Todo un Caballero

Alberto Moreno
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Miguel Ángel Caballero se va dolido por la situación de haber sido cortado en la plantilla del Chocolates Trapa, pero agradecido de corazón al club por el trato recibido

Todo un Caballero - Foto: Eva Garrido

El pasado 27 de febrero, un día antes del cierre del mercado, el jugador palentino de 27 años Miguel Ángel Caballero era cortado en la plantilla del Chocolates Trapa tras ser fichado el serbio Milenko Veljovic. Días antes había salvado una bola de partido cuando era fichado Petar Aranitovic, abandonando en ese caso el plantel Carlos Toledo. Carles Marco, técnico morado, con la llegada de la torre serbia, decidió decantarse por Caballero en vez de Omeragic. «En el puesto de base tenemos dos jugadores y otros que pueden desempeñar esa función. Caballero tiene las puertas abiertas para quedarse con nosotros», manifestaba Marco para justificar su decisión. 
La directiva colegial, de hecho, le ofreció mantenerle las mismas condiciones económicas y deportivas que tenía. Por la mañana no entrenaba con el equipo, al estudiar en Valladolid fisioterapia tras haber completado los de INEF. No solía viajar fuera.
Caballero se tomó un tiempo para pensar y analizar la situación y llegó a la decisión de desvincularse del club, rescindiendo el contrato. Para él hubiese sido fácil seguir cobrando en las mismas condiciones en las que estaba. La única diferencia hubiese sido no tener ficha federativa y saber que no podía jugar (tampoco lo hacía con licencia, dado que no disputó ni un segundo, algo poco normal, por otra parte). Pero ha sido fiel a su nombre, todo unCaballero. Si alguien esperaba un mensaje de crítica o malestar hacia el club está confundido, sólo muestra agradecimiento y además sincero. «Creo que lo mejor para mí y para el club era rescindir el contrato. Puede parecer que la situación, tras quedar cortado, era prácticamente la misma que anteriormente, pero para mí no. Aunque suene extraño, aunque yo sabía mi rol, aunque supiese que tenía difícil jugar, yo en cada entrenamiento iba al máximo, siendo competitivo, con ganas de ganarme unos segundos, porque de tenerlos luego podían llegar luego más. No es lo mismo tener pocas opciones de jugar, pero luchar por ello en cada entrenamiento, que ir a entrenar sabiendo que no tienes ninguna posibilidad al carecer de ficha. Además, siendo el décimo tercer jugador ya no eres tan importante para ayudar en los entrenamientos que cuando hay doce. He mirado lo mejor para mí, no perder el tiempo y centrarme en los estudios, que es donde me puedo acabar ganando la vida».