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El último rosario en Alconada

Rubén Abad
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Las dos hermanas que residen en el monasterio comienzan hoy una nueva vida en Madrid. Allí convivirán con otras monjas del medio rural

El último rosario en Alconada - Foto: Óscar Navarro

En el monasterio de Nuestra Señora de Alconada de Ampudia ya no se rezarán vísperas, rosarios ni padrenuestros. El silencio se apoderará de un convento en el que han convivido sin más compañía durante estas semanas sus dos últimas hermanas: la madre Mónica y sor Rosario, de 42 y 76 años, respectivamente. Inquilinas de un edificio repleto de historia pero sin posibilidad de continuidad en el tiempo desde la muerte de la superior emérita  y madre fundadora, sor Anunciación, el pasado mes de diciembre.


Ayer pasaron sus últimas 24 horas en la que ha sido su casa durante los últimos años y hoy se instalarán en su nuevo destino, el monasterio de La Piedad Bernarda, en pleno corazón de Madrid, donde se agruparán con otras religiosas llegadas, igual que ellas, de monasterios que han echado el cerrojo en la España vaciada.  Una vez instaladas en su nuevo hogar, tendrán que votar de nuevo a la madre priora de entre todas las monjas que se juntan.


La mudanza ha trastocado la rutina de ambas religiosas, que cambiarán su tranquila vida en Tierra de Campos por el bullicio de la capital de España. Un intercambio  que ya han comenzado a notar en los últimos días, en los que han hecho dos viajes hasta la ciudad del Manzanares para llevar sus enseres personales.


Se llevarán todo lo que han comprado en los últimos años o han recibido en forma de regalo de feligreses, vecinos y amigos y no pudieron vender en el mercado improvisado que montaron hace unas semanas. Por ejemplo, se llevan consigo un crucifijo que compraron hace un par de años, pero dejan la iglesia intacta. No se han llevado todo, a pesar de que cargaron dos furgonetas hasta los topes en el último viaje que realizaron el jueves, por lo que a buen seguro tendrán que hacer más desplazamientos en un futuro próximo.


La jornada de ayer estuvo cargada de emociones. Hasta Alconada se acercaron varios ampudianos para despedir a las que han sido dos vecinas más del pueblo durante su prolongada estancia en el monasterio. Entre ellos se encontraba parte de la corporación municipal, que les hizo entrega de una placa conmemorativa, y también se acercó el subdelegado del Gobierno en Palencia, Ángel Miguel, que tenía contacto con ellas por su profesión como médico.