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 José María Nieto Vigil

Sin Perdón

José María Nieto Vigil


Memoria histórica

22/07/2022

Va a ser que no. Es decir, me declaro insumiso ante el nuevo atropello político de la llamada Ley de la Memoria Democrática. Me da igual lo que establezca o delimite, lo que prohíba o prescriba. Nadie me va a decir lo que tengo que pensar, menos aun lo que debo enseñar. Faltaría más. 
Es surrealista la denominación de tal norma. No tiene nada de democrática y, desde luego, nada de memoria histórica. Un nuevo relato se pretende escribir, profundamente sectario y revanchista, profanando la verdad y tergiversando a capricho los acontecimientos históricos acaecidos en nuestra Patria -con mayúscula-. La ética imperativa del pensamiento único, omnímodo e intransigente, al dictado del discurso filo-marxista, tan caduco como perverso, se abre paso aplastando cualquier disidencia ideológica contraria a las tesis oficiales establecidas por el nuevo politburó.
Intolerantes vestidos de tolerancia, intransigentes disfrazados de demócratas. En el ADN de los legisladores de la posverdad se perciben sus ascendentes políticos. Por sus poros rezuman los aromas de eras soviéticas, de dictaduras castristas, chavistas o bolivarianas. El objetivo es claro, proceder a la demolición de cualquier simbología y discurso ajeno a su discriminatoria versión de los hechos acaecidos. Es execrable y digno de condena severa por parte de la verdadera intelectualidad, no de la de la zambomba y la pandereta, la de la soflama mitinera y la apología pseudo revolucionaria, tan cutre como menguada. 
Me preocupa sobremanera los espurios intereses por dominar la conciencia social y ciudadana, por manipular y dirigir la sensibilidad de nuestras más jóvenes generaciones. Uno no puede enseñar aquello que no ha aprendido. Ténganlo claro, uno no puede defender aquello que no ama, como tampoco se puede amar lo que no se conoce. Este es otro de los objetivos de la nueva norma, olvidar, no recordar.
Existe un antídoto muy válido y eficaz contra esta felonía, traición y deslealtad a la verdad. Prohibido no pensar, es decir, prohibido no tener espíritu crítico.