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Diego Izco

TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


La carrerita

18/03/2022

Unai Emery es un apasionado de esta cosa. Está en ese límite ficticio que algunos críticos dibujan con tiza en el suelo para separar a los técnicos histriónicos de los pausados; los primeros son los que viven el partido como si lo estuviesen jugando, los que gritan y gesticulan tanto que uno duda si tendrá la capacidad, llegado el momento, de tomar una decisión de esas que solo son acertadas si se toman con la cabeza fría. De los segundos podemos intuir que sí, que sabrán hacerlo llegado el momento de la verdad... 
Emery ya tiene 50 'palos' y poco que demostrar. Está en el Villarreal después de haber tragado mucho barro, de haberse hecho un nombre en banquillos tan exigentes como los de Valencia o Sevilla (con los primeros llegó siempre a la Champions, aunque le fuesen quitando a Silva, a Villa, a Mata...; con los segundos ganó tres veces la Europa League), de haberse ganado el cielo y sentado en sillones de lujo en el Arsenal y el Paris Saint-Germain... Pero toda esa reputación tenía un lado oscuro: jamás había superado la barrera de los octavos de final de la Liga de Campeones. La máxima competición le tenía echada la maldición: tres veces cayó en la fase de grupos y otras tres en octavos, una con el Valencia y dos (muy dolorosas, especialmente la segunda) ante Real Madrid y Barcelona. Sí: Emery fue el entrenador del 6-1 en el Camp Nou posterior al 4-0 que se cosechó en Francia. 
Supongo que esa carrerita viral con la que festejó el gol en Turín, una mezcla entre Chiquito de la Calzada y cualquiera de nosotros pisando arena que quema, tenía mucho que ver con una victoria 'imposible', pero también con haber roto esas pequeñas barreras de cristal personales que la historia, la estadística y las hemerotecas nos recuerdan asiduamente: «Emery nunca...». Pues ya no volverá a ser así.