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Los trastornos de la alimentación se duplicaron en 2021

Jesús Hoyos
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Sacyl detectó 51 nuevos casos por los 23 de 2020, un 122% más. Del total de 382 pacientes, ocho de cada diez son mujeres

Los trastornos de la alimentación se duplicaron en 2021 - Foto: Luis López Araico

La incidencia de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), entre los que destacan la anorexia y la bulimia, aumentó en 2021 hasta el punto de que los casos detectados por Sacyl, 51 en la provincia, duplicaron los registrados el año anterior, cuando los profesionales sanitarios anotaron 23, lo que supuso un crecimiento del 122 por ciento.

Según los datos de la Consejería de Sanidad, en 2020 hubo la misma incidencia que en 2019, en ambos casos inferior a las de los dos años anteriores (29 y 24). Una reducción moderada en Palencia, no tanto en el conjunto de Castilla y León, que lleva desde 2017 experimentando un incremento continuo de los casos desde los 405 de aquel año hasta los 805 detectados en 2021.

«Hemos visto un aumento a niveles muy superiores», comenta el jefe de Psiquiatría del hospital San Telmo, Francisco Ruiz. El especialista añade que la pandemia ha tenido «mucho impacto», una valoración apoyada por otros indicadores como los de suicidio, depresión y ansiedad. Este rebrote, explica, «no se refiere solo a pacientes conocidos, sino especialmente a nuevos casos que previamente no habían pasado por consulta».

Una vez superada la fase dura de la pandemia, con las restricciones más severas en 2020, el año pasado afloraron los problemas derivados de ella. «A algunos trastornos se les prestó menos atención, tanto los propios pacientes como sus familias. En 2021 han llegado más evolucionados y, cuando un cuadro de este tipo no se trata, implica una mayor gravedad», reconoce. «La pandemia y el confinamiento duro, casi con toda seguridad, empeoraron casos diagnosticados y provocaron recaídas de gente curada», añade Ruiz.

El número de pacientes atendidos en las consultas de salud mental fue y continúa siendo «importante». Por ejemplo, en lo referente a hospitalizaciones por TCA en la unidad de referencia del Clínico Universitario de Valladolid, especialmente en menores de edad; y en cuanto a ingresos en la Unidad Regional de Trastornos Alimentarios (URTA), que forma parte del servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Burgos.

 

Casos activos. Los datos revelan, asimismo, que existen 382 casos activos en la provincia.  El 84% de ellos (320) corresponde a mujeres; y 62, apenas un 16%, a hombres. Entre ellas, un 83% son mayores de edad; dato que contrasta con la igualdad en el caso de los hombres: 32 menores de edad frente a 30 mayores de 18 años.

La mayor parte de las consultas que atiende llegan desde los médicos de familia y los pediatras. Otras, desde servicios hospitalarios como Endocrinología y Ginecología por cuadros de desnutrición y amenorrea (ausencia de la regla), respectivamente.

Anorexia y bulimia son los trastornos más comunes. El diagnóstico de la primera se hace cuando, como consecuencia de la restricción dietética, el peso de la persona o el índice de masa corporal cae por debajo de unos valores determinados. «Habitualmente, en el caso de las mujeres, el diagnóstico se confirma por una alteración importante del sistema neurohormonal y la consecuente amenorrea», explica. En el caso de la bulimia lo que existe es una alteración de la ingesta a través de atracones y conductas restrictivas, como pasar un tiempo sin comer, y purgativas (provocarse el vómito o emplear laxantes).

 

Causas. Entre las causas, destaca «una mayor preocupación de ellas por el aspecto físico a determinadas edades». Además, patologías comórbidas con disminución del apetito, como los trastornos afectivos, también son más frecuentes en ellas.

Muchos casos aparecen al final de la adolescencia o principio de la edad adulta. «Tenemos la constancia de que muchas personas que sufren TCA tuvieron un aumento de peso en esa etapa y refieren haber sido objeto de risas y burlas por parte de compañeros e incluso familiares», añade Francisco Ruiz.

En muchas ocasiones, los TCA son síntoma de algo más. En la anorexia, por ejemplo, «está la fantasía de que, reduciendo su peso, solucionaría todos los problemas de tipo social, afectivo y de autoestima; ese es el engaño. Cuando una persona inicia un TCA, entra en un pozo sin fondo».

En la anorexia hay tres fases. En la inicial el sujeto comienza la restricción dietética por baja autoestima y aparece una pérdida de peso, pero dentro de valores saludables. En la segunda, esa pérdida ocasiona problemas con escasa repercusión funcional. En la última, existe un malestar intenso, una repercusión funcional porque el sujeto no es capaz de realizar sus actividades normales y una pérdida de peso con alteraciones metabólicas serias.

La bulimia se diferencia en que el peso puede ser normal o superior. Lo característico es que se producen ingestas con procedimientos de eliminación, lo que provoca consecuencias graves, alteraciones fisiológicas y médicas a nivel digestivo.

 

Prevención. El aspecto de prevención y concienciación social sobre los comentarios de los demás es «importante». «Hay que entender que los adolescentes son muy sensibles al aspecto físico y sus modificaciones en esa etapa. Para ello, es necesario trabajar en familia y saber que los comentarios pueden causar daño», subraya.

También destaca la necesidad de vigilar posibles cambios de peso en casa y consultar con un médico si se da una modificación injustificada. «La dieta es un tratamiento serio que debe hacerse siempre bajo la supervisión de un profesional», asevera.

En caso de enfermedad avanzada en la que han fracasado los tratamientos iniciales -las recomendaciones de Atención Primaria, la vigilancia y fomento de dieta saludable-, «tenemos que recurrir al ingreso hospitalario». «Desde el punto de vista psiquiátrico, el tratamiento más correcto es una terapia psicológica con un apoyo farmacológico cuando se necesita de manera específica», precisa. La mayor dificultad que se encuentra es la ambivalencia de los pacientes. «Por un lado, desean recuperarse. Por otro, presentan un miedo terrible a perder el control y ganar un peso que consideran excesivo», comenta el jefe de Psiquiatría.

Los estudios que maneja Ruiz recogen que en torno al 65% de las personas se recupera de manera total. En un 25% la recuperación es parcial, es decir, los sujetos hacen vida normal, pero permanecen algunos síntomas. Un 10% tiene una mala evolución que le llevaría a la cronicidad o a fallecer.

Los TCA constituyen, además, una de las patologías más mortales dentro de la psiquiatría ya que reducen mucho la esperanza de vida. «Generalmente, en las enfermedades mentales, salvo quizá las toxicomanías, la mayor causa de muerte es el suicidio. Los TCA presentan riesgo de muerte muy importante: en la anorexia, por inanición y sus complicaciones médicas; en la bulimia, por problemas digestivos y metabólicos causados por los atracones, los vómitos autoprovocados y el uso excesivo de procedimientos de evacuación», detalla Ruiz, quien concluye insistiendo en la importancia de la sensibilización y el énfasis en una dieta saludable «que permita cubrir necesidades físicas, sociales y culturales».

Unas enfermedades que se remontan a tiempos de la Antigua Roma. Trastornos de la alimentación como la anorexia y la bulimia han existido durante varios siglos en la civilización occidental. Según comenta el jefe de Psiquiatría del hospital de San Telmo, Francisco Ruiz, «hay datos históricos de personas que padecían estas enfermedades y todos tenemos en mente las comilonas en la época de los romanos, donde ingerían grandes cantidades de alimentos para después autoprovocarse el vómito». 

El diagnóstico de estos trastornos se empezó a realizar a finales del siglo XIX y principios del XX, momentos en los que se comenzaron a detectar casos concretos examinados por médicos. Superada la mitad del siglo pasado, ya en los años setenta y ochenta, hubo en España un aumento importante del número de casos, «cuando el mundo científico y médico tomó conciencia de la gravedad y frecuencia de estos problemas, con casos muy típicos en mujeres adolescentes o preadultas». 

Tras la eclosión de esos cuadros clínicos, a finales de siglo «se tuvo la sensación de que se iban reduciendo, pero solo se modificaron». Pasó de ser algo predominante en mujeres a unos trastornos que afectaban también a hombres. Con la masificación de Internet, estas personas «recurrían a páginas web para aprender técnicas con las que perder peso y competir entre ellas, lo que suscitó una preocupación social que llevó a los gobiernos a esforzarse por controlar esos sitios nocivos», recuerda Ruiz. «La disminución detectada desde 2012 se ha mantenido hasta la aparición de la pandemia», concluye.