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Un cura palentino en medio del caos kazajo

Rubén Abad
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Eduardo Calvo reside en la capital económica de Kazajistán y ha vivido el «horror» de cerca

Un cura palentino en medio del caos kazajo

Edificios en llamas, vehículos con las lunas reventadas, contenedores calcinados, disturbios callejeros, saqueos en todo tipo de comercios, decenas de bancos desvalijados, desabastecimiento, cortes en las telecomunicaciones y un férreo control por parte de los militares allí desplegados es parte del infierno que han vivido en los últimos días los ciudadanos de Kazajistán, un país sumido en el caos que, gradualmente, ha recuperado una cierta normalidad. 


Este es el terremoto político y el clima de inestabilidad social al que se ha enfrentado en primera persona el palentino Eduardo Calvo, un sacerdote de 36 años que trabaja en Almaty, la capital económica de aquel país, en la que reside una decena de españoles. Desde allí se encarga de la atención pastoral en lengua extranjera y ejerce también como delegado de Cáritas Diocesana en colaboración con las monjas de Madre Teresa y otras pequeñas organizaciones. Un nuevo destino que ya ha hecho su segundo hogar y del que, de momento, no tiene intención de abandonar, para continuar con su labor de evangelización, y porque siempre confió en que el Gobierno iba a acabar poniendo orden.


Calvo llegó a la nación asiática hace dos años y medio con el reto de evangelizar un territorio donde los cristianos son minoría, un cambio radical en su carrera sacerdotal después de siete años como párroco en nueve localidades del entorno de Monzón, Amusco y San Cebrián de Campos y un tiempo ejerciendo como secretario general del obispado. Un destino en el que aterrizó después de aprender ruso de manera autodidacta -«dónde aprendes si no el idioma en Palencia», afirma-, aprovechando el poco tiempo libre que le dejaban sus obligaciones laborales.


UN «HORROR»

Ya con un escenario más en calma, el misionero reconoce que «entre el 4 y el 9 de enero esto fue un horror». Una sinrazón de los radicales que golpeó a toda la ciudad, tanto en las calles más céntricas como en los barrios de la periferia.
Protestas que fueron el marco elegido para atacar a las instituciones por grupos organizados y armados. «Ha sido totalmente inédito por la gran cantidad de gente que ha participado (muchos de ellos extranjeros), la organización y el armamento», explica el palentino, quien asegura que «no ha habido revueltas, sino un intento de acceder al poder por la fuerza».


¿El resultado? El país ha tenido que soportar la toma de su principal aeropuerto, el secuestro de hospitales, una policía amordazada y miles de desperfectos en propiedades privadas, como los 400 vehículos que han volado por los aires en este tiempo.


«Kazajistán es un país pacífico. Esta situación se ha visto agravada por traiciones internas que han llevado a decisiones políticas muy extraordinarias, como solicitar la ayuda del ejército ruso», insiste Calvo. De ahí que se tuviera que recurrir a la colaboración del Ejército de la vecina Rusia, que acabó con todo tipo de disturbios. 


INSEGURIDAD

Eduardo Calvo reside en el centro de Almaty, donde ha sido testigo de «un clima de inseguridad terrible», con la sensación de que «o se hacía algo pronto, o en tres días no habría ciudad». Y es que los movimientos violentos eran tan brutales y constantes que «saturaron» a los servicios policiales y de urgencia.


Una vez superada la crisis, la idea generalizada de la ciudadanía es que el presidente ha salido fortalecido y, por otro lado, que hay un «verdadero deseo» de un cambio y una evolución. «No estamos en un país donde haya miseria, pero sí puede mejorar en muchos aspectos», subraya, para añadir que «el camino es el encuentro, las leyes y la participación ciudadana». Finalmente, aboga por «escuchar las reivindicaciones legítimas del pueblo kazajo» para intentar enmendar la mala imagen en el exterior que se ha granjeado en estos días aquel país.