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Bodas. Celebraciones

Fernando Pastor
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/ Cerrato insólito

Bodas. Celebraciones

Las bodas antiguamente eran muy distintas a como las conocemos ahora. Menos mercantilizadas, más naturales o auténticas.

En muchos pueblos celebraban amonestaciones previas a la boda. Solían ser tres, en los tres domingos anteriores a la boda, que por lo general era en sábado. Tras la primera, familiares y amigos acudían a la casa de la novia a felicitar a la pareja, que a su vez les obsequiaban con pastas y bebidas. En la última se preguntaba a los asistentes si tenían conocimiento de alguna circunstancias que impidiera el matrimonio (generalmente el estado civil y/o familiar de alguno de los contrayentes).

En otras localidades, como Cubillas de Cerrato y Olivares, se celebraban también enhorabuenas. Era el domingo anterior a la boda y las hacían por separado los familiares del novio y los de la novia, invitando a conocidos. 

Bodas. CelebracionesBodas. CelebracionesSi los novios eran primos necesitaban obtener dispensa. Tenían que pagar una tasa a la Iglesia por un certificado que según decían reflejaba la autorización papal.

Era muy típico hacer enramadas a las novias, con ramas y flores en la puerta de su casa.

En Herrera de Valdecañas se obsequiaba a los novios con una onza de chocolate y una naranja cuando iban a la ermita, algo que también ocurría con los niños que hacían la Primera Comunión.

Tras la ceremonia solía haber un aperitivo (en Cubillas de Cerrato, chocolate) y era frecuente que los novios e invitados dieran una vuelta por el pueblo, con parada en las zonas más emblemáticas de los mismos y entonando cánticos, seguidos por los vecinos y, en especial, por la chiquillería para ver a los novios. En Torresandino en esa ronda por el pueblo tiraban cohetes.

En Valdeolmillos, Cabezón de Pisuerga y Castroverde de Cerrato contrataban a un hombre que tocaba el acordeón a modo de pasacalles. En Valdeolmillos lo tocaba el barbero del pueblo, Simón Pérez.

Las celebraciones se hacían en casa de las familias, levantando las camas para convertir todas las habitaciones en comedor. Ya por la mañana se tomaban pastas, chocolate y licores (en Fombellida mojicones, una especie e bizcochos que elaboraba la propia novia); y para las comidas y cenas se mataban pollos, conejos, lechazos, etc. Tras el banquete, cánticos, juegos y sesiones de baile, a veces en el salón de baile con pianillo, y si la familia era adinerada contrataba una orquesta.

Solían alargarse durante varios días, comida y cena, por diversas razones. La principal que los invitados que llegaban de fuera no disponían de los medios de transporte actuales que permiten desplazarse en el día sino que llegaban a veces en mulos días antes y permanecían hasta días después. Otra, que familiares y vecinos solían aportaban viandas y si sobraban se reunían el día siguiente, pero de nuevo llevaban más y volvía a sobrar, y así varios días; a esto en Baltanás le llaman la reboda.

Tanto banquete en casa propiciaba bromas pesadas. En varias bodas en Palenzuela y en Hérmedes de Cerrato alguien echó en la comida unos polvos que provocaron una gran diarrea a todos los invitados, teniendo estos que ir en tropel corriendo donde pudieran evacuar. 

En Torresandino fue el cura, Don Faustino, quien hizo la broma de echar en una botella de coñac vacía agua y oscurecerla con hollín de la chimenea para que pareciera coñac de verdad, dando a beber a los invitados. En su descargo hay que decir que él fue el primero en beber para que la gente se confiara.

En Villalobón no fue una broma sino un accidente. En la boda de Marcela sobraron rollitos de carne con tomate y al dejarlos para día siguiente el tomate había fermentado. Se pusieron todos malísimos, con diarrea y vómitos.