telenovelas culebrones. 
Suena muy despectivo porque ese animal solo trae problemas. 

"Gracias a 'Cristal' todavía estoy en la sobremesa"

 

¿Le da pena que los culebrones que ahora triunfan en España son seis o siete que se dedican a criticar o a criticarse? 
A eso sí que hay que llamarlos culebrones, ¿ves? (risas).  

 

"Gracias a 'Cristal' todavía estoy en la sobremesa"

No tuvo suerte en Hollywood.
No lo he intentado… aún.  

 

Igual quedó encasillada.
Trabajar en telenovelas te etiqueta. Me hubiera gustado haber hecho cine, teatro, musicales (tengo experiencia y me formé)… De hecho, fui citada para hacer un musical en España, pero la empresaria tuvo dudas porque era muy alta y popular. 

 

¿Cuál es su secreto de belleza? 
Llevo una dieta muy sana, hago deporte, soy de cara lavada; no ando con maquillajes… Pero también alimento mi espíritu, mi alma, con buena música, lectura, buena intención por la vida. Ir siempre con la verdad por delante hace a alguien bonito. Yo creo que ese es el principal secreto: que puedo ir a mi cama y dormir con mucha paz.  

 

¿Hay algún proyecto a la vista? 
Estoy ilusionada con uno hermosísimo donde daremos un palazo (risas) de los que estamos acostumbrados con el sello Jeannette Rodríguez.  

 

¿Cuál hubiera sido su papel soñado? ¿Escarlata O'Hara?
Claro, por favor. Aunque hay pinceladas de ella en muchos personajes míos. ¡Quién pudiera llevarlo a Netflix! ¡Estoy a la orden! (risas). ¡Escarlata y yo!

 

¿Cuál es su serie preferida?
Las de Netflix. Las chicas del cable. También Vivir sin permiso. 

 

En sus series el amor le trató siempre bien. ¿Y en la vida? 
El amor, el amor, el amor… En las historias de las series, al principio me trataba mal el amor y luego bien. Y eso pasa en la vida diaria. He vivido momentos muy hermosos y también grandes decepciones.  

 

¿Tiene buenos recuerdos de su estancia en Supervivientes?
Fue una experiencia maravillosa. Lo volvería a repetir. Pensé que era una scout (risas). Yo era muy naif. Pensaba que iba a un concurso de supervivencia leal y no fue así, era un Quítate tú de ahí que voy a ponerme yo. Tengo muy buenos recuerdos de la mayoría de mis compañeros. No guardo ningún rencor.  Yo acepté para que no vieran en mí la actriz de telenovela, sino que me conocieran como Jeannette. Tergiversaron mucho las imágenes en su momento, pero, claro, es parte del juego. Y lo que no me gustó fue que después de dejarme el alma allí fuera a un plató con tanto griterío, escándalo, malos tratos y solo por ganar rating. Esa parte no la entendí. 

 

A las mujeres que les gustan las telenovelas las llaman marujas despectivamente. 
¿Y a los hombres? Porque yo sé de hombres muy intelectuales, banqueros… que han coleccionado mis telenovelas. ¿Habría que decirles marujos? (risas).