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Boni, el torero de Herrera

Fernando Pastor
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Boni, el torero de Herrera

Chapillas, para abarcar todos los aspectos relacionados con las fiestas, tuvo durante un tiempo vacas bravas, con el fin de alquilarlas por los pueblos para capeas. 

Por lo general las renovaba cada año: las llevaba al matadero y adquiría vacas nuevas. Pero en 1979 dos de esas vacas parieron y tras el parto estaban débiles, por lo que decidió no matarlas. Las dejó en su corral.

El año siguiente Chapillas tenía dudas respecto a si esas dos vacas continuarían embistiendo bien o por el contrario se habrían vuelto muy caseras y habrían perdido la bravura

Boni, el torero de HerreraBoni, el torero de HerreraPor su labor de dinamizador de fiestas, Chapillas es ampliamente conocido en toda la comarca del Cerrato. Y en Herrera de Valdecañas con más motivo, ya que como dulzainero acude con su grupo de forma regular a tocar la Danza de San Isidro. Así que ese año aprovechó el aperitivo que se sirve tras la actuación para sondear a las autoridades si les interesaría que llevara las dos vacas sin cobrar alquiler, solamente los gastos del transporte, pues él quería probar si seguían embistiendo y serviría también para que Herrera de Valdecañas tuviera una capea de vaquillas, festejo que nunca había habido en la localidad. La respuesta fue afirmativa.

En el pueblo acotaron una plaza hecha con remolques y acordaron que un pastor del pueblo, Bonifacio Villaverde, Boni, actuase de torero.

Chapillas llega con las dos vacas y lo preparan todo. Sueltan la primera y se comporta de forma huidiza: se salta los remolques y se va al campo. Chapillas va tras ella, intentando cogerla de los cuernos, pero la vaca arremete contra él y le estampa contra una caseta que había en la era. Conclusión: esa vaca no valía para capeas.

Sueltan la segunda vaca y Boni, que había bebido para quitarse el miedo de enfrentarse al animal y quizás con la incitación de sus convecinos para no quedarse sin torero, se puso de rodillas a recibir a puerta gayola con una manta. La vaca, esta sí brava y de más de 400 kilos, con astas impresionantes, le embistió y le lanzó por los aires. Le dejó inconsciente y todo el mundo creía que le había matado. Chapillas salió inmediatamente a hacerle la respiración artificial, consiguiendo que reaccionara.

La capea continuó después entre todos los vecinos del pueblo, pues la bravura de esta segunda vaca lo permitía.

Finalizado el evento, en la verbena posterior, los vecinos pasearon a Boni a hombros entre vítores de «Boni, torero; Boni, valiente», llevándole de esa guisa por las bodegas de Herrera. Ello hizo que Boni se sintiera tan encumbrado que creyera que a nada que se lo propusiera podría convertirse en una figura del toreo. Una persona acostumbrada a la soledad por su profesión de pastor, idealizaba así la gloria. Tanto que días después llamó personalmente a Chapillas para pedirle que llevase de nuevo las vacas al pueblo, ofreciéndose a correr él con todos los gastos. 

Chapillas no lo veía claro y lo consultó con las autoridades del pueblo, quienes determinaron no autorizarlo debido al peligro que entrañaba. Chapillas le trasmitió esta negativa a Boni, que viendo así frustradas sus idealizadas aspiraciones a convertirse en un diestro de primer orden amenazó a Chapillas: «Si no te presentas aquí con las vacas te mato». 

Desde aquel acontecimiento (la única vez en la historia que en Herrera de Valdecañas ha habido capea) Boni es conocido como El torero de Herrera.