Pilar Cernuda

CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Mascarillas

19/06/2021

Gran noticia. A partir del día 26 no será obligatorio el uso de mascarillas en el exterior. Gran noticia.

Las mascarillas han sido, todavía son, la fotografía más cotidiana de una pandemia brutal. Tan brutal que los fallecidos se cuentan por decenas de miles y los muertos se han convertido en el símbolo trágico de una convulsión que ha cambiado la historia al llevarse tantas vidas por delante. Las mascarillas han marcado el día a día, imposible salir a la calle sin mascarilla, imposible acudir a cualquier lugar público o privado sin mascarilla, imposible besar y reconocer al amigo, o al familiar cercano, tras unas mascarillas que solo dejaban visibles los ojos.

La desaparición de las mascarillas significa que se han hecho bien los deberes los últimas semanas y que la vacunación se ha demostrado eficaz. Desde que se inició la campaña, las cifras de afectados que Sanidad ofrece cada día a las 6 y media de la tarde son casi irrelevantes si se compara a las de hace solo un par de meses.

Con la desaparición de las mascarillas desaparecen miedos y nacen esperanzas, y seríamos idiotas si nos dejamos llevar por la euforia y además de prescindir de ellas en el exterior prescindimos también de cualquier medida de prudencia. Podremos pasear sin ellas y dejaremos de lado los gestos que han sido tan habituales durante más de un año con los que intentábamos adivinar quién estaba tras esa máscara quirúrgica o floreada. Porque en esta etapa hemos visto también que la gente ha intentado poner un poco de color a su vida con una mascarilla que conjuntara con la vestimenta o demostrara que trataba de mejorar su estado de ánimo incluso sin que tuviera muchos motivos para alegrarse.

La vacunación va a buen ritmo y en contra de lo que se auguraba hace pocos meses parece que se cumplirá el objetivo de contar con una inmunidad de rebaño no a principio de año, como estaba previsto, pero sí antes de que empiece el otoño. Bien. Solo falta ahora que la clase política se ponga a la tarea de evitar decisiones que provoquen tensiones, polémicas, desazón y desesperanza porque se ve de lejos que los malos, o los que siempre han sido considerado malos, están ganando batallas. Batallas que nunca deberían dejarse ganar los responsables de que los españoles se sientan orgullosos de pertenecer a un país serio, que respeta las leyes y las instituciones, con gobernantes que asumen la separación de poderes y no se dejan comer el terreno por quienes defienden lo contrario y consiguen prebendas y privilegios a través del chantaje y la coacción.

A lo mejor ese escenario idílico llega algún día, aunque no parece cercano con los actuales gobernantes y con los muchos socios que han encontrado en el camino, políticos, empresariales y hasta clérigos. Falta coraje para plantar cara ante situaciones indeseables, pero de momento, algo hemos avanzado: fuera mascarillas. Ya era hora.



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