Adiós al Anatómico

Borja Méndez (EFE)
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Tras cuatro décadas resolviendo incógnitas sobre muertes, el Instituto Forense se muda al 'donut' de la Ciudad de la Justicia

Las nuevas instalaciones del Instituto de Medicina Legal

Alrededor de 2.500 autopsias al año. Con ese balance, el Instituto Anatómico Forense se despedirá en octubre de su actual ubicación en la Ciudad Universitaria para trasladarse al donut de la Ciudad de la Justicia tras 40 años diseccionando cadáveres para conocer con exactitud la causa de la muerte.
El primer paso de este traslado se inició el pasado mes de febrero, cuando se constituyó el Instituto de Medicina Legal, conformado por el Instituto de Medicina Forense y la Clínica Médico Forense. El objetivo era unificar y modernizar los organismos de esta especialidad.
Eduardo Andreu, médico forense con 31 años de experiencia, es el encargado de dirigir este instituto, que se mudará de una instalación de la Universidad Complutense «ocupada» desde 1980 por el Anatómico, como le conoce todo el mundo. Porque este edificio, que fue «puntero» en su época y ha prestado un «servicio excelente», «poco a poco se ha quedado obsoleto», reconoce Andreu.
Y es que este complejo ya no puede dar respuesta a la ingente cantidad de trabajo que tiene: una media de 2.500 autopsias al año o siete al día. Pero con inversiones y algún «tuneado» ha sobrevivido al paso del tiempo.
Veinticuatro horas al día los siete días de la semana han trabajado sin descanso los forenses, incluso en fin de año o Navidad, para no «penalizar» a las familias y que no tengan que esperar para despedir a sus seres queridos.
Una labor que realizarán en breve en un edifico «ultramoderno» y con mejores instalaciones. A partir de octubre, en la Ciudad de la Justicia dispondrán de 225 cámaras para cuerpos y 53 mesas de autopsias, frente a las 16 y seis que hay ahora, respectivamente.
«Pasamos de un edificio antiguo y vetusto a uno con todas las facilidades», cuenta Andreu. Pero es que, además, incorporará una novedad: la sala de bioseguridad, en la que se podrán realizar autopsias a pacientes con la COVID-19.
La ampliación de su capacidad permitirá a los forenses trabajar en ese nuevo edificio sin tener que recurrir a Ifema en caso de catástrofes, como sucedió en los atentados terroristas del 11-M de 2004.
El traslado de estos trabajadores a la nueva ubicación en octubre será en bloque y, probablemente, en pocas semanas puedan ya operar en el complejo los más de medio centenar de efectivos con los que cuenta, según subraya el consejero de Interior, Enrique López.
Podrá ser así gracias a la «perfecta conservación» en la que se encuentra el donut de la Ciudad de la Justicia, único edificio que fue levantado del megaproyecto de Esperanza Aguirre en el año 2005.
El Gobierno de la Comunidad de Madrid pretende que el Instituto de Medicina Legal sea el «primer símbolo» del nuevo proyecto del Partido Judicial de la capital.


Recuerdos en 40 años

De los 40 años del trabajo desarrollado en la Ciudad Universitaria, López se queda con la «gran calidad» de sus investigaciones y el «inestimable apoyo» que ha prestado a la Justicia. Aunque afirma que el centro universitario era una «referencia nacional» y deja claro que la nueva infraestructura que comenzará a trabajar en otoño será un modelo a seguir en el ámbito internacional. «Será un fiel reflejo de la calidad de sus profesionales», subraya.
Los forenses dicen así adiós a un edificio que, muchas veces, ha sido el epicentro de casos mediáticos. Los más antiguos del lugar aún recuerdan la presión que sufrieron tras la muerte de Carmina Ordoñez, pero también han tenido que lidiar con situaciones que ponen a prueba sus emociones.
A estos profesionales experimentados aún se les ponen «los pelos de punta» cuando tienen que practicar una autopsia a un bebé, pero intentan «desligarse de las emociones», como hicieron con la muerte de cinco jóvenes en el Madrid Arena el 1 de noviembre de 2012. Andreu fue el encargado de comunicarse con los padres de las víctimas y confiesa que lo hizo con un «nudo en la garganta». «No estamos deshumanizados y arropamos en la parte emotiva y personal a las familias», enfatiza.
Precisamente, en una de sus salas, el ahora director del Instituto de Medicina Legal realizó su primera autopsia en sexto de carrera en 1984, que aún tiene en la memoria hasta los datos más técnicos.
También en otra de sus salas, el actual consejero madrileño de Interior presenció su primera necropsia en la década de los 80 cuando realizaba las prácticas de su carrera judicial. Le ha quedado grabado el «dolor» que le supuso.