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106 años plenos de vida entre la gripe y el covid

J. Benito Iglesias
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Sebastiana Pérez Pérez, natural de Espinosa de Cerrato, celebra hoy en la capital su longevo aniversario lleno de recuerdos, con limitación visual, buena salud en general y mucho apetito

106 años plenos de vida entre la gripe y el covid - Foto: Sara Muniosguren

El sabio acervo popular recomienda que para ser feliz no tenemos que poner años a la vida, sino poner vida a los años. Esa máxima -aunque lo disimule muy bien al asegurar que ya lleva «demasiado» tiempo en este mundo- parece haberla aplicado a rajatabla Sebastiana Pérez Pérez, que celebra hoy su 106 aniversario rodeada de los suyos. Nació un 28 de enero de 1916 en Espinosa de Cerrato, localidad donde residió hasta los 96  años, realizando aún a esa avanzada edad tareas domésticas que compaginó durante décadas con el duro trabajo en el campo. Actualmente, recibe cuidados especializados junto a su nuera en un piso familiar de la capital, donde saca fuerzas de flaqueza para levantase del sillón a ratos y hacer ejercicio con el andador en un salón que conoce de memoria y tampoco desdeña paseos por la zona de la calle Cardenal Cisneros, donde reside, cuando el tiempo acompaña.

Con dos hijos, cinco nietos y cinco biznietos, hoy le llega su cumpleaños con  globos alusivos a sus 106 años y tampoco faltará la tarta. Como todas las personas con una longevidad inusual, Sebastiana tiene un armario lleno de recuerdos y una vida que no fue fácil en tiempos duros. «Mi madre enviudó muy joven y en la casa, para salir adelante con el trabajo agrícola, hacía falta un hombre. Ella me decía que se casaría de nuevo y yo la comentaba que no quería otro padre. Así, con 18 años me eché de novio a Clementino, que tenía 24, me casé, al poco quedé embarazada y llegó la Guerra Civil. Él se fue a combatir y ese cabeza de familia que tanto necesitábamos tardó en volver cuatro años», relata.

Julio Fuentes Pérez, uno de sus nietos y cómplice para incentivar la memoria selectiva de Sebastiana, añade que ella y su progenitor, Clementino, fueron felices hasta que él falleció con 87 años hace ya dos décadas. «Su vida ha sido plena y el obligado matriarcado de muy joven marcó su fuerte carácter. Con  96 años seguía matando pollos de corral en su pueblo, al que acudimos 20 días en verano todos los familiares que podemos. Si la trajimos a la capital solo fue para prevenir algún posible accidente doméstico, pero su salud  ha sido muy buena», explica.

106 años plenos de vida entre la gripe y el covid  106 años plenos de vida entre la gripe y el covid - Foto: Sara MuniosgurenSebastiana, que conoció la Guerra Civil, dos conflictos bélicos mundiales y la mortal gripe española -con una incidencia mucho menor en zonas rurales- lamenta la situación del covid. «Lo llevo mal. Siempre he visto a los niños jugando a mi alrededor  y era una satisfacción. Es una pena que ahora tengan que ir con la boca tapada», se lamenta. De su vida actual Sebastiana no tiene queja alguna, salvo su escasa vista, y lamenta no haberse operado de cataratas cuando se lo recomendaron con 92 años. «Duermo bastante, tengo apetito y me llevo bien con los vecinos. Solo me cuesta pensar qué hago yo aquí cuando se está muriendo gente tan joven», apostilla mientras se aferra de nuevo a su andador.