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Ciencia en femenino

Jesús Hoyos
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La joven palentina Ainhoa Vicente es una de las finalistas del Premio Cátedra AgroBank al mejor TFM. Comenta su trayectoria y la «dispar» presencia de mujeres en la carrera científica

Ciencia en femenino - Foto: Juan Mellado

Siempre le habían llamado la atención las ingenierías, el poder hacer proyectos y desarrollar cosas nuevas. Es decir, la ciencia en general, pero no sabía bien «por dónde tirar». Hasta que realizó una visita a la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias de Palencia. Eso, y que su padre es agricultor, le hizo estudiar la Ingeniería de las Industrias Agrarias y Alimentarias. Ainhoa Vicente, una joven de 25 años inmersa ahora en el doctorado, es una de las finalistas del Premio Cátedra AgroBank La ciencia en femenino al mejor Trabajo Fin de Máster (TFM).

«Era lo que me gustaba y además me parecía interesante todo lo relacionado con la alimentación», explica Ainhoa Vicente sobre su decisión. El máster, que antes era la Ingeniería Superior, le permitió ver otras ramas  y «profundizar en la parte de proyectos». En ambas obtuvo el premio extraordinario por su desempeño. Tras conseguir una beca de colaboración se interesó por la investigación y se unió al grupo Procerealtech de la UVa, en el que continúa.

Su TFM trata sobre la modificación de harinas y «la problemática de la necesidad de productos sin gluten con mayor calidad nutricional, textura y sabor». Vicente explica que una de las alternativas es hacer esa modificación mediante una energía «más eficiente» como es la microondas a través de un tratamiento de calor y humedad.

La aplicación de la teoría y la ampliación de sus posibilidades la está llevando a cabo ahora dentro de su tesis doctoral, que continúa la misma línea de investigación, pero con mayor profundidad. Asegura que le gusta tanto la investigación como la docencia, que ejerce en algunas clases. «La parte de transferir y difundir tus conocimientos es importante. Hay que tenerla en cuenta y aportar aunque seas investigador y no te dediques a labores docentes», apunta.

A nivel profesional, sus primeras prácticas llegaron de la mano de Dulces y Conservas Helios, en la sección de calidad. Tras las del máster en el laboratorio de investigación, entró en Prosol en I+D. «Fue una experiencia muy buena, aprendí muchísimo. Volver a la empresa privada es algo que no he cerrado», añade. Y es que dejó su contrato para continuar la investigación, algo que planea seguir cultivando a través de contratos postdoctorales en el extranjero.

El Premio Cátedra AgroBank busca «reconocer el talento e impulsar la carrera profesional de alumnas brillantes». En ese sentido, Ainhoa Vicente cree que la presencia femenina en la ciencia «es muy dispar dependiendo del sector». «En puestos medios y bajos hay muchas mujeres, en parte por la potenciación que se ha dado en los últimos años», reconoce. Ella ha tenido «suerte» en forma de referentes femeninos. «Mi directora de tesis es catedrática, es decir, ha desarrollado una carrera científica al máximo nivel. En otros sitios veo que no es tan fácil por el recorrido tan largo y duro que hay que hacer para llegar a tener un puesto importante», subraya al tiempo que incide en la dificultad de compaginar una familia con los años que hay que estar fuera o con trabajos temporales.

Vicente también considera que la tradicionalmente menor presencia femenina en la ciencia viene dada por el desconocimiento. «Hay que acercar a los jóvenes lo que se hace en esas carreras, para qué sirven y sus salidas profesionales», concluye.